Continent Continent

Álbumes

CFCF CFCFContinent

8.1 / 10

CFCF  Continent PAPER BAG

Mi top 5 de canadienses. Ahí va: uno, Wolverine; dos, Terrance; tres, Philip; cuatro, Richie Hawtin; cinco, Tiga. Ah, amigos, pero lo que parecía un pentágono inamovible de deidades, lo que hasta ahora era una mano normal, se ha convertido en un muñón con seis dedos, como Margarita. La culpa la tiene un tipo llamado CFCF. Dios bendiga su muñeca y su juguetón trasero, pues su aportación al acerbo musical canadiense es de la misma envergadura que la de su coleguita Tiga, y sólo por eso ya merece ser escuchado. Ahora mismo, CFCF es lo más hot de esas frías tierras. A pesar de su aspecto de nerd amanerado –lleva gafas estilo Malcom X–, allí donde Michael Silver posa su atiliano queso, las placas de hielo se deshacen como chocolatinas bajo el culo de José Antonio Camacho.

No menciono el nombre de Tiga en vano (como el de Dios), pues de hecho CFCF y el autor de “Ciao!” tienen una amistad muy estrecha, y suelen quedar de vez en cuando para cenar cuore di succa en la Tagliatella y contarse intimidades. Ambas mariposas salvajes, a su manera, han sabido revolotear por los prados electrónicos de Canadá y polinizar las florecillas que siempre han creído conveniente, sin atender a razones más que las de su propio estilo y apetencia. El caso de CFCF, además, está revestido de un plus añadido que en mi mundo es importantísimo: Tiga hace música para bailar, mariconear y follar, pero CFCF hace música para bailar, mariconear y tumbarte en la cama solo, imaginar, alcanzar un estado de ánimo muy propicio al consumo de un buen canuto y un chupito de Absolut durante la escucha. Ese poso ambiental de tristeza y neblina electrónica es absolutamente arrebatador y empapa todas las canciones del mejor temario disco-house que servidor ha escuchado en todos y cada uno de los continentes de este planeta este año.

No esperaba algo tan bueno, la verdad. Nunca he sido excesivo fan del sonido disco, de Studio 54 y toda la panda de aves nocturnas que le dieron salida a esta movida. No sé, quizás es un rollo demasiado gay para un hetero; del mismo modo en que un disco de Pantera también debería ser demasiado recalcitrante y facha para la comunidad homosexual. Dicho esto (a riesgo de que me llamen homófobo, que no es el caso), lo que ha conseguido CFCF es que me guste, me absorba y corrompa una música a la que hasta ahora le había prestado menos atención que a los libros de Kiko Amat. Ah, pero con temas de apertura como la escalofriantemente cojonuda “Rainning Patterns” uno ya se queda con el esfínter relajado. Ritmo aletargado, sintetizadores a medio gas y melodías perezosas en una pieza de orfebrería de narcolepsia y nostalgia que te hace ver este género con otros ojetes. Cortada por el mismo patrón, la ensoñadora “Big Love” –versión de Fleetwood Mac, poca broma– es como ver caer la tarde en una cala ibicenca acompañado de un mojito y tu novia. Puro sonido de finales de los setenta, con piano marcando latidos, coro sensual y producción acuosa: sencillamente perfecto.

Las cosas están así: “Continent” es música disco como a mí gustaría que fuera. CFCF introduce sus pechugas en un suavísimo rebozado que acepta desde italodisco a boogie, pasando por R&B e incluso rock, como vemos en el solo de guitarra estilo Santana de “You Hear Colours”. Gran disco éste, incluso cuando CFCF apuesta por sonidos más rotos y actuales, invocando las lorzas de Timbaland en cortes como “Come Closer” –como si el Moby más etéreo y el adlátere de Justin se juntaran–; por otro lado, lanza claros homenajes a su ídolo Vangelis en relatos galácticos de psicodelia new age como “Break In”, o reinventa el funk en su particular burbuja de tristeza narcótica con “Monolith” (con dos minutos finales de pañuelos en la grada, con subidón de sintes y base house).

Lo mejor de todo es que, lejos de caer en la trampa de adormecer al personal a base de disco-ambient de potorro peludo, el canadiense consigue encontrar un punto de cocción en el que prácticamente todo lo que escuchas puede bailarse. “Continent” es un bombón disco-house-italo-new age-Junior Boys dulce y bien hecho, sin exceso de azúcar grueso. El canadiense Silver, de una juventud insultante (no llega a los 23 años, el muy condenado), demuestra una madurez precocísima, aportando al tablero de juego electrónico una pirueta de nostalgia disco y un refinamiento ochentas, que funciona muy bien para tardes de domingo de afterglow o para mover el esqueleto en un mar de introspección sintética. Si fuera el gobernador general de Canadá, ya estaría quitando la miserable hoja de arce de la bandera nacional para poner una buena foto de los glúteos del responsable de CFCF (depilados, a poder ser). Como dice esa gran máxima universal de la prensa musical española, “Continent” es un disco para bailar con lágrimas en los ojos. Material sensible, socios.

Óscar Broc

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar