Death Control Death Control

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Night Control Night ControlDeath Control

7 / 10

Night Control  Death Control KILL SHAMAN

Imaginen la cantidad de genios que nunca en su vida verán publicada su obra. El globo tiene que estar plagado de artistazos como la copa de un pino que, al no conocer a nadie que les ayude a dar salida a sus proyectos, queden enterrados en la nada más absoluta. El californiano Christopher Curtis Smith tiene talento y además se topó con la suerte, un elemento imprescindible la mayoría de las veces en el camino hacia el éxito. Sus amigos Paul y Bryan comenzaron hace poco el sello Kill Shaman para dar salida a todo lo que les molaba ( Thee Oh Shees y Silver Daggers se cuentan entre algunos de sus descubrimientos) y, convencidos del potencial de su colega, se animaron a editarle este larguísimo debut de 75 minutos que sirve como introducción a su repertorio. Después de bucear entre todas las maquetas y primeras grabaciones de cuando Smith se hacía llamar Crystal Shards y tras rebuscar entre decenas de archivos y cintas acumulados a lo largo de una década –y donde tenía que haber bastante roña, por cierto–, compilaron a su juicio los mejores tracks para dar con 19 temas que ahora ven la luz bajo el nombre definitivo de Night Control.

Desde su edición, nuestro hombre en California ha pasado a engrosar las filas de la escena que gira entorno al local The Smell, el punto caliente de Los Ángeles donde este verano ha ofrecido sus dos primeros y únicos conciertos hasta el momento. Hacedor de pop grasiento, autista y desenfocado, Night Control viene a plantar otra pica más en ese territorio de texturas crujientes que revelaciones de este 2009 como Kurt Vile, Wavves o Blank Dogs se han encargado de situar como uno de los géneros protagonistas del momento. Es un noise suave, difuso y fantasmagórico que se reboza en arenas movedizas mientras abraza la opaca psicodelia de todo aquello que rodea a Bradford Cox. En el caso de Night Control, se trata de enterrar el corazón pop de sus ideas bajo capas de sintes atascados, distorsiones varias, órganos espectrales y una interesante filia post-rockera que se deja notar principalmente en los mastodónticos bajos de algunos temas.

Esa mezcla de cándidas melodías con la mugre del ‘do it yourself’ más acérrimo ha llevado inmediatamente a compararle con arrastradas leyendas de la baja fidelidad como The Microphones o Sebadoh, y con héroes caídos de los bajos fondos neoyorquinos como Alan Vega (para referirse, en particular, a la miniatura rockabilly “Know Thy Peasant”). Añadamos a todo eso el carácter esquivo de un Ariel Pink ( “East Side”) y el dogmatismo de un John Maus ( “Untitled”), y nos encontraremos a lo largo y ancho de este disco con espejismos de The Jesus And Mary Chain ( “Good Looks”, precioso vestíbulo de entrada), guitarras de otro planeta ( “No Making”), riffs sacados del baúl de los recuerdos ( “Star 131”) y feístas instrumentales hasta arriba de cafeína ( “You’re Nine”). Paradójicamente, el tema más triposo y bizarro del álbum resulta ser “Life Control”, cuyo título choca cachondo contra los nombres con que su autor bautizara disco y grupo. Con duraciones que basculan de uno a nueve minutos, en “Death Control” hay tracks para todos los gustos y no hay que olvidar que se trata de un recopilatorio de maquetas introductorio a su imaginario pop. En él predomina el asomo de un artista convencido y convincente que ha conseguido liberarse de los desechos que inundaban su habitación para que nosotros los reciclemos de buena gana. Por lo demás, sólo el futuro y la edición de un álbum propiamente dicho nos dirán de qué va realmente todo esto…

Cristian Rodríguez

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