Darder Darder Top

Álbumes

Balago BalagoDarder

8.6 / 10

Hay momentos en que la sensación de injusticia con balago es enorme, casi insoportable. Como bien decía David Broc en la entrevista realizada aquí hace unos días, si en vez de ser de La Garriga –que no es el campo, pero sí una localidad pequeña y tranquila muy a las afueras de Barcelona– hubieran montado el grupo en alguna ciudad industrial inglesa o en un enclave deprimente del medio oeste americano, o incluso en Escandinavia, a David Crespo lo estarían aclamando ahí fuera como uno de los héroes contemporáneos del dark ambient. Lo cierto es que Crespo no tiene nada que no tengan Brad Rose o John Twells –los capos de Digitalis y Type, respectivamente–, nada que envidiarles, nada en que acomplejarse. La sensación de injusticia sin embargo es más dolorosa cuando se atiende al poco caso que se le ha hecho en su propia casa, o sea, la prensa de aquí: las razones no se acaban de comprender –¿Es porque no cantan? ¿Porque no hacen beats?, ¿por su tinte oscuro y no especialmente fácil de digerir?, ¿por los títulos en catalán?–, y a veces sorprende cómo a bandas más jóvenes, con menos bagaje y menos trascendencia, se les arrojan pétalos de rosa y se les corona con laureles que balago llevan mereciendo desde el todavía deslumbrante debut de 2001, “erm”. La sospecha es que hay algo en balago que asusta e impresiona, y que puede provocar complejos y rechazos: su música ha demostrado una brutal autoconfianza desde el primer momento y con el paso tenaz de los años, durante más de una década y cinco álbumes ya, no ha existido ningún momento de duda en la manera de plantear la música, ajena a modas, vacunada contra cualquier debilidad. Ir por libre, y a veces totalmente contracorriente, sin pedir ni siquiera permiso o perdón por ello, puede ser un problema en este mundo de egos y envidias. Pero a David Crespo –ahora ayudado por su hermano Roger y por Guim Serradesanferm, que volvió a la banda con motivo de “Extractes d'un Diari” (2010)– eso, más que arredrarle, lo que hace es reforzarle en su línea, en su propio sentido de la verdad. Este aislamiento, en vez de amilanarle, le hace más fuerte, y fortísimo es “Darder”, quizá el mejor disco de los de balago, y sin duda el más cinematográfico de todos.

En su peculiar tejido de ambient, post-rock e IDM, balago siempre han sido unos eficaces generadores de imágenes visuales. Su música no cuenta historias ni sale de ninguna experiencia en concreto (a excepción de “D'Aquii”, un disco que sí estuvo marcado por la autobiografía), sino que surge como sonido puro inspirado, a su vez, en otro sonido puro o el estímulo genérico. La representación abstracta –ideal, platónica– de la desolación, la huída, el crepúsculo, el invierno, la soledad o la belleza puede ser el simple detonante para que las texturas crezcan y se conviertan en piezas que luego, cada oyente particular, transforma en lo que más necesite. Puede ser la banda sonora de un paseo solitario, como si fuéramos un Rousseau del siglo XXI, o una atmósfera para dormir o tumbarse, o incluso música para trabajar con ella de fondo, pero nunca será un ambient neutro y vacío, sino que generará secuencias concretas y elaboradas en la cabeza. “Darder”, que tiene un punto más oscuro que el resto de discos de balago, es a día de hoy el hermano barcelonés de uno de los grandes álbumes noir del año pasado, el tremendo “Quarter Turns Over A Living Line” de Raime: no es tan pétreo ni irrespirable, pero sí igual de corto y contundente –la llamada a la oración de un muecín al final de todo, al final de “Memòries d'un Animal Artificial”, es el mazazo definitivo para terminar de hundirte–. Es evidente el paralelismo de “Darder” con el de otros nombres del sello Blackest Ever Black (Black Rain, Young Hunting) y, yendo más atrás en el tiempo, con el espíritu siniestro, pero a la vez sanador, de las primeras bandas del sello 4AD (no es difícil acordarse de los Dead Can Dance de “The Host of Seraphim” precisamente en ese final arábigo).

Por lo demás, “Darder” funciona como música en código para que sólo los espíritus afines al ideario estético de balago puedan descifrarla. “L'Explorador”, la primera pieza, tiene el mismo comienzo que “South London Boroughs” de Burial (antes de que entre el break), y bien pudiera titularse “North Barcelona Boroughs”, porque es tal cual la descripción ambient de la zona de La Garriga en invierno, helada y seca. “Nord” tiene un homenaje evidente –o quizá no tanto– a los Tangerine Dream de “Risky Business”, algo que sí se hace plenamente evidente en “L'Etern Retorn” cuando aflora la secuencia arpegiada, icónica, de “Love On a Real Train” del trío alemán. En esta sopa de samples se cuela también, casi imperceptible, fugaz, sólo para muy fans, un breve juego de notas del tema principal de “Terminator” de Brad Fiedel ( “Travessia Nocturna”). Ese es el tono, esa es la épica: sostener la más negra tristeza con arranques de brío y un mayor uso de la percusión que en discos anteriores. A partir de aquí, no corresponde especular sobre el futuro de balago: si la línea se mantiene, que se mantendrá, porque es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que David Crespo traicione sus principios, volverá a ser un disco hermético, autista y dolorido, enamorado de esa estética tremendista, entre el apocalipsis y la ciencia-ficción, que es lo que llevan haciendo con variaciones y con resultados extraordinarios desde el principio y hasta hoy. “Darder” consigue levantarte y tumbarte a la vez, y si alguien quiere permanecer ciego ante esta realidad un disco más, allá con su conciencia. No será nuestro problema.

Escúchalo aquí

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar