Dear Science Dear Science

Álbumes

TV on the Radio TV on the RadioDear Science

8.6 / 10

4AD

Una cosa es un gazpacho y otra es un baturrillo. El sabor de la receta andaluza supera la suma de sus ingredientes mientras que del segundo no hay quien soporte la mezcla. El impactante single “Wolf Like Me” me quitó el agrio sabor de boca de aquel mejunje indigesto que fue el debut de TV on the Radio ( " Desperate Youth, Blood Thirsty Babes"), grupo interracial afincado en Nueva York. Aunque otros lo devoraron como quien saborea un desconocido delicatessen, a mí sólo me pareció una pesada maniobra de un grupo conocedor de los trucos para hacer que las canciones parezcan mejores de lo que son. Después de escuchar “Dear Science” me reafirmo en que los dos pasos previos fueron palos de ciego en toda dirección buscando la puerta de entrada hacia el paraíso de las obras mayores. Unas veces acertaban con el meneo y la mayoría estampaban el bastón en pleno aire. Pero el single de “Return to Cookie Mountain” nos dio un aviso, aunque sólo fuera por su generosa contundencia en años de medias tintas. Dos otoños después, “Halfway Home” abre su tercer disco agarrado a la misma estela. Pero ahora abran bien los ojos. Porque “Dear Science” es bastante más. Han tenido que relajarse un poco y abandonar esa obsesión por catalizar un sonido denso y enmarañado para así descubrir que las canciones chulas se escriben con tres cositas. Bueno, y en el caso de TV on the Radio echando horas y horas en el proceso de grabación. Poco preocupa ahora que el groove futurista de “Crying” le tienda el ojo a Prince: el enano de Minneapolis no le aguanta la mirada a cualquiera. Y menos aún que “Stork & Owl” se muestre tan solemne como David Sylvian. Para el directo ya tenemos un generador del subidón: “Shout Me Out”. Y para quedarse en casa recomiendo “Lover’s Day” (otra canción construida de abajo a arriba) y, sobre todo, “Family Tree”, esplendoroso tema donde las cuerdas no adornan la composición sino que la sostienen y levantan. Con el recuerdo aún vivo de la obra de Gavin Bryars, prefiero mirar hacia otro lado cuando llegan “Golden Age” y el hip-hop ramplón de “Diz”. Seré claro: aunque siempre me ha parecido un grupo de mentira, ahora los fuegos artificiales de David Sytek y Tunde Adebimpe han conseguido que mis ojos no se despeguen del cielo hasta que a ellos les dé la gana. Y eso sólo tiene un nombre: fe (casi) ciega.

César Estabiel

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