Deeper Than Rap Deeper Than Rap

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Rick Ross Rick RossDeeper Than Rap

6.6 / 10

Rick Ross  Deeper Than RapDEF JAM

“Deeper Than Rap” aspira a convertirse en el disco rap del año, pero de momento, y nada indica que vaya a cambiar su estatus, debe conformarse con el título de disco de rap favorito de Kanye West de lo que llevamos de temporada. Desde que el productor escribiera en su blog que este retorno de Rick Ross es el único álbum de hip hop que puede pinchar en su casa, búnker de diseño cuyo hilo musical sólo acepta a grupos de pop, rock o electrónica, según afirmó hace unos meses, parece que todos los caminos del género en este 2009 deban conducir a este tercer capítulo dentro de la trayectoria artística de este MC de Miami, como si ya no hubiera vida más allá de su contenido, como si esta fuera la piedra filosofal del conglomerado urban para estos doce meses. En realidad, que West se declare fanático y se atreva a ponerlo en su casa tendría que ser, de entrada, una señal de alerta. No porque el autor de “Jesus Walks” tenga mal gusto, precisamente, pero sí por su confesa y honesta desconexión de todo cuanto esté relacionado, desde un punto de vista sonoro, con el ámbito del hip hop contemporáneo. En otras palabras: hoy por hoy, en términos rap, Kanye no es el baremo más fiable para seguir la actualidad y pronunciarse en la materia, y el contenido general de Deeper Than Rap, además, lo confirma con todo tipo de pelos y señales.El principal problema de “Deeper Than Rap” no es que Rick Ross haya querido firmar su producción más comercial, light y accesible, a fin de cuentas es ésta una obra contaminante, pegajosa y efectiva, muy bien pensada para moverse en ese terreno mainstream que persigue desde el minuto uno, sino que para llegar a ello haya tenido que sacrificar algunas de las señas de identidad de su propuesta y haya vulgarizado un discurso que si en algún momento llegó a convencer, sobre todo con su debut, el espléndido Port Of Miami, fue por la impronta novedosa y poderosa de su autor, que por entonces, ayudado por el tándem Cool & Dre y por DJ Khaled, puso en el mapa la floreciente escena de Miami, que podía alardear de unas directrices estéticas, expresivas y conceptuales de cosecha propia. Musicalmente, esa opera prima cruzaba el crunk con el pop y el funk à la Goodie Mob con la herencia del Miami bass, con una evidente perspectiva comercial que, aun así, no desatendía la vertiente más dura y callejera de su oferta. En ese equilibrio estaba el secreto, en himnos como “Hustlin’”, todavía hoy el mayor logro de su corta carrera, y ahora, en cambio, esa balanza se ha decantado deliberadamente hacia uno de los lados, dejando al descubierto las intenciones de Ross: penetrar de lleno, sin cortapisas ni peajes street, en las grandes ligas del rap norteamericano. Ya eran evidentes estos objetivos con su obsesivo beef con 50 Cent, que a día de hoy supone una vía más rápida de ascenso popular que cualquier plan de marketing ideado por los ejecutivos de una multinacional, pero con el abuso de azúcar melódico, beats pastelosos y aportaciones de señoritas del círculo R&B con el que ha poblado su regreso las cartas ya están boca arriba. Rick Ross es el mismo de hace tres o cuatro años, un rapper justito, sin talento para escribir, con un flow impersonal y con un universo temático más limitado que el de un periodista deportivo especializado en badminton, pero la diferencia es que ahora se deja acompañar por un muestrario de beats y coros pop que chirrían en un tramo del recorrido.Conste en acta que “Deeper Than Rap” no viene a descubrirnos las carencias técnicas, creativas y poéticas de un artista que en tres discos sólo ha sabido hablarnos del tráfico de cocaína y de sus dotes amatorias, y todo ello con una libreta de rimas de baja gradación lírica, pues todo eso ya lo sabíamos y lo aceptábamos. El problema estriba en cómo ha decorado y embellecido los textos: a estas alturas pensábamos que ya había quedado atrás la moda de los featurings masivos, a uno o dos por canción, casi nada, y que el R&B camuflado bajo capas de gangsta-pop sobreproducido era una práctica en vías de extinción después de los últimos batacazos comerciales de Nelly o el propio 50 Cent. A eso suena, precisamente, una obra que ha confundido aspiraciones populares con devaluación y dulcificación del sonido, que ha optado por el camino fácil y obvio en detrimento de una visión más panorámica y que en cierto modo defrauda las enormes expectativas que se habían depositado en sus canciones. Se le ve el plumero: en el marco de una trayectoria dentro del engranaje hip hop, “Deeper Than Rap” es pan para hoy y hambre para mañana.

David Broc

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