Coracle Coracle

Álbumes

Walls WallsCoracle

7.3 / 10

KOMPAKT

El juego de Walls, como el de ciertos futbolistas habilidosos y de mucha movilidad, se produce entre líneas. Sam Willis (Allez Allez) participa casi siempre con las reglas de la música de baile, pero sabe cómo ajustar elementos del pop a su discurso. Alessio Natalizia es todo lo contrario, su background está en la escuela dream-pop –a la que aporta su granito de arena con su proyecto a solas, Banjo Or Freakout–, pero nunca le hace ascos a un beat si las circunstancias lo permiten. Son productores a los que cualquier definición les resulta imprecisa; tanto son capaces de atravesar paredes como de quedarse atrapados en un espacio ilusorio del que no sabrían cómo salir. Eso se comprobó a ciencia cierta en su primer álbum bajo su proyecto compartido en Kompakt: “Walls” (2010) se correspondía con la estética “pop ambient” del sello alemán, era una aglomeración de gas espeso en 30 minutos de ingravidez ambiental, pero se le notaban las ganas de soltarse de su prisión horizontal y darle espacio a los bombos, o al hedonismo bajo control. Ellos apenas lo permitían: “Walls” no podía acelerarse, tenía que ser un perfecto disco de shoegaze electrónico recargado al máximo para crear esa sensación de éxtasis frustrado –su satisfacción llega, precisamente, por esa represión–, y que tan bien le vino para conciliar al público de las melodías como al de los beats. Que una revista tan conservadora como Mojo lo escogiera como el mejor disco electrónico de 2010 –no habrían escuchado a Actress, es de suponer– clarificaba muchas cosas.

En manos de los amigos ingleses de Kompakt, la inclinación hacia el dance parecía un mcguffin: anunciaban un estallido house que no llegaba, y si llegaba era en forma de “Gaberdine”, que tampoco era esa explosión rutilante esperada. Una artimaña, quizá, para llamar la atención y esconder –eso se podía pensar– que ni siquiera sabían darle forma a esa mezcla entre gigantismo ambient, emociones a flor de piel y metronomía rítmica. Por eso “Coracle” era una prueba de fuego importante para Walls, pues éste es el disco que debe exponer, obligatoriamente y a las claras, hasta dónde puede llegar su horizonte y de qué magia pueden ser capaces. ¿Continuismo o evolución? Sólo podía haber evolución, y aquí la hay de la única manera posible: añadiendo más filtraciones de house y psicodelia dance sin perder el envoltorio de seda del primer álbum. Pocos son los momentos donde no hay un beat: “Drunken Galleon”, que es una manera calmada de terminar, permitiendo que todo se vaya deshaciendo poco a poco, fundiéndose en el silencio, y “Vacant”, donde puntean unas guitarras y se asoman unas voces susurradas. El preciosismo no es negociable.

En el resto de los minutos es cuando afloran las intenciones rítmicas, aunque de manera muy bien controlada, sin entusiasmarse, aunque también sin privarse de un momento de arrebato. “Into Our Midst” recuerda, por ejemplo, a los primeros Seefeel: guitarras que parecen sintes (y al revés), reptantes e infinitas, que se hacen líquidas a medida que pasa el tiempo, pero con una base tribal en vez de las marañas de dubs latentes. Así, desde el principio, Walls ya han resuelto la ansiedad y “Coracle” entero se desliza por lo que, sobre el papel, tendría que haber sido desde el principio el estilo Walls, muy cercano en intenciones e influencias al de James Holden –ellos también han escuchado mucho a Harmonia, Can y Neu!, de igual manera que han escuchado a Underworld– y Nathan Fake –que hizo el camino inverso: primero lo bordó con 12”s de baile para debutar en largo con un disco de paisajes y melodías–. Un estilo que ya habían anticipado en el single previo, “Sun Porch”, pero que aquí está perfeccionado en momentos como “Heat Haze” –recuerda poderosamente al Ulrich Schnauss más inspirado– e “Il Tedesco”, donde no cuesta ver la sombra de Manuel Göttsching entre los punteos hipnóticos de guitarra.

“Coracle” es un disco que habíamos escuchado en nuestra cabeza mucho antes de que existiera. Es esa alquimia que muchas veces esperamos y se nos niega. Es un trabajo producto de influencias muy concretas –shoegaze, ciberdelia, nuevo trance, dream pop y el ambient de la escuela Gas– que coinciden ahora en las proporciones justas, como una receta bien trasladada a los fogones y que da como resultado un plato delicioso. No es cocina creativa, no es un milagro de originalidad, pero ha quedado de toma pan y moja.

Javier Blánquez

"Raw Umber/Twilight" by Walls by Kompakt

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