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Álbumes

James Holden James HoldenDJ Kicks

8.6 / 10

James Holden  DJ Kicks !K7 / POPSTOCK!

Ya hace más de tres años desde “The Idiots Are Winning” (Border Community, 2006), un álbum valiosísimo, atrevido y trabajado con esmero que alguien se empeñó en menospreciar injustamente. Y hace algo menos de tres desde aquel remix para “The Sun Never Sets” (Kieran Hebden + Steve Reid), último trabajo de encargo que aceptara Holden –salvando una remezcla para Mercury Rev de la que nadie se hizo eco y que posiblemente terminara a desgana–. Desde entonces, un año sabático que ha acabado siendo casi una olimpiada; un largo periodo de silencio, reflexión y replanteamiento de su lugar en la escena techno que sólo ha roto a modo de editor – Border Community sigue planchando buenos vinilos, ya lejos del hype mediático que tanto les presionó a mediados de la década anterior– y aceptando ir a pinchar a clubes en los que sabe que le tratan bien. Mientras tanto, Holden se ha dedicado a trabajar, a componer, a reinventarse y a reaparecer como nuevo en este mix que le toma el relevo en su particular colección de DJ-sets enlatados al magistral “At The Controls” (Resist, 2006). Ha pasado tanto tiempo que ya parece como si no importara, como si Holden fuera una sombra de la que no nos queremos acordar. Pero este hombre consiguió cambiar el curso de la música de club con sólo dos plásticos – “A Break In The Clouds” (2003) y el remix de “The Sky Was Pink” para Nathan Fake–, y si quisiera podría hacerlo otra vez. Se supone que ha vuelto de su retiro espiritual con nueva música que empezará a afluir en breve. Se supone que tiene un LP nuevo bajo el brazo, el álbum que amasará el consenso del que “The Idiots Are Winning” no pudo disfrutar. Comienza la reconquista, pues.

Volvamos a 2007. “The Sun Never Sets” fue en su momento una sorpresa para quienes seguíamos a Holden por su incursión en la psicodelia y la música espacial desde la IDM arrítmica. Podría ser incluso que Four Tet comenzara a meditar su cambio de sonido –el que lució en “Ringer” y luego aplacó en un baño de sol en “There Is Love In You”– a raíz de esta remezcla que rescataba, fuera de contexto, lejos del zeitgeist y con buenos resultados la influencia del krautrock de ritmos motorik y la ducha de sonidos cósmicos que por aquel entonces estaban todavía muy desperdigados por el underground, sin sospechar aún que Lindstrom publicaría un álbum que modificaría las leyes del sonido electrónico pop al cabo de un año. Ahora tenemos un “DJ Kicks” que suena a todo eso: a motorik y a kosmische, a psicodelia extraterrestre y a techno dislocado en el tiempo y el espacio, y lo mejor es que suena sin acudir a excesivas fuentes de revival y con el toque propio de Holden en la producción: esas cajas que sacuden el sonido como un cascabel, los plug-ins digitales y la textura de órgano, la melodía en arabesco, los delays suaves y las mezclas de discos a partir de la escala tonal de la melodía en vez de siguiendo la cadencia de los bombos. Como ya sucediera en aquel memorable “Balance 005”, James aprovecha el formato CD-mix para pinchar toda esa música asombrosa que no aparece en los charts de los artistas de moda, ni está a la venta en Beatport, incluso aquella que, por provenir de la esfera indie –algunos pincharían un remix de Animal Collective como mucho; en cambio, Holden rescata a Eric Copeland vía “Auto Dimmer” para intensificar el bloque psicodélico central del mix–, nunca pasaría por las manos de muchos DJs encasillados en su sonido de siempre.

Holden demuestra que escucha. ¿Habían oído hablar antes de Grackle, Maserati o Lukas Nystrand? Él sí, y hace que las secuenciaciones cósmicas que jalonan “Disco” (remix de Musiccargo) y “No More Sages” le pongan la primera marcha a la carrera hacia terrenos desconocidos de este mix en el que cada nombre obliga a levantar la ceja: ¿un primer tema para los agotados Piano Magic? Y resulta que “Wintersport / Cross Country”, con su sonido de carro de caballos por la gravilla, es la introducción cósmica que el disco necesita. ¿Los tóxicos Mordant Music tan pronto? Sí, pero con “Olde Wobbly”, que tiene el bombo a bajas pulsaciones y ayuda a dibujar la estructura de la sesión como una etapa ciclista de montaña o como una cotización en bolsa durante un día agitado: con subidas y bajadas sin descanso pero con orden, forzando mucho la escucha atenta y con auriculares. Es fácil perderse entre los dobles espejos sonoros que sitúa Holden a lo largo del viaje, es incluso más fácil desconectar el cerebro ante el alud de información y el barroquismo aplacado que contienen las piezas aquí ensambladas como si fuera una gran sinfonía post-cósmica. Pero mírale de frente, fijamente, sin temor, entra en su juego y escucharás cosas fabulosas: las campanillas y los ruidos de cristal del “Lemon Yoghourt” de Caribou, los diez minutos de remix inédito de Holden para Mogwai “The Sun Smells Too Loud”: una locura de breaks indecisos, estilófonos y aires cósmicos con textura 90s, algo así como el equivalente holdeniano al “The Girl With The Sun In Her Head” de Orbital–, las citas hipnagógicas en MIT “Rauch (Luke Abbott Remix)”–, Arp ( “Potentialities”) y Lucky Dragons ( “Open Melody”, opulenta en ruidos de madera), y sobre todo un momento cumbre que obliga a sospechar que, en efecto, lo que ha compuesto Holden en sus años de retiro va a ser para quedarse con la boca abierta. En el momento decisivo del mix, entre subidas y bajadas y preparando un final fronterizo con el pop y la library music –toma contraste–, Holden suelta su tema especial para la sesión, “Triangle Folds”: melodías en catarata, texturas analógicas de grano grueso, techno deconstruido, música cósmica reinventada a partir de la matriz de la IDM, una sensación de estar habitando un mundo nuevo –¿será la Pandora de “Avatar”?– en perspectiva profunda. Y todo esto es tan bueno, tan refrescante, tan anticipatorio de un renacer artístico de Holden –ojalá–, que hasta te olvidas del estilismo horroroso que luce en la portada. Ese flequillo es de cárcel, sin duda, pero lo que hay dentro de su cabeza resplandece y efervesce como la explosión de una galaxia.

Javier Blánquez

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