Cosmogramma Cosmogramma

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Flying Lotus Flying LotusCosmogramma

8.1 / 10

Flying Lotus Cosmogramma WARP / PIAS SPAIN

Sólo el título lo dice todo, de lo bueno y de lo dudoso de este álbum. “Cosmogramma” parece ser una trasposición de diagrama, palabra de la que el diccionario dice que es un “dibujo en el que se muestran las relaciones entre las diferentes partes de un conjunto o sistema”, algo así como un manual de instrucciones, un mapa, la revelación del funcionamiento de engranajes secretos. Extrapolándolo al hipotético cosmograma, si la palabra fuera aceptada por las autoridades lingüísticas, lo que tendríamos es un mapa del universo entero, una guía de itinerarios, relaciones entre proporciones y distancias; en definitiva, la clave de toda la eternidad y la inmensidad. Si Flying Lotus ha querido decir eso con el título, entonces aquí hay un exceso de ego, de autoconfianza, que nos tendría que obligar a arrugar la nariz: algo huele mal. Pero en la práctica, el sonido de los temas tiene más que ver con la perpetuación de una línea espiritual que une con un estrecho lazo a la música negra con la fascinación por el universo y la infinitud del cosmos. Podemos llamarlo afrofuturismo –el concepto que acuñara Kodwo Eshun– o inventarnos otra palabra, pero “Cosmogramma” intenta resumir toda esa historia que va de Sun Ra a J.Dilla, del jazz de planos astrales al hip hop terso, dislocado y moderno. En cualquier caso, es una tarea de titanes.

Primera conclusión del tercer disco de Flying Lotus tras haber afianzado su hype con aquel “Los Angeles” (Warp, 2008) que integraba de manera muy natural y lógica el hip hop electrónico con la cadencia hipnótica del dubstep: ahora, el californiano quiere ser más ambicioso, más universal, se ha esforzado por darle unidad y majestuosidad a una pieza musical a la que este planeta parece quedársele pequeña: su objetivo es el sistema solar entero y más allá, quiere sonar a música de las esferas en órbitas perfectas. Por eso todos los segmentos del disco van enlazados, como si en realidad fuera una sola composición dividida en diecisiete partes, y por eso también su discográfica, Warp, al anunciar el disco en su página web, prefirió tachar la palabra “álbum” y substituirla por “space opera”, un concepto que tanto alude a los grandes dramas épicos que se desarrollan en el interminable vacío del cosmos –de “Star Wars” al anime “Capitán Harlock”– como a la acepción más musical de ópera, con libreto, escenario, actores y solemnidad.

“Cosmogramma” pertenece a lo que llamamos música programática: tiene argumento, es una pieza que intenta explicar una historia o una idea, en este caso la conexión tan abstracta pero real entre espacio exterior y los géneros mayores de la música negra popular, comenzando por el jazz y acabando en las modernas mutaciones del hip hop underground e instrumental que hace poco entraron en ebullición en Los Ángeles. Nada más empezar, tras empezar a tomar temperatura en el breve minuto de “Clock Catcher”, Flying Lotus descubre el que será uno de los gestos más recurrentes del disco: el sampleo de escalas de jazz astral, primero con el bajo espasmódico de “Pickled!” –que, con un breakbeat aspaventoso por debajo recuerda simultáneamente a Squarepusher y a su fuente original, Weather Report–, y más adelante con saxos y percusión vagamente africana. Es una invocación en toda regla a Sun Ra –léase con detenimiento el título del octavo segmento de “Cosmogramma”: “Arkestry”; como dijera Schuster, “no hace falta desir nada más”–, al Miles Davis de “Bitches Brew” y, por supuesto, a todos los Coltrane, familia con la que Steve Ellison está emparentado. Casi todo el tramo final del álbum gira alrededor de ese eje, con bajos galopantes, saxos reptantes, alusiones al espacio y las estrellas – “Do The Astral Plane”, “Dance Of The Pseudo Nymph”, “Drips / Auntie’s Harp”–, y, en conclusión, queriendo ser el equivalente en el hip hop abstracto de hoy a lo que fue aquel “Programmed” (Talkin’ Loud, 1998) de Innerzone Orchestra al techno de Detroit. Más o menos va por ahí: voluntarioso, atrevido, respetuoso con los ancestros, de altas ambiciones, pero también imperfecto.

Habíamos dicho en las primeras líneas que “Cosmogramma” tenía algo dudoso y algo bueno. Lo bueno es el trabajo extenuante en la producción, en el virtuosismo que Flying Lotus demuestra en el toque de su sampler MPC, en el barroquismo impenitente que le lleva a recargar los minutos de concepto y audio: cada título es una pista que completa el sentido del sonido, y donde él dice “Zodiac Shit”, nos encontramos con unos pianos muy Vangelis, unos sintetizadores de música planeadora y mucha intención galáctica entre la simpatía y la ironía. Y donde el título del tema es irrelevante, a veces surge el talento en bruto del angelino, como ocurre en “Nose Art” –una fusión imposible entre el clownstep de productores jungle como Andy C, transmisiones de radio y geometría IDM– y en la participación de Thom Yorke –es un decir: no canta, es su voz loopeada– en “…And The World Laughs With You”, tema en dos tiempos, una suite pequeña dentro del gran arco narrativo de “Cosmogramma”, que alude a los beats asimétricos de Dilla y a la dinámica espacial del viejo techno inteligente.

Y así el disco fluye, entre el acierto y el error, pero siempre intentando encontrar algo distinto, o una reactualización de la gran música negra, deseando ser el próximo hombre en surcar los mares del espacio exterior. La gran debilidad de “Cosmogramma” es que nace queriendo ser una obra maestra, y las obras maestras, salvo excepciones casuales – Virgilio escribió “La Eneida” con la idea de pasar a la posteridad; tuvo suerte–, salen sin querer. Algún día Flying Lotus hará un gran disco sin quererlo y ese será el que le hará clásico. Éste no es inmortal, pero bueno lo es un rato.

Javier Blánquez

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