Dedication Dedication

Álbumes

Zomby ZombyDedication

7.5 / 10

Zomby  Dedication 4AD

Aquí va la crítica corta de “Dedication”: tipo con talento, a veces algo payaso, aunque siempre merecedor de crédito, no acaba de dar del todo en el blanco con este disco. La versión larga, más o menos, sería así: conocemos muy pocos datos verificables acerca de Zomby (a menos que mañana le desenmascaren en los tabloides como ya hicieran con Burial), con la excepción de que nos consta que puede ser excepcionalmente bueno cuando quiere. Tomemos en consideración, por ejemplo, la suite en miniatura que comprende “Lucifer” y “Digital Rain”, envuelta en ese perfume triste, embriagador, del Aphex Twin más empático. Siguiendo esa línea, podríamos ir más allá y considerarle como una astilla de ese gran palo que es Richard D. James. Ambos son apasionadamente prolíficos y acumulan, por lo que se dice, temas sin editar en cantidades que superan varios cientos de títulos. Ambos crean golosinas sonoras capaces de atraer a los fans más especializados a la vez que acompañan pases de modelos o anuncios de televisión. Ambos pueden ser frívolos y concienzudos en la misma medida, aunque Zomby se nos presenta más insolente que travieso, sobre todo por su costumbre de entregar esbozos de canciones como si fueran productos acabados, aparentemente masterizados a partir de MP3 de pésima calidad.

A lo largo de los últimos cuatro años Zomby ha estado creciendo como productor a partir de estas premisas, editando varios singles y EPs de máxima calidad a los que habría que sumar “Where Were U In '92?”, un álbum de debut que era una especie de carretera secundaria, una suerte de homenaje a un periodo concreto de doce meses en la historia de la música rave. Como es natural, había ganas de escuchar por dónde iba a ir el segundo disco. La recompensa es justa, pues hay diversos instantes que merecen ser escuchados con suma atención. Además de lo ya dicho, el disco comprende también el soul ahuecado de “Riding With Death”, escrito según las pautas de un Mr Fingers mutante o las del álbum de James en 1993 firmado como Polygon Window. Está también el zumbido giratorio y malvado de la línea de bajo en “Vortex”, engrasada con riffs bruscos y líquidos que pudieran haber llegado, respectivamente, del estudio de Timbaland y de un órgano eléctrico polvoriento. Está también la muy mundana y atípica “Salamander”, con Rhodes, congas y timbales que, por fortuna, suenan más seductores que trillados. Y nos encontramos más tarde con los sonidos de caja de música de “Florence”, que tiran de emociones en dura competencia con un patrón de batería brumoso que suena como a 200 beats por minuto.

Estos momentos, sin embargo, son solamente eso: algunos se van más allá de los dos minutos de duración, otros duran menos de uno. En diversas entrevistas, Zomby ha manifestado su opinión de que que el efecto de este tipo de piezas debe ser pequeño, y que por tanto están perfectamente formadas. Cuando el resultado es sólido, como en su EP para Hyperdub o en “Where Where U...”, todo se aguanta bien. Pero cuando hay puntos débiles que estropean el ambiente, es fácil concluir con que podría habérselo trabajado más. “Natalia's Song”, por ejemplo (en la que se samplea algo así como a la ganadora del equivalente ruso de Operación Triunfo), suena tan deficiente como profunda, basurera y portentosa a la vez. A “Things Fall Apart” tampoco le ayudan los grititos de cordero degollado de Panda Bear, endulzados con una dosis venenosa de azúcar que suena tan excesiva como la de su banda hippie, Animal Collective. Zomby ha confesado sentirse orgulloso de esta colaboración, pero me suena a decepcionante conformismo. “Basquiat” también decepciona por arrimarse demasiado a la idea de los interludios de piano que ya exploró Aphex en su álbum “Druqks”. Hay unos cuantos cortes que se sienten como si los hubiera hecho un habilidoso imitador: no están mal, pero sin la chispa de la mejor inspiración.

No me malinterpretéis: vale la pena prestarle toda la atención necesaria a “Dedication”, el primer disco de Zomby que se edita en algo así como dos años, y con la intención de honrar la memoria de su padre fallecido. Al fin y al cabo, permite disfrutar de esos esbozos que va colgando en la red de vez en cuando a través de un medio diferente y más interesante. Él siempre ha dicho que los sellos discográficos no puede sostener su hiperbólico ratio de progreso, y no es de extrañar que en la selección de 4AD haya una leve aroma a momificación, y, al final, suena un poco más divertido que si nos lo hubieran presentado todo a través de su canal de YouTube.

Robin Howells

“Alothea”

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