Deep Gems Deep Gems

Álbumes

Glass Candy Glass CandyDeep Gems

7.1 / 10

Glass Candy Deep Gems ITALIANS DO IT BETTER

Es interesante observar como dos bandas que se dan la mano (y otras partes del cuerpo, pues las vocalistas, según la rumorología indie, son pareja) como Chromatics y Glass Candy han corrido una especie de vida paralela: sus primeros trabajos lindaban el hardcore, el noise, los drones y un día se levantaron y decidieron que lo suyo iba a ser el disco, la new wave, el prototecnopop y el italo. Y no, sinceramente, no tengo ni la más remota idea de qué fue lo que se les pasó por la cabeza cuando decidieron colgar las guitarras y acarrear la cacharrería sintética.La historia de Glass Candy se remonta a 1996, cuando Ida No, oriunda de Vancouver, y Johnny Jewel, de Austin, comienzan a definir su trabajo como “drónico y extraño”. Tras varios exitosos singles y un par de discos interesantes, Jewel funda el que actualmente es el sello más a tener en cuenta en esto del pop electrónico: Italians Do It Better. Con una clara referencia al italodisco en el propio nombre, el bueno de Jewel se empeña en actualizar un género tan denostado como sorprendentemente reivindicado ahora por muchos que otrora seguro habrían tachado de hortera, complaciente, facilón y burdo. Esa mezcla de la cadencia disco de Chic con los arpegios y riffs de teclado, pianitos y soniquetes populistas del tecnopop que siempre se relacionó más con el rellano beodo de la pista, que como instrumento de avance o de calidad. Ahora el italo mola: Lindstrøm saca un disco monumental (que tan sólo contiene tres cortes, como poseído por las formas de los adalides del progresismo) y canciones como “Hypnotic Tango” de My Mine son pinchadas día sí, día también en los clubes de moda.

Glass Candy, con un inminente cuarto disco en la calle, editan su particular opus italo-siniestro-nuevaolero: y “Deep Gems, a Collection of Singles/B-Sides/Rarities” no es el típico artefacto de grupo con carrera dilatada, cuya casa de discos pretende exprimir hasta el paroxismo para que sigan pariendo huevos de oro hasta que, o bien huyan a un mejor postor, o bien se vaya cada uno a casita. Aunque hay temas que el aficionado al caramelo de plástico conoce de sobra (no faltan ni la booty “ Geto Boys”, ni la preciosa “ Poison or Remedy” con su piano desarmante, ni una remezcla DISCO, así, en mayusculas, de su imprescindible “ Ms Broadway”), el resto no es, ni por asomo, relleno. Hay oscuridad, hay brillo, hay lugar para el baile anestesiado; Ida No sigue empeñada en no-cantar con una cadencia deliciosa (que puede asustar a los acostumbrados de las divas tecnopop... Pero expriman las escuchas, merece la pena), y Jewel agota y ensancha los recursos del teclado analógico, pues en Glass Candy el software no aparece por ningún lado. O eso al menos es lo que dicen ellos. Y yo me lo creo. Una delicia vintage en la que, os lo juro, se puede escuchar incluso el crepitar de la aguja sobre el disco.

Antonio Bret

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