Declaration Of Dependence Declaration Of Dependence

Álbumes

Kings Of Convenience Kings Of ConvenienceDeclaration Of Dependence

7.1 / 10

Kings Of Convenience  Declaration Of DependenceVIRGIN / EMI

Erlend Øye y Eirik Glambek Boe no son Simon & Garfunkel, aunque su música haya tenido y tenga mucho del mítico dúo (vale, y esa terrible obviedad que salta a simple vista de que son dos tíos tocando guitarras). Como se acostumbra a decir, las comparaciones son odiosas y ésta que les ha caído encima a Kings Of Convenience, tal vez por su propia culpa, lo es mucho. Pero bueno, trazar esos paralelismos, aparte de no ser del todo acertado, sería injusto para los noruegos. Sobre todo cuando presentan un álbum donde, aparte de mirar más hacia los ritmos cálidos cercanos a la bossa nova (cosa que siempre habían hecho, pero sin excederse por esos derroteros; lo suyo siempre fue aquello del NAM, el “new acoustinc movement” que duró un café), se meten de lleno en un sonido folk crudo que rehúye la cercanía pop de su anterior álbum. Prueba de ello es la sencillez con la que han grabado el nuevo disco: dos voces, dos guitarras acústicas y algún instrumento clásico complementario.

Esto no quiere decir que se hayan reinventado. Uno no se reconvierte de la noche a la mañana –ni en los cinco años que han tardado en dar a luz este tercer LP–. Lo que han hecho es jugar a la alquimia poniendo un poco más de esto y un poco menos de lo otro y a cruzar los dedos a ver si la fórmula funciona como las anteriores veces. Por si había dudas, funcionar, les ha funcionado. Claro que de diferente manera. Como decía, “ Declaration Of Dependence” suena a Kings of Convenience pero con otros matices. Los guiños a la música de Antonio Carlos Jobim lleva buena parte del peso del disco, aunque también comparte la carga con temas de folk desnudo, de esos llenos de arpegios delicados que te llevan a paisajes bucólicos. La diferencia entre este larga duración y “Riot On An Empty Street” (2004) es la ausencia de las canciones desenfadadas que oxigenaban tanta seriedad nórdica. El toque pop, vaya. En este sentido, este disco está mucho más cerca del rígido “Quiet Is The New Loud” (2001). En todo el álbum no hay ni una sola reminiscencias pop que ayude a digerir la música. Ni una ayudita que temas como “ 24-252”, “ Boat Behind” o “ Renegade” hubieran agradecido. Las canciones son bonitas, con arpegios arriba y abajo junto a arreglos vocales con armonías perfectas, pero dejan un tanto frío. Pasa lo mismo con las canciones con ese a toque a bossa (“ Mrs. Cold”, “ Peacetime Resistance” o “ Rule My World”, por decir algunas): funcionan correctamente pero no llegan a atrapar.

Tal vez toda esa rigidez es lo que pretendían los noruegos. Da la sensación de que han grabado este disco pensando en aparentar madurez. Como si eliminar las partes pegadizas de las canciones significara eso. Pese a todo, el resultado no es nada malo: trece temas sin ningún sobresalto que transcurren tan ligeros como inocuos. Lo escuchas, te gusta y ni te das cuenta de que ha acabado. Bueno, bonito, sencillo y a otra cosa.

Gabriel Trindade

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