All Days Are Nights: Songs For Lulu All Days Are Nights: Songs For Lulu

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Rufus Wainwright Rufus WainwrightAll Days Are Nights: Songs For Lulu

6.8 / 10

Rufus Wainwright  All Days Are Nights: Songs For Lulu

POLYDOR

A día de hoy, va a resultar difícil que Rufus Wainwright se decida a sacar la diva que lleva dentro: ha sido un año de lo más agridulce para él. Por una parte, nuestro protagonista estrenó en abril del año pasado, en Berlín y de la mano de Robert Wilson, un espectáculo basado en la poesía de Shakespeare titulado “Sonnette”, y también cumplió su sueño de entrar en los círculos operísticos componiendo “Prima Donna”, y en ambos casos sólo cosechó críticas reguleras. Pero si algo ha marcado de por vida a Rufus durante estos últimos meses es, sin lugar a dudas, la muerte de su madre, la otrora estrella del folk Kate McGarrigle. Los que esperaran que Rufus retomara el pop barroco del que hizo gala en el brillante “Want One” deberán, pues, esperar hasta nuevo aviso: no es el momento para superficialidades. “All Days Are Nights: Songs For Lulu” se sirve única y exclusivamente de la voz del canadiense y su piano.

Poco o nada hay que añadir sobre las dotes pianísticas del artista. De todos modos, una cosa es disfrutar de su templanza y otra bien diferente es escucharse del tirón doce cortes que no son, ni mucho menos, sobresalientes. Éste es un Rufus menor y se nota. El artista convierte la pérdida y la soledad en sus mayores armas, y nos ofrece pinceladas autobiográficas sobre su familia y su bajón anímico. Y he ahí el profundo abismo de autocompasión que aflora en uno de los mejores cortes, “So Sad With What I Have”, en el que nos habla implícitamente de su depresión, o el tema dedicado a su hermana, “Martha”, en el que le suplica que le preste un mínimo de atención –y más teniendo en cuenta que, como mucho, ambos únicamente se veían en la habitación del hospital de Montreal donde su madre agonizaba–.

Tarde o temprano, Rufus tenía que haber publicado un álbum como éste, de piano y voz a pelo, como ya venía haciendo en sus últimas presentaciones en directo –si dejamos a un lado el homenaje que se marcó del repertorio de Judy Garland–; un disco sin artificios que demostrara que, que bajo un luminoso cañón blanquecino, él se vale y se basta. Sin embargo, el problema en esta ocasión recae en la linealidad del álbum –que nos hace ansiar cualquier atisbo de acompañamiento sonoro en muchas ocasiones– y el hecho de que, en cierto modo, Rufus ha pecado de ambicioso al incorporar tres sonetos shakesperianos de dificultosa digestión pertenecientes a “Sonnette”: en concreto, los número 43 –de donde se desprende parte del título del álbum–, 20 y 10, siendo este último el primero en el que el dramaturgo abiertamente confiesa su fijación por los chicos jóvenes, origen de todas las disputas teóricas sobre su supuesta homosexualidad. Diversas fuentes han apuntado, del mismo modo, que la Lulu que presta nombre a este largo supone una personificación de la Dark Lady que revolotea por un buen número de los sonetos del escritor –aunque Rufus en varias entrevistas promocionales ha afirmado que detrás de este personaje se esconde la musa del cine mudo Louise Brooks–. Así que lo único realmente interesante de este asunto es que a algunos, seguramente, les picará la curiosidad por adentrarse en la obra de Shakespeare. No ha sido mi caso, para qué les voy a engañar. En cambio, me urgen las ganas de ver ya La Caja De Pandora.

De todos modos, “All Days Are Nights: Songs For Lulu” esconde alguna que otra joya como la aria que ponía punto final a “Prima Donna” – “Les Feux D’Artifices T’Appellent”–, el irónico número cabaretero “Give Me What I Want And Give It To Me Now”, los arpeggios de esa antioda dedicada a una de sus ciudades de adopción – “Who Are You New Yok?”– o “The Dream”, que describe la sensación que uno padece al levantarse tras un sueño –¿o era una pesadilla?– demostrándonos que aún está más que capacitado para poder dejarnos sin habla ante tan magnificente talento. El punto y final, “Zebulon”, deja a su vez la mejor letra del álbum. Dedicada a su madre, incluye una frase digna de análisis como “my mother’s in the hospital, my sister at the opera”, que nos da una idea de las particularidades de este atípico clan familiar. ¿Algún día volverá el Rufus desbocado de “Oh What A World”o “Cigarrettes And Chocolate Milk”? Sólo él tiene la respuesta. Entendiendo este largo como una pieza de transición, deberemos esperar hasta nuevo aviso para enaltecer como merece a una de las personalidades musicales más fascinantes de la última década.

Sergio del Amo

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