Death Dreams Death Dreams

Álbumes

PS I Love You PS I Love YouDeath Dreams

7.6 / 10

En 2011, PS I Love You tocaron un par de veces en España, primero en una gira por salas y, más tarde, en el Día de la Música en Madrid. Quien tuvo la posibilidad de verles descubrió a un grupo bestial en vivo: más allá de la grotesca imagen que puedan dar un gordo descomunal disfrazado de Kurt Cobain (Paul Saulnier, voz y guitarra) junto a un chaval esquelético (Benjamin Nelson, batería), las canciones de su debut, Meet Me At The Muster Station (2010), eran carne de directo, pedradas de ruido conducidas por una voz gritona e indescriptible. Aquellos dos chavales de Kingston, una ciudad universitaria de Ontario (Canadá), bebían del grunge, pero también del rock ruidoso de los 90s.

Su capacidad para generar melodías con gancho entre tanta catarata sónica les emparentó con otros compañeros de generación, como sus compatriotas Japandroids o bandas de Estados Unidos como No Age, Mika Miko y Ponytail. Sin embargo, ante el poso arty de todos ellos, PS I Love You enarbolaron desde el principio la bandera de la normalidad, del amor por la música sin grandes pretensiones, la actitud DIY y el placer de salir de gira a tocar en ciudades desconocidas y conocer gente nueva. A pesar de esta honestidad ( “podría pasarme la vida tocando la guitarra, sin hacer nada más”, asegura Saulnier), el inusual brillo de su noise-pop atrajo la mirada de la crítica especializada.

Tras publicar un 7” en el que participaba Diamond Rings ( “Leftovers”) y una colección de singles y EPs ( “Figure It Out”), el dúo regresa con su segundo larga duración, este “Death Dreams” pergeñado en el tiempo en que han recorrido Estados Unidos (tocando en salas de Los Ángeles ante 15 personas o arrasando en SXSW) y han visitado países de Europa en los que nunca habían estado. Todas estas experiencias, explica el cantante, que es el que se encarga de las letras, están plasmadas en estas 11 canciones. Aunque el grupo aseguró en su momento que en el disco querían explorar nuevos sonidos, la propuesta, por suerte, conserva el mismo espíritu del debut. La única diferencia evidente es un aumento en la duración de cada corte (hay varios entre los 4 y los 5 minutos), que se traduce en una mayor riqueza de matices.

El título, “Death Dreams”, hace referencia a los sueños en torno a la muerte que, al parecer, han asaltado al orondo compositor mientras preparaba el disco, que se abre con un corte instrumental inspirado en una de estas experiencias oníricas, una “marcha fúnebre”. Más allá de esta anécdota, volvemos a encontrar una temática parecida a la que ya desarrollaba en su primer largo: la necesidad de sacar la frustración que destroza a uno por dentro, la imposibilidad de las relaciones, la ansiedad y los problemas económicos causados por perseguir unos objetivos vitales.

La voz es uno de los rasgos que hacen de PS I Love You algo especial. Esos gemidos desgarrados, que parecen forzados e incómodos y, sin embargo, resultan tan adictivos. También destaca la habilidad de Saulnier con la guitarra, que aprendió a tocar con diez años. “Con 12 me sabía todas las canciones de Nirvana. Durante un par de semanas fui el chico más popular del cole”, explicaba hace unos días en una entrevista con una web de Toronto. Su fijación casi obsesiva con los instrumentos (también se apaña sin problemas con el bajo) le reportó recientemente una agradable sorpresa, cuando fue elegido en el número de mayo de la revista Spin como el 99º mejor guitarrista del mundo. De hecho, algunas de las mejores canciones del disco incluyen arriesgados solos guitarreros que, humildemente, él confiesa haber copiado de bandas que le gustan como Television ( “How Do You”) y Cheap Trick ( “First Contact”).

El disco quizá no cuente con la capacidad de sorpresa del primero, pero cumple con todas las expectativas. Hay ecos de My Bloody Valentine ( “Future Don’t Care”) o Sonic Youth ( “Red Quarter”) y un buen puñado de grandes temas, que al principio aturden por el apabullante muro de sonido, pero luego avanzan hacia melodías irresistibles, como “Sentimental Dishes”, “Don’t Go” y “Princess Towers”. Ojalá vuelvan a tocar por aquí, y podamos bailar una vez más con los ojos cerrados, moviendo la cabeza de arriba abajo y chocando despreocupadamente con quien esté a nuestro lado.

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