Decay Decay

Álbumes

Efdemin EfdeminDecay

6.8 / 10

El objetivo que se había marcado Philipp Sollmann al adentrarse en la producción de su tercer álbum era, en sus propias palabras, “expresar la paradójica relación entre la belleza y la decadencia”. Como tesis artística es adecuada: la estética del derrumbe, del final trágico de las cosas, del desgaste y la erosión, suele transmitir una ternura y una emoción que no se vive de la misma manera en las épocas de esplendor. Quizá porque hay un matiz de derrota, de tristeza. ¿Cómo se traduce eso en “Decay”? Suena como un disco retro, y posiblemente sea esa su aportación a la idea de decadencia: en muchos tramos, Efdemin parece querer recuperar un lenguaje ya lejano y casi perdido, como en “Parallaxis”, que propone un viaje 20 años hacia atrás para rehacer el típico sonido de Jeff Mills en sus vinilos de la serie Axis, o incluso los de Robert Hood en la misma época. Esto, en el caso de Efdemin, es ciertamente contradictorio, porque su música siempre fue más botánica que espacial, más apegada a los colores de la tierra que a la oscuridad del espacio exterior. La misma técnica aparece también en “Transducer” y “Solaris”: no suena a Efdemin, sino que suena a Mills, y suena tan antiguo -¿a qué, si no, un título como “Track 93”?- que con casi el 50% del disco da por buena su paradoja de partida, de que en la decadencia hay belleza. Es un trabajo sobre el fin del techno y sobre la hermosura del declive.

Porque “Subatomic” está basado en el sonido primitivo de Basic Channel, y el de “Decay” en el techno de las referencias más experimentales del sello Tresor y UR -con lo que estamos de vuelta a lo mismo-. Su anterior álbum, “Chicago”, era una celebración de la historia del house pero adaptada al lenguaje propio de Efdemin, pálido y detallista, limpio y repleto de campanillas, de volúmenes tímidos y muy emocionales; había innovación. “Decay” parece querer hacer lo mismo con el techno, pero sin la perspectiva fresca hacia delante, sino la mirada triste hacia atrás. Si la idea que quiere transmitir es que el techno puro está en declive como forma musical -y no le faltaría razón; los días de vino y rosas parece que quedaron atrás, ahogados entre tanto revival-, filosóficamente “Decay” es un buen álbum. Pero le falla la estética, demasiado apegada al ideal romántico. Si este disco estuviera en el extremo de una larga línea, en la otra opuesta estaría “Ghettoville” de Actress, otra crítica al estado actual de la electrónica que propone soluciones en vez de bajar los brazos.

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