A Creature I Don’t Know A Creature I Don’t Know

Álbumes

Laura Marling Laura MarlingA Creature I Don’t Know

7.1 / 10

Laura Marling  A Creature I Don’t Know VIRGIN RECORDS

Laura Marling comienza cantando en “A Creature I Don’t Know” con un marcado acento americano. Y no ese tipo de acento suave que se te queda después de haber pasado el verano al otro lado del charco, sino un acento como si hubiera estado en Texas entre vaqueros. De todos modos, más que expresarse con una afectación inconsciente, lo que está haciendo aquí Marling es marcar terreno y expresar una declaración de intenciones. “A Creature I Don’t Know” no es un trabajo confesional ni autobiográfico; es una colección de historias en las que van reapareciendo personajes y temas. Así es: la experiencia de la artista siempre está implícita en su arte, y aquí ella apuesta por reforzar su protagonismo presentándose como una narradora que se expresa con máxima claridad.

El primer tema, “The Muse”, también escenifica la salida de Marling del camino new-folk que había emprendido en sus dos primeros álbumes. El folk sigue siendo una fuerza notable en sus canciones, pero aquí entran en juego nuevos factores como un piano con adornos de jazz, un banjo bluegrass y unos ritmos bossa nova. Aunque las referencias a Joni Mitchell siguen siendo oportunas, tendríamos que referirnos al “Court And Spark” de Joni Mitchell. O al “Bryter Layter” de Nick Drake, o al “Astral Weeks” de Van Morrison. En otras palabras: la producción es rica y abundante.

Quizá el cambio más destacable en el sonido se encuentre en “The Beast”, un tema épico y gruñón que se resuelve con dureza y audacia. Aquí su voz se aventura en territorio desconocido, y sólo ocasionalmente regresa a la pureza reconfortante que solemos esperar de ella. La caja torácica de Marling resuena con rabia, sus labios tiemblan con desprecio ( “what I suggest is you be grateful there is no blood on my hands”). No se puede decir que sea material bonito; más bien un ejemplo de su que su confianza está a tope. Ella acepta su talento –ha demostrado que tiene una voz preciosa y ahora quiere juguetear con su capacidad de expresión–. Su curiosidad es estimulante.

Esa curiosidad de Marling se extiende a su uso de la lengua. Su amor por las palabras es evidente: mastica las sílabas con la misma entonación lacónica de Bill Callahan ( “my mother was the saviour / of six feet of bad behaviour”). Experimenta con rimas internas dispuestas de forma rítmica ( “I have been wandering / where I have been pondering”), con las que se forman paralelismos ingeniosos en lugares inesperados. Esta mujer sabe cómo usar el diccionario. “Night After Night”, en particular, le debe mucho al magisterio lírico de Leonard Cohen –un acorde golpeado con sencillez, con el que se subraya una frase perspicaz y triste ( “A tempting communion / It's a fate foretold / It is knowing / It is knowing / What it is that you're told”). Su atención está plenamente centrada en la escritura de las canciones y, oh dios mío, son buenas.

Es muy fácil trazar el linaje musical de Marling a través de “A Creature I Don’t Know”: ahí están las armonías rítmicas de The Roches, las progresiones sencillas de Sandy Denny, los incisos secos de Bob Dylan. Pero la sombra de sus influencias no le oscurecen. De manera similar como ocurre con sus personajes, sus historias y los acentos que adopta, todo eso son exploraciones en busca de respuestas más que meras apropiaciones. Por supuesto, eso no quiere decir que haya refinado su arte o definido su discurso hasta llegar a las alturas donde reposan los artistas antes mencionados. Pero, como diríamos los críticos, sólo tiene 21 años y todavía está descubriendo qué puede hacer. A través de las voces de los demás, Laura Marling sabrá encontrar la suya propia.

Jessica Jordan-Wrench

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