Crime Pays Crime Pays

Álbumes

Cam?ron Cam?ronCrime Pays

7.8 / 10

Cam’ron  Crime Pays

DIPLOMAT RECORDS
Cuando toque hacer recuento de los discos importantes de hip hop de la primera década del siglo XXI, que según el Papa Gregorio XIII arranca en 2001, es probable que muchas listas que se pasan de ídem obvien, pasen por alto, el nombre de Cam’Ron. A la hoguera con ellas: Come Home With Me y Purple Haze no son únicamente grandes discos del género, sino también dos piezas fundamentales para entender la evolución y la madurez artística y comercial del gangsta rap de la Costa Este, dos ejemplares manuales de aprendizaje, crecimiento y expansión en el mapa musical norteamericano de un modus operandi que sentó cátedra en la Gran Manzana. Hace unos años, The Diplomats, el movimiento Dipset, en realidad, gobernaba Nueva York como hacía mucho tiempo que no lo hacía ningún colectivo: tenían fuerza y empaque en las calles, presencia en las listas de ventas y las rotaciones de MTV, y ejercían de referencia para toda una nueva hornada de artistas y grupos que aspiraban a repetir su éxito y su capacidad para no perder nunca la credibilidad. Dipset era una empresa, una empresa rentable y próspera en la que Cam’Ron asumía su papel de líder y dejaba que sus secuaces, Juelz Santana, Jim Jones o Freeky Zekey, se llevaran una parte del pastel. Se hicieron de oro y trincaron lo que no está escrito; eso sí, unos, o uno, más que otros.

Como ya comentamos en la primera entrega de Abrazos y Zancadillas, columna mensual dedicada a esto del hip hop que podéis leer en esta misma casa, Diplomats se han ido al garete tras el beef que ha mantenido el mismo Cam’Ron con el resto de su crew, y ahora toca partir casi de cero tras la escisión y los problemas de comunicación no resueltos entre ellos. Con todos estos alicientes y atenuantes, pues, “Crime Pays”, el nuevo disco en solitario del rapper de Harlem, presentaba más interés del habitual, elemento que siempre ayuda a fortalecer las ventas de salida. Por un lado, el morbo malsano de ver cómo su autor ajustaba cuentas, si es que lo hacía, con todos sus enemigos o sus ex amigos; por el otro, las ganas de reencontrarse con un personaje que se ha mantenido bastante apartado de la actualidad musical estos dos últimos años y del que apenas hemos sabido nada.En el primer apartado, el neoyorquino ha preferido desmarcarse de los ataques y los disses vengativos, y ha contraatacado con una notable colección de rimas que le honran como autor con ambición. Cam’Ron siempre ha sido mejor letrista que rapper, sobre todo porque ha sido capaz de caer en gracia a pesar de su poca inventiva y su escaso margen de maniobra temático. Y aquí repite proeza: en “Crime Pays” se nos muestra, sobre todo, como un buen dominador del sarcasmo, la burla contagiosa, el street knowledge y los juegos de palabras elaborados, nada que ver con la plana mayor de gangstas que pululan por el circuito, y eso le sirve para restarle importancia negativa al hecho que no sea capaz de salir de la fórmula coños+drogas+fiestas+colegas que siempre ha marcado su discurso. No hay recordatorios para 50 Cent ni para sus ex compañeros, y sí hay, en cambio, una magnífica exhibición lírica al margen de cualquier conato de beef promocional.

Musicalmente, y aquí entramos de lleno en el segundo aspecto que más interés generaba antes de catar la mercancía, se aprecia un ligero cambio de rumbo que da que pensar. Es interesante y muy elocuente que la producción corra a cargo casi en su totalidad de Skitzo y ARAABMUZIK, dos gatos callejeros sin nombre ni credenciales: ¿declaración de intenciones y principios underground o simple medida rácana para no gastarse un dólar en la confección del álbum? Habrá un poco de ambos, pero la jugada no le sale nada mal. Sólo patina cuando se va por los Cerros de Atlanta. En un evidente intento de abarcar más mercado, Cam’Ron ha sacrificado una parte de su identidad estética y sonora, ese gangsta rap de mall neoyorquino, que a inicios de esta década patentó un sonido propio, muy identificado con su ciudad, para darle al disco un aire más global y variado, esto es, más crunk, más dirty south, más bouncy. No es malo per se que haya querido incorporar beats sureños al conjunto, pero éstos parecen pegotes fuera de contexto, anzuelos comerciales demasiado evidentes que le restan impacto al total. Ése no es su mundo, aunque se escude en el hecho de haber estado viviendo un tiempo en la zona del Medio Oeste, y se nota con creces cuando tienes claro que los mejores momentos del conjunto son aquellos que rememoran el clásico sonido Diplomats: speed up samples de voz, beats poderosos y emoción melódica en los loops. En ese apartado, que acapara un 78% del total, skits al margen, es cuando Cam’Ron consigue retomarle el pulso a esos años en que estuvo a punto, muy cerca, de conquistar el mundo.

David Broc

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