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Photek PhotekDJ Kicks

8 / 10

Cada vez que oyéramos el nombre de Photek habría que arrodillarse, santiguarse, presentar respetos. Es cierto que el hombre ha tenido sus momentos de producción discreta –e incluso una breve etapa en la que desapareció del mapa, perdido en Los Ángeles, desorientado en un circuito musical que no comprendía y que no le necesitaba, y en el que perdió el tiempo intentando hacer bandas sonoras y hip hop con nulo éxito–, pero no se puede negar el peso de la historia, y en un balance global de 20 años Rupert Parkes se sigue asomando a la barandilla del Olimpo como uno de los más grandes. El sonido de su nombre induce tembleque, tiene la misma gravedad que una inscripción en mármol: sus primeros años, para quienes vivieron el estallido del drum’n’bass, son pura leyenda; científico del beat, alquimista de la atmósfera opresiva, sus alfombras de ritmo y textura se convertían en pesadillas expresionistas y laberintos cretenses que cuajaron en una obra maestra indiscutible, “Modus Operandi” (1997). Luego llegó el cambio –gran cambio– de “Solaris” (2000), un giro hacia el house y el techno almidonado que sorprendió sólo a quienes aún no tenían en su colección algunos de sus EPs, como “T-Raenon” (1996), embebidos de la abstracción cósmica de Detroit, y que le valió categoría provisional de camaleón de la música de club. Pero las cosas se pusieron duras en la década anterior, con la debacle del drum’n’bass –una montaña insoportable de reiteración y estancamiento– y Photek no supo encontrar su lugar: “Form & Function Vol 2” (2007) era más una mancha que una medalla. Tuvo que intentar reinventarse o desaparecer, y su reinvención, pobre y anecdótica, casi le cuesta el olvido de sus fans.

Pero, en realidad, era difícil olvidar a Photek, y su reaparición en 2011 fue una llamada a la memoria. El hombre pálido –y pecoso– había vuelto y quería venganza. Protegido por Pinch entró en el corral oscuro de Tectonic y entregó “Closer”, una aproximación personal al dubstep, irrespirable como todo lo suyo (todo lo mejor), que confirmaba que a Parkes, si algo se le da bien, es la lentitud y la presión pulmonar. Reactivó en paralelo Photek Productions, empezó a lanzar 12”s de paso tranquilo y seguro, respaldados por la nueva escuela –Boddika, FaltyDL–, y su firma con la serie “DJ Kicks” es la rúbrica a un regreso justo y esperado. A juzgar por el tracklist, la primera impresión era un poco confusa, no quedaba claro si la cosa iba de house liviano –por los Daze Maxim, Guy J y Arnaud Le Texier que ahí pasan a saludar–, de vanidad mal contenida –mucho tema propio– o de popurrí de bifurcaciones post-dubstep, pero como se dice habitualmente, no hay que juzgar un libro por su portada ni un DJ mix por su selección de artistas. Aquí no son tanto los ingredientes lo que importa, sino la manera que tiene Photek de cocinarlos, y aunque no llega a extremos dignos de ElBulli –o sea, no es la reinvención del formato–, sí puede jactarse de haber servido un plato digno de una estrella Michelin.

Explica Photek que su idea a la hora de abordar su “DJ Kicks” era volver a capturar la gravedad de los mixes clásicos, aquellos que regalaban en cassette con los ejemplares de Mixmag firmados por Doc Scott o LTJ Bukem, o los primeros que circulaban en CD cuando el fenómeno rave se comenzaba a hacer fuerte. Su idea consistía en abrir los ojos –o la mente, o los oídos– como lo hacían aquellos mosaicos de ritmo musculado y bajos como tendones, siempre rebosantes de frescura, y de entrada este disco suena así: grave, solemne, cargando las tintas en una intro propia ( “Azymuth”), pero rápidamente enseñando una carta ganadora, “In 2 Minds” de Kromestar, que sería para el hombre del dubstep troglodita la respuesta al post-dubstep con aires de banda sonora de suspense de dBridge en su maxi “Love Hotel”. Inmediatamente, Photek se (te) sumerge en la mezcla y con una precisión clínica la va desenredando, tirando del hilo hasta resolver la madeja. Evidentemente, hoy con software cualquiera consigue que 19 piezas individuales se conviertan en un emplasto sólido, y la manera de juntarlas de Photek es férrea, como si en vez de secuenciar beats estuviera produciendo hormigón. Pero es la narrativa –algo que no se aprende en dos días– y, sobre todo, el recargamiento de la atmósfera lo que marca la diferencia. Rupert sabe cuándo girar la rueda y bajar el control de volumen, comprende el momento exacto en el que debe entrar cada corte y cuándo fusionar texturas sintéticas que iluminan como neones o dejar que los ritmos circulen sobre lo que parecen avenidas tokiotas a media madrugada.

El primer tramo es hipnótico: casi bordeando el downtempo, dejando que sean unos bajos en la distancia –muy Burial, si Burial fuera japonés– los que marquen el latido manso del trayecto, prácticamente hasta que la erupción ácida de “M25FM” –nuevo corte de Photek a medias con Pinch– y el clásico “Dead Eye”, de Baby Ford + Eon, un grial del intelligent techno inglés, marcan una segunda parte, la siguiente etapa de esta peregrinación que salta de la ciudad nocturna a la atmósfera limpia del amanecer, citando todos los tópicos de Detroit sin que, precisamente, parezca un tópico. El tercer tramo, el final, es un regreso a suelo firme –antes de rozar la estratosfera por última vez con un corte de Sepalcure, “Taking You Back”, perfectamente escogido por materia y significado del título–, y de nuevo una inmersión en subgraves mohosos, ritmos quebrados y lacrimógenos, más atmósferas de depresión nocturna inducida tras una euforia casi mística. El “DJ Kicks” de Photek, en realidad, es un mix a la manera de la nueva escuela sobre el feeling perdido de la vieja ídem: la salida nocturna dosificando la energía y la mirada atenta, luego el éxtasis, el suave descenso a la realidad, un instante de confusión, depresión o paranoia, culminado con un reprise decisivo –ya en la memoria, en un recuerdo indestructible– de esa felicidad que uno se lleva a la tumba, y que es cuando pellizcan las cuerdas sintéticas del emocionante “The Art Of Nothing pt. 1”, de Parxe & Grincheux. Sí, Photek ha vuelto y su bálsamo es milagroso, de los que hacen rejuvenecer dos décadas.

Palabras relacionadas:

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