Deerhoof vs. Evil Deerhoof vs. Evil

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Deerhoof DeerhoofDeerhoof vs. Evil

8.3 / 10

Deerhoof  Deerhoof vs. Evil

ATP- POLYVINYL

Ahora que la extravagancia en el indie-rock no sólo se acepta, sino que a veces incluso se prefiere por encima de la electrificación efectiva o esa dejadez lo-fi de siempre tan entrañable –si así no fuera, no se podría haber producido y consolidado el imprevisible hype de Dirty Projectors, ni la última entrega de Blonde Redhead habría generado tanto debate por su giro electrónico, por ejemplo–, es por eso por lo que, ahora sí, puede ser la hora de Deerhoof tras quince años de carrera y tantos otros años de semiclandestinidad. Habían sido una de las joyas ocultas en el fondo del catálogo de Kill Rock Stars, un grupo al que sólo los buceadores del rock tenían acceso, pero quien la sigue la consigue y aquí están en la que parece ser su hora de la verdad: flamante portada en el número de enero de The Wire, imaginamos que una agenda de booking que ya reserva fechas en los principales festivales mundiales y un nuevo álbum, el décimo de su trayectoria, que aspira a consolidar (y multiplicar) su base de fans.

La cuestión es que “Deerhoof vs. Evil” es, en lo fundamental, el mismo disco que han venido firmando Deerhoof siempre: una evasión por la tangente del indie-rock en la que lo que más claro permanece es la sensación de que no hay por dónde pillarlos. No hay estilo en Deerhoof: lo que hay es la pluralidad de estilos, el calidoscopio de influencias y estrategias estéticas, el salto sin aparente continuidad entre dos canciones que van juntas en la secuenciación del CD pero que no se parecen en nada más que en la mano que las ha hecho (y que siempre esconden, como las matrioskas rusas o las capas de sueños en “Origen”, una canción dentro de otra canción). Esto vuelve a ocurrir aquí: el núcleo duro del grupo, formado por la voz exótica de Satomi Matsuzaki –no porque sea japonesa, sino porque en la primera canción hace el esfuerzo de cantar en catalán: “Qui Dorm, Només Somnia”–, John Dietritch y Greg Saunier, se ha bunkerizado para darle alas a este disco que parece una colección de maniobras de distracción e ideas geniales. Dura poco –treinta minutos y algo más– y ésa es una buena manera de plantear este “Deerhoof vs. Evil”: cuanto más rápido se llega al final, menos agotamiento neuronal acaba pasando factura a quien lo escuche.

Y no porque sea un disco difícil, de ninguna de las maneras: desde “Behold A Marvel In The Darkness” hasta “I Did Crimes For You” hay una intención juguetona que favorece el fluir de este inimaginable brainstorm: melodías de miel, palmas, teclas y simplicidad noise, canciones que, producidas de otra manera más convencional y con letras más cargadas de angustia (y no tanto de nonsense) podrían ser himnos para el sector adolescente. Pero detrás de esas melodías hay puentes complejos con extraños giros, detrás de las palmas hay sintetizadores baratos e incluso kitsch como los que también ha desempolvado Destroyer en su último disco, y al lado de las guitarras hay influencias del tropicalismo brasileño, del cut-up del hip hop y hasta del surrealismo, porque no hay que obviar la base literaria y plástica del grupo. “Deerhoof vs. Evil” es un disco que acaba siendo cubista porque todas sus formas son angulosas y como vistas a través de un cristal grueso, y un disco que esconde su complejidad y su continuo vaivén de ideas detrás de una aparente ingenuidad dadá. Es, en definitiva, altamente intrigante y acaba enganchando en su misterio.

La pregunta legítima es: ¿saldrán los de San Francisco de la clandestinidad, del culto de minorías selectas, con este álbum? Lo veo difícil, pero ganarán oyentes y habrá nuevas altas de socio en su club de fans –Satomi también ha colaborado este mes con The Go! Team, otra trituradora de estilos aunque mucho más festiva–. Más allá de los números, eso sí, yo me quedo sobre todo con la asombrosa madurez y progresión de una banda que no se conforma con el camino recorrido y que sigue evidenciando hambre de retos. Aquí han dado en el clavo del prog-rock de bolsillo y han firmado el que será, con el tiempo, su disco más memorable y el verdadero turning point de su larga carrera.

Robert Gras

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