Creatures Of An Hour Creatures Of An Hour

Álbumes

Still Corners Still CornersCreatures Of An Hour

7.8 / 10

SUB POP

El 14 de enero fue uno de los días más tristes de este 2011 para la música. Moría Trish Keenan, alma de Broadcast, perdíamos a una de las artistas más importantes de la pasada década y nos encontramos de la noche a la mañana huérfanos. Ya no íbamos a escuchar nunca más sus conjuros psicodélicos y adormilados. Pero lo que posiblemente nadie se esperaba era que en tan poco tiempo empezasen a aparecer bandas que rendían un clarísimo y sentido tributo a esa música tan especial que facturaron los de Birmingham durante 15 años. Primero vinieron Cat’s Eyes, esa insólita dupla formada por el líder de The Horrors, Faris Badwan, y la soprano Rachel Zeffira. Pero pronto, el espíritu de Trish abandonó a la prima donna canadiense para buscar otro cuerpo receptor, el de Tessa Murray, vocalista de Still Corners, quinteto londinense que acaba de publicar en Sub Pop su álbum de debut, “Creatures Of An Hour”.

Si se tuviese que describir a Still Corners con un adjetivo, sería el de cinematográfico. Suena a cliché, pero es lo que realmente persiguen. Todo esto tiene una explicación lógica: el compositor y mente maestra del grupo, Greg Hughes, es un cinéfilo de tomo y lomo. De hecho, la manera en la que conoció a Tessa Murray es puro cine. Explica que antes de crear el grupo viajaba en un tren en una de tantas noches neblinosas y oscuras de Londres. Se suponía que iba en dirección a London Bridge, pero extrañamente el conductor se saltó la parada. Entonces él salió del vagón y también lo hizo una chica. Imaginen quién. Aunque esto pueda sonar a melodrama de época (se me pasa por la cabeza “Breve Encuentro”, por aquello de los trenes), “Creatures Of An Hour” va por otros derroteros. Sólo hay que echar un vistazo a los títulos de las canciones para imaginarse cortos relatos de bosques encantados, demonios y sueños recordados a medias. No es de extrañar, pues, que uno de los directores fetiche de Hughes sea Dario Argento. Se nota en el disco, no tanto porque quieran imitar a Goblin (en ese sentido, no tienen nada que ver), sino porque su música complementaría perfectamente el aura de las cintas del italiano. Pero hay más. A “Cuckoo”, dream-pop hasta la médula, pero con pinceladas psicodélicas muy sesentas, la podríamos meter sin rubor en alguna adaptación fílmica de Edgar Allan Poe. Los coros espectrales de “Into The Trees” seguramente le hubiesen gustado a Roger Corman para una de sus cintas. “I Wrote In Blood” empieza con un pasaje que lo mismo recuerda a Chris Isaak como a Ennio Morricone, pero luego navega libre hacia esos terrenos mágicos y fantasmagóricos en los que tan a gusto parecen sentirse. El mejor momento del álbum.

Como comentábamos antes, la sombra de Broadcast es alargada. Planea por buena parte del disco, pero se hace especialmente evidente en esa nana invernal que es “The White Season”, con esos versos susurrados de Tessa Murray y esas melodías de juguete. Pero donde hay que quitarse el sombrero es en “Submarine”, una canción que está a la altura de los mejores cortes de “Tender Buttons”. Como era de esperar, y con las palabras que se han utilizado para describir el espíritu de la música de los londinenses, hay referencias al dream-pop de Cocteau Twins ( “Velveteen”). El shoegaze también tiene cabida en “Circulars”. Dos caras de la misma moneda. Still Corners embrujan por igual a cámara lenta y con fast forwards. No es el álbum más original del año, pero para todos aquellos fans del género que, además, adoren las películas de terror, “Creatures Of An Hour” es un trabajo de obligada escucha. Cautivador, atmosférico, intrigante y con las dosis justas de azúcar, ésta es tu banda sonora perfecta para los viajes en tren hasta el Festival de Sitges que se celebra estos días.

Álvaro García Montoliu

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