Dagger Paths Dagger Paths

Álbumes

Forest Swords Forest SwordsDagger Paths

8.3 / 10

Forest Swords Dagger Paths NO PAIN IN POP

Yo no había oído hablar del sello Olde English Spelling Bee, pero un día se cruzó en mi camino una carpeta comprimida en formato .zip que incluía las seis canciones de un EP titulado “Dagger Paths” y que lo firmaba alguien, o algo, llamado Forest Swords. Lo escuché con intriga y desconcierto: no sabía muy bien qué era, si pertenecía al mundo del folk psicodélico o al de la neoclásica con influencias de la banda sonora; si era un disco próximo al pop hipnagógico –estaba muy de moda utilizar la palabra a todas horas a comienzos del año; ahora también, pero ya nos parece normal escribir conceptos tan raros– o si venía de Marte. En realidad, Forest Swords venía de tierras más próximas, tierras arboladas porque eso es lo que indica el nombre del proyecto: una sola persona, Mike Barnes, estaba detrás de todo esto; una persona alejada de las ciudades y del ruido con un pequeño estudio casero en Wirral, que para quien no sepa dónde cae, es al norte de Inglaterra, una lengua de tierra que se adentra en el mar apuntando a Irlanda. Barnes era, por tanto, un absoluto misterio alejado de las ciudades y de la gente: no se sabía nada de su origen, ni de su trabajo, ni de sus motivaciones. Mejor dicho: se sabía –porque hay páginas que así lo recogen– que había publicado dos cassettes en 2009 y en sellos norteamericanos ( “Glory Gongs” y “Miarches”, en realidad dos singles con una canción por cada cara), y que este vinilo en Olde English Spelling Bee era su primer esfuerzo largo (superaba la media hora).

Admito que escuché aquella música y actué con torpeza. No supe ver de entrada lo muy diferente que sonaba a todo lo que conocía, y cuánta belleza (además de misterio) irradiaban aquellos muros de samples con parecido a una banda sonora para un western crepuscular. Muchos comentarios que se han vertido sobre Forest Swords identifican el sonido de Barnes con el de Ennio Morricone. Cómo no, aunque a mí también me resulta familiar en relación a lo que hace Richard Skelton, sobre todo cuando manipula instrumentos acústicos, como la guitarra e-bow, para conseguir sonidos prolongados que pasan ante tus oídos como cortinas. Forest Swords, en cambio, es mucho más rico que Skelton en complejidad de construcción y fuentes acústicas. También es mucho menos truculento. No creo que a Forest Swords le guíe el dolor interior, sino más bien una antena muy desarrollada que le acerca a todo aquello que transmita densidad y algo de misterio. No es un artista dubstep, ni de lejos, pero de vez en cuando ( “Holylake Mist”, por ejemplo), la espesura del bajo domina el humor de la pieza. Más allá, en “Visits”, son las guitarras cadenciosas, resonantes, las que toman el mando y se puede pensar en un artista del drone, en un folk-singer apocalíptico o en un aprendiz de brujo doom metal. Ninguna creación de Forest Swords se adapta a unos patrones fijos, y eso es lo frustrante al principio y lo feliz tiempo después. La digestión es lenta –no es una digestión de días, sino de semanas–, y la reedición de No Pain In Pop, que sí es un sello hipnagógico por trayectoria e intenciones, ésta que se acaba de lanzar por fin en CD, tiene toda la lógica del mundo. Era necesario que pasara el tiempo para darnos cuenta del diamante en bruto que se escondía en aquel vinilo (o en aquel .zip), y tuvo que aparecer el 7” “Rattling Cage”, con dos inspiradas muestras de talento más, para que se hiciera necesario volver atrás.

La nueva versión de “Dagger Paths” corresponde a la modalidad expanded: está el vinilo original más los dos cortes de “Rattling Cage”. Es aquí donde está lo mejor: todo esto vuelve a sonar cobrando una dimensión más grande, la música se vuelve más espectral y sugerente de lo que fue entonces. Básicamente, a cada nueva escucha la orientación es mejor –como en los bosques que forman parte de su alias una vez te has familiarizado con el laberinto de troncos– y todo el aparente sinsentido, el batiburrillo estético, empieza a tener orden. Y más lo tiene con el añadido –sólo para esta edición– de un bonus CD de 70 minutos que reúne material disperso o inédito. Una aclaración: no forman un pack doble, sino que este CD es un regalo que aumenta, simultáneamente, el placer y la incoherencia. La nota final variaría en función de si se toma este cajón de sastre como referencia: entonces sería más baja (no muchas décimas), pero porque nos da una imagen más precisa de su mente y nos confirma que lo mejor de Barnes está por llegar. Aquí están su primera maqueta inédita ( “Fjree Feather EP”; puro testimonio documental de la larva que luego sería mariposa) y un megamix de influencias y edits caseros en los que, con su propia mano, retoca, por ejemplo, a These New Puritans y Becoming Real: entre la épica fílmica y el dubstep tenebroso, más paisajista que pop. Y de paso, remezclas de Pariah y, otra vez, Becoming Real. He aquí alguien llamado a escribir música fascinante. Quienes han visto en él a Burial en el pueblo de Deadwood han llegado al centro del misterio: la revelación final es tan bella que aterroriza.

Richard Ellmann

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