Dark Matter: Multiverse, 2004-2009 Dark Matter: Multiverse, 2004-2009

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Varios VariosDark Matter: Multiverse, 2004-2009

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Dark Matter: Multiverse, 2004-2009 TECTONIC - MULTIVERSE

El multiverso. Expandiéndose a cada microsegundo. Creando nuevas realidades con cada decisión que tomamos. Infinito. Inacabable. Floreciendo en un mar interminable de ondas de probabilidad que conocemos como “futuro”. Proyectando mundos que difieren de forma infinitesimal del nuestro en otros planos de realidad, al igual que alternativas históricas imposibles en las que Hitler domina el mundo, las Torres Gemelas siguen en pie y Lady Di es un alienígena que se alimenta de cerebros. Ahí fuera hay un universo paralelo en el que no existe el dubstep. No existe ni siquiera Bristol. Y, evidentemente, tampoco existe el estudio –transformado en colmena de sellos– Multiverse. Por suerte, nuestros hologramas, proyectados en un plano bidimensional de pura información, han tenido a bien pertenecer a un mundo donde sí hay dusbtep, donde también hay Bristol y, por supuesto, hay Multiverse. Creo que voy a experimentar una erección.

Dicho esto, y con las cosas claras desde el principio, el recopilatorio que nos ocupa se yergue amenazante, como la Torra Oscura de Stephen King, en una lejanía que no es tan lejana. Doble CD, 24 cortes, noche cerrada, azufre y dubstep cocinado en la marmita del estudio Multiverse. Todo lo que tenéis ante vuestras narices se ha pergeñado en este pequeño punto de Bristol a cuyo influjo gravitacional se han rendido los principales héroes del género. Cinco años de historia contemplan el tracklist; todos los cortes se han grabado entre 2004 y 2009 en ese templo de brumas electrónicas y se han difundido a través de sus numerosas plataformas. Seguramente, muchos se preguntarán si un simple estudio/oficina merece tanta fanfarria. Y la respuesta es que sí. Multiverse ha servido a sellos puntales de la escena de Bristol –Tectonic, Kapsize, Earwax– como centro de operaciones y se ha convertido en una especie de santuario con una mística para los soldados del dubstep sólo comparable a la que tuvieron los extintos D&D Studios en el mundo del hip hop o los primitivos FON Studios en Sheffield en los comienzos del sello Warp. Pero lo que quizás resulta más importante es que en sus oxidadas calderas el género ha ido mutando, evolucionando, pervirtiendo su composición genética en favor del bastardismo underground y la experimentación sin corsé. Joder, Multiverse ha contribuido enormemente a la propagación del virus dub en Inglaterra y ha reforzado hasta lo indecible las costuras del Frankenstein bristoliano, que no es poco.

Lo primero que uno piensa al terminar este magnífico y largo viaje es lo vivo que está el underground en las islas y lo mucho que ha avanzado en un miserable lustro. Cinco años le han bastado al dubstep para aliarse con el ruidismo industrial technoide –increíble el martillo pilón de Emptyset en “Gate 4”–, con la percusión tribal y el minimal –bestial el “Brighter Day” de Pinch–, con el techno más old school –otra estrella en la pechera para 2562 merced a la nerviosamente bailable “Techno Dread”– y podría seguir enumerando hasta que se volviera a hacer de noche. Nadie le ha dicho lo que tenía que hacer, cómo tenía que sonar, a quién tenía que agradar; el dub y sus afluentes han volado libres y han distorsionado sus siluetas a placer ante la mirada atónita del melómano. “Dark Matter” nos enseña con toda suerte de detalles que en este terreno no existen las leyes de la física, que todo es posible, que, en lugar de mostrarse sólido, este bendito sonido se mueve por el tejido de la realidad en forma gaseosa, introduciéndose en todas partes, incluso en los lugares más recónditos del subsuelo musical. Dicho comportamiento ha adquirido en las calles de Bristol un glow muy especial –algunos lo identifican con el púrpura, pero hay más matices– y ha hecho que los suburbios de Londres dejaran de ser el centro evolutivo del movimiento.

Normal, pues, que esta misa negra empiece con Vex’d –todo comenzó en Bristol– y esa monstruosidad que es “Lion”. Lógico, por lo tanto, que encontremos la huella de Joker varias veces en el cancionero. Evidente, sólo faltaría, que surjan de las sombras los espectros de Pinch –este hombre es Dios–, Moving Ninja “Uranium” es como si hubiera vuelto Scorn– u October –la remezcla del “Phonqe” de Circuit Breaker en clave hardcore es mejor que el sexo–. Alguien tenía que hacer justicia a Multiverse aquí y en todos los universos paralelos donde exista ese bendito lugar. Alguien tenía que hacer justicia a una ciudad que lleva agitando la música electrónica inglesa desde finales de los 80 y que cuenta con los más temibles jinetes para desatar el Apocalipsis. De acuerdo, no es Menorca, no hacen buenos mojitos, no hay camareras cubanas, ni siquiera es fácil encontrar un buen camello, pero diablos, este verano me voy de vacaciones Bristol aunque me cueste el matrimonio. Quería ir a Croydon, pero ya no. Óscar Broc

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