Da Trak Genious Da Trak Genious

Álbumes

DJ Nate DJ NateDa Trak Genious

9.1 / 10

DJ Nate PLANET MU

He aquí la reunión de dos talentos. Puede que no se conozcan personalmente, pero sí se sabe que ni comparten hábitat, estatus o amigos, y ni mucho menos intereses culturales. Polos opuestos en el mismo plano de la música de baile. Pero los dos han cruzado sus caminos finalmente en una feliz coincidencia para que se pudiera materializar algo muy grande, uno de los pepinos del año sin discusión posible. Por un lado tenemos a Mike Paradinas, capitoste de Planet Mu, infalible sabueso de la rareza que, gracias a un olfato más afilado que la hoja de un alfanje, ha sido el primero de entre los A&Rs que rastrean la electrónica más fresca capaz de ver el potencial de la nueva escena en Chicago que identificamos como juke. El primer aroma de la nueva mierda le llegó vía Youtube, con los audios y vídeos que empezaban a documentar una escena de baile – footwork– en la que Nathan Clark, productor imberbe ( ¡esa cara de niño!) que, a la vez, colgaba compulsivamente sus temas en Imeem, era uno de los actores protagonistas. El segundo talento en esta historia es, lógicamente, Nathan, es decir, DJ Nate: su sonido es puro lumpen, material roto que prolonga un linaje, el del guetto-house (con una dosis espolvoreada de gangsta-rap y R&B triturado), que nunca se ha interrumpido pero que jamás flota en la superficie del mainstream dance. “Da Trak Genious”, pues, es un documento impecable y vital que nos acerca a una realidad fascinante, localizada en el inaccesible underground del midwest americano. Lo que aquí suena no es radicalmente nuevo, no reinventa la rueda, pero es aire fresco para la actualidad electrónica. Es la primera etiqueta en mucho tiempo que marca el presente sin ser ningún apéndice de corrientes asentadas y en marcha, sin adjetivos o coletillas como “minimal” o “step”. Es simplemente ghetto, sucio, de supervivencia, autárquico (ya era hora).

El álbum es, de hecho, una colección de 25 piezas seleccionadas por Paradinas de todo ese caos de uploads en webs diversas y pantallitas con barra de progreso. El chaval es prolífico porque la tradición así lo dicta y porque su escena lo exige. El juke no deja de ser una versión evolucionada –con algunos tramos más rápidos y otros más lentos– del viejo ghetto-house que tuvo en el sello Dancemania y en el lúbrico DJ Funk sus dos nombres insignia. Los vinilos de Dancemania, como recordarán quienes tuvieran alguno en sus manos, llegaban a tener hasta tres y cuatro cortes por cara, crudos y sin limpiar, a bulto; sexualidad bruta con voces de pervertido y breaks puntiagudos que tenían su origen en el electro. El ghetto-house era material para convertir la grasa del culo en cuajada, su utilidad principal era convertir las tetas en misiles y el pene en una cosa larga y negra como el monolito de “2001”. El juke, en tanto que versión evolucionada, también es música para bailar, pero en lugar del elemento sexual está el de competición. El footwork se explica como otra evolución –la del jazz dance, con intrincados pasos y movimientos de pies, por la vía del breakdance–, y puede empaquetarse en un disco, por supuesto, pero su lugar natural es la calle. Por si no han reparado en ello, el título del disco es “Da Trak Genious” porque la forma de la música de Clark es la del track como siempre se ha entendido en Chicago: un esqueleto de ritmo despellejado en el que la economía de sonidos es vital. Una caja, un sample –de voces aceleradas, de piano, de Lil Wayne como en “3 Peat”–, que es lo máximo que necesitan los adictos al footwork para retarse en un duelo de coordinación de movimientos, y nada más. Es música que sólo tiene sentido en la competición (y a veces en la mezcla), que escuchada de manera aislada puede acabar resultando repetitiva y escueta –de la selección de “Da Trak Genious” pocos son los temas que duran más de dos minutos; sólo el último, “Poetry”, se va hasta pasados los cuatro–, pero es su función y no se puede cambiar.

Con estos materiales igual se edifica una nueva manera de hacer música de baile en las grandes ciudades americanas, quién sabe, y podría ser el aviso de que regresa Chicago con un nuevo house –atropellado, con continuadas caídas de ritmo y frenéticas remontadas, con voces de mujer aceleradas y voces de hombre afectado de halitosis– que abrirá una nueva edad de actividad en el norte tras varios años de sequía moderada. Sus conexiones con el hip hop –la producción le debe mucho al rap sureño por la cascada de breaks de la TB-808 y los instantes de deceleración comatosa en picado, al estilo del screwed & chopped jarabero– pueden ser una buena manera de expandir el mensaje. O posiblemente no pase nada y, como ha ocurrido con otras escenas localizadas en un entorno muy concreto y basadas en la endogamia, el juke sea sólo una moda temporal que nos dará, en un espacio de tiempo muy concentrado, un generoso chute de novedad hasta que la falta de sorpresas –gran peligro que aquí se advierte: ¿hay más margen de maniobra en lo que hacen DJ Nate, DJ Roc, DJ Rashad y compañía?– nos obliguen a husmear en otra parte. Por suerte, si eso sucede, siempre tendremos a Paradinas, que tiene el olfato fino, como los chuchos de los aeropuertos. Y si el juke despega, también tendremos a un DJ Nate que, con sólo 20 años, todavía tiene edad de sobra para convertirse en lo que él quiera. Ahora mismo hay que posicionarse, y esta orgía de ritmo primitivo, voces emocionales y crudeza marginal sólo deja espacio para el entusiasmo: hay discos que te dejan frío, pero éste sólo se puede describir como un monstruoso viagrazo. Javier Blánquez

DJ Nate - A+ Mayhem

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