Crooks & Lovers Crooks & Lovers

Álbumes

Mount Kimbie Mount KimbieCrooks & Lovers

8.6 / 10

Mount Kimbie, Crooks & Lovers HOTFLUSH

Empieza a ser costumbre necesaria referirse a consideraciones en géneros y etiquetas musicales en los principios de las críticas. La velocidad con la que muta la música comienza a superar la velocidad de generar nuevos palabros, lo que añade dificultad a esta necesidad que tiene el ser humano de bautizar todo lo que su cerebro absorbe. Decía un profesor mío de la universidad que los conceptos no existen hasta que no se verbalizan. Se perciben, sí, pero no adquieren realismo hasta que no son añadidos en nuestro caudal léxico con un nombre determinado. Es el caso del post-dubstep; quizás no sea el término más preciso, pero es obvio que hay una corriente, un sonido, un conjunto de artistas con afinidades sonoras. Y había que llamarlo de alguna manera. Artistas todos surgidos al calor del fervor dubstep, y de ahí el nombre que te hace pensar, inevitablemente, en Joy Orbison, James Blake, Sepalcure, el Deadboy más orgánico y el dúo Mount Kimbie. Si no conociésemos nada de estos artistas podríamos pensar que post dubstep hace referencia a un género que se explota en los antros más oscuros y mugrientos del East End londinense, como su célula madre. Nada más alejado de la realidad, pues esta nueva mutación ha obedecido a la ley universal de la dualidad. El yin y el yang, vida y muerte, luz y oscuridad… y ¿por qué no? Dubstep y post-dubstep. No todo podían ser bajos, asfixia, oscuridad, subgraves, violencia y wobble. El universo necesitaba equilibrarse con su dosis de luz, amabilidad, melodía, quietud, dulzura, detallismo y por eso puso a Dominic Maker y Kai Campos (y a otros tantos que siguen la estela) en la faz de la Tierra.

“Crooks & Lovers” tiene, además, una función especial. Con el género todavía en fase de formación, este podría ser el primer LP importante, el que pasará a la historia (si esto del post-dubstep trasciende con los años) no por ser mejor o peor, sino por ser simplemente uno de los pioneros. Hasta la fecha el EP era el santo y seña de la hornada. Pequeñas joyas, como las dos primeras piezas de Mount Kimbie, que acumuladas daban para disfrutar alrededor de una hora del mismo artista pero sin la cohesión, la entidad y el juego narrativo conceptual que da un LP. “Crooks & Lovers” da para poco más de media hora, pero por fin podemos valorar cómo se desenvuelven estos primogénitos del género a la hora de dotar de unidad a su discurso musical. La respuesta está a la altura de los precedentes, en muchos sentidos, pues Maker y Campos no sólo han trasladado la sencillez sofisticada de sus anteriores trabajos, sino que han conseguido expandir los horizontes de su propio estilo, estirarlos sin deformarlos, variar la receta del cóctel sin desbaratar el resultante. Partiendo de un eje común al de “ Maybes” y “ Sketch On Glass”, una columna hibridada de ambient y dubstep en stop motion, Mount Kimbie va añadiendo envolturas: un poco de jazz, un poco de future beats, un halo de dub fino, algo de glo-fi… dando forma así a su particular tótem. Tótem que acabaremos todos venerando cual deidad polinesia si este par de chavales no abandonan la senda que llevan recorriendo desde su primera referencia.

Que el dúo vaya a ser el telonero de The xx en parte de su gira europea explica a la perfección buena parte del estilo del disco. Maker y Campos se bañan hasta los tobillos en el shoegaze –muy a la manera de The xx– con líneas de bajo decadentes, como en el último tramo de “Ode To A Bear”, y guitarras punteadas o rasgadas para construir las melodías. Sirva de ejemplo la preciosa “ Before I Move Off”, donde buena parte de la magia viene de esa melodía de guitarra, pero el resto de los elementos hacen que las referencias al shoegaze resulten dudosas. Pues ahí está la magia de Mount Kimbie. Construyen su discurso girando sobre sí mismos en una órbita elíptica, curva. Se introducen en otros parajes estilísticos hasta que la fuerza centrífuga les vuelve a sacar; todo sin dejar de girar sobre sí mismos, sobre ese tótem sagrado que es su sello de identidad y que también aparece en el disco, más inmaculado, más purista, en forma de canción. “ Blind Night Errand” es sencilla y gamberra, el dúo se deja de “bonitismos” para dar un poquito de acción a base de palmeos sincopados. “ Field”, con su crescendo arrastrado y turbulento, o la fascinante “ Carbonated” ponen en evidencia que el discurso de Mount Kimbie no acabará aquí; el post dubstep pasa de neonato a bebé que da sus primeros pasos. Y le espera una vida rica y próspera. Ojalá estemos aquí para verlo crecer. Mónica Franco

Mount Kimbie - Ode to Bear

Mount Kimbie - Before I Move Off

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