David Comes To Life David Comes To Life

Álbumes

Fucked Up Fucked UpDavid Comes To Life

8.3 / 10

Fucked Up  David Comes To Life MATADOR

El hardcore ya no es lo que era. No para los canadienses Fucked Up, alumnos aventajados de todos aquellos referentes que en su momento tuvieron las agallas y la bravura de mirar hacia delante y resquebrajar conceptos y clichés de género: de Minor Threat a Refused pasando por Shudder To Think o At The Drive-In, por citar algunos ejemplos ilustres. Con apenas tres álbumes en estudio y algún que otro recopilatorio de singles de añadido, la banda de Toronto se ha posicionado en el grupo avanzadilla de la escena con un discurso al alza que no ha dejado de crecer, madurar y plantearse retos a medida que contaba años y lanzamientos en su haber. El último de ellos, “David Comes To Life”, es el más ambicioso, rotundo y apasionante de todos, un desafío creativo y expresivo en el que la formación se ha vaciado por completo en la búsqueda de un sonido definitivo, por ahora, en el contexto de su trayectoria.

Concebido como una suerte de ópera rock en clave de hardcore luminoso, de guitarras poderosas, base rítmica compacta y juegos vocales constantes, “David Comes To Life” se divide en cuatro actos pautados argumentalmente en los que tiene lugar una historia de amor, muerte y culpa en la fábrica de un pueblo ficticio de la Inglaterra thatcheriana. Dicho así, se entienden las reticencias y las miradas de desconfianza. Y he aquí una de las claves del furibundo triunfo de este álbum, uno de los más convincentes que se han publicado este año: Fucked Up dominan a la perfección el tempo y el mecanismo de esta opereta de rock ruidoso y encendido y evitan en todo momento caer en la trampa de un proyecto tan magnánimo como el que se plantean. La línea argumental de su historia tiene mucha fuerza emocional, se sostiene con firmeza y todo cuanto gira alrededor de los personajes y las situaciones descritas, incluso el medio y el contexto socio-político, está dispuesto y tratado con una sorprendente rotundidad lírica, complemento indispensable para las canciones.

Esta es otra. Si todo el andamiaje conceptual del disco resulta especialmente inspirado, la banda sonora no se queda corta. Los canadienses han domesticado, pulido, actualizado, limpiado y mejorado su sonido con mano maestra, sin perder el rastro y la esencia de su propia fórmula pero inyectándole nueva vida, más prestaciones melódicas y más lustre formal sin que ello haya arrastrado la marea. Es una evolución significativa y apreciable, sobre todo en la manera de expresarse de las guitarras y en la contemporización del tempo, pero todo ello llevado a cabo con sentido del detalle y de la sutileza, nada suena forzado ni premeditado. El resultado es un exultante, épico y vigoroso ejercicio de rock incendiario y emocionante que sella el pasaporte de Fucked Up para la posteridad, cuando menos la que hace referencia a esta temporada.

Julio Pardo

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