Death By Missadventure Death By Missadventure

Álbumes

Chymera ChymeraDeath By Missadventure

6.6 / 10

Era 2008 y parecía que Brendan Gregoriy, un irlandés que justo por entonces se había afincado en Barcelona buscando un lugar en el que trabajar y disfrutar de la vida, podía ser la nueva gran atracción del techno europeo, entendido esto como ser el nuevo Redshape, o un Shed de paleta más melódica –ese tipo de productor que entiende el sonido de club como una sábana envolvente que por un lado acaricia con suavidad y por el otro raspa con impurezas en su superficie–. El gran momento de Chymera se había asentado sobre algunos maxis –fundamentalmente “Umbrella”, en Ovum, “The Silent Running EP”, en Morse y el más definitivo de todos, “Ellipsis”, en Figure, el sello de Len Faki–, por no hablar de un puñado de remixes que han venido manteniéndole activo desde entonces, pero esa efervescencia del momento se esfumó, quizá porque no supo mantener su nivel altísimo y bajó el pistón, o quizá porque no aprovechó para lanzarse al álbum –algo que sí supo hacer Redshape en 2009, con “The Dance Paradox”, con el rédito de prestigio que ya conocemos–, y su nombre pasó a formar parte de la amplia legión de los productores que están, pero que no destacan.

Cuatro años después, el álbum de Chymera que nunca existió aparece ahora, quizá a destiempo, editado en otro sello que vivió su momento de gloria hace ya muchos años –Connaisseur fue uno de los labels que aprovechó el rebufo del minimal trance o el tech-house de arranque progresivo a la manera de Border Community, con aquel lanzamiento clave que fue el 12” “Eve By Day” de Patrick Chardronnet en 2005–, y “Death By Missadventure”, surgido de un recuerdo nebuloso de un artista de proyección truncada y de un sello ahogado en el naufragio del minimal alemán, se nos presenta aquí delante con un aura de irrealidad, como si lo hubiéramos soñado o no existiera en verdad. Sin embargo, es muy real y suena francamente bien, aunque el Chymera que asoma entre las once pistas del álbum no es exactamente el Chymera flipado por Detroit y enganchado al sonido reformista de Claro Intelecto, sino un muchacho que ha experimentado una evolución hacia una paleta de sonidos diferentes. Se mantienen unas constantes –el ribete melódico, las texturas etéreas, la construcción con tendencia a lo recargado y al despegue épico–, pero es un músico muy distinto que, a quien más se parece ahora, en lugar de a Redshape, es al primer Trentem øller, o al menos al Trentem øller que llega hasta el primer álbum, aquel fenomenal “The Last Resort” que marcó un punto de inflexión en la hibridación de house y shoegaze. De hecho, el comienzo de “Death By Missadventure”, la envolvente “Aloof”, nos sitúa en un espacio muy parecido al de aquel disco: alta densidad de atmósferas, barridos poderosos como de notas extendidas al infinito que luego se deshacen como una nube tras descargar la lluvia, voces que parece brotar de la profunda espesura de un bosque encantando y esa clase de misterio romántico que tanto se lleva en ciertas escuelas centroeuropeas de la música de baile que reniegan de sus orígenes post-rave y flirtean con el indie.

Tal como se desarrolla el álbum, se percibe a cada paso más claramente el movimiento del eje de Chymera. No es un enfoque psicodélico ni cósmico, ni tampoco se refugia en el éxtasis del club alumbrado por fogonazos de luz estroboscópica. Es un disco forestal y envuelto en luna – “An Island In Space” es un barrido de notas emocionantes sobre un beat 4x4 amortiguado lo justo para no ser un rodillo techno–, y la cosa sigue igual en “Drowning”, que hace honor a su título y presenta un beat quebrado rodeado de sintes beatíficos, por una sobredosis de micromomentos elásticos y eufóricos que conforman un amplio tapiz de sensaciones y que, en cierto modo, permite conectarle con su paisano John Daly, que aunque permanece más fiel a la tradición americana también es de los que le añaden esta magia soleada al techno – “My Karass” tiene esa cosa veraniega que también le encontrábamos a Beautiful Swimmers o Teenage Fangirl, antes de volverse a ponerse muy trip hop en “The Chase”, o muy Trentem øller otra vez en “Strange Things Are Afoot” y “Swim Away”, en la que, antes del subidón de batería y feedback, la voz mística parece la de Lisa Gerrard en los mejores momentos de Dead Can Dance.

Al llegar al final, con esa “Who Bends First?”, rota y con batería rock que parece tocada por un octópodo, como si se estuviera recreando un solo a la manera de Rare Earth, hay dos maneras de tomarse “Death By Missadventure”: si no se había conocido antes a Chymera, como un eficiente artesano de la electrónica indie-friendly que sacrifica mucha melodía para no desenraizarse de sus orígenes techno, de modo que el disco se hace simpático pero no esencial; si se le había conocido antes, como un shock difícil de admitir hasta que la bondad de las piezas se abre paso entre los prejuicios y nos queda –todos los caminos conducen a Roma– un disco que se hace simpático pero no esencial, aunque un poco menos de lo segundo y un poco más de lo primero.

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar