Contacto Contacto

Álbumes

Tadeo TadeoContacto

8 / 10

Tadeo  Contacto

NET28

Cuando te has pasado el último lustro dedicado a concentrar ideas en el espacio de un maxi de doce pulgadas, el salto al largo formato no es tarea para nada sencilla. En la fineza -en el sentido de pureza y primor- que Tadeo ha demostrado a la hora de dar ese salto reside el primer triunfo de este “Contacto”. A lo largo de estos doce cortes -dos de ellos, “Transmisión” y “Captación”, breves interludios de evocación retrofuturista, respiraderos que son como altos en el camino, paradas estira-piernas en una larga travesía hacia universos lejanos y desconocidos-, el productor madrileño demuestra tener bien claro que un álbum ha de tener otro poso, un recorrido muy distinto al del 12” enfocado al baile. En ese sentido “Contacto” es un disco sorprendentemente cohesivo, una colección de momentos que parecen haber nacido para ser parte de un largo continuum, etapas de un viaje astral en el que, a pesar de las constantes variaciones de tensión y dinámica, no hay lugar para sobresalto ninguno. El disco se autopropulsa, se tensa y se destensa, fluye de una manera poco acostumbrada en el formato del álbum techno.

La ecuación es conocida, pero no por eso deja de ser efectiva: elementos mínimos -los esenciales, sin rellenos, generando estructuras más o menos complejas en función de lo que pida cada tema- combinados con precisión cirujana y una depuración tímbrica que sólo puede ser fruto del esmero y la meticulosidad del alma que se sabe esclava de su tendencia perfeccionista. Todo lo que suena parece tener su razón de ser, ocupar el lugar correcto y ser importante para que el mecanismo interno del álbum siga girando, generando esa suerte de movimiento constante hacia delante, una especie de pulso mantenido que incluso en los momentos de mayor contundencia rítmica ( “Heliopasa”, “Orion” o “Jupiter”) hace que la música desprenda una extraña sensación de “masa flotante”, cualidad que uno se imagina relacionada con el complejo entramado gravitacional que genera la dependencia recíproca entre las partículas elementales sobre las que se edifica cada corte del disco.

A partir de un sistema de coordenadas triangulares (Detroit como más clara fuente de inspiración musical, Madrid como escenario vital y punto de partida, y el cosmos como referencia aglutinante y destino), Tadeo se lanza con contención y suma paciencia a un viaje en el que a golpe de techno sutil, oscuro y profundo nos invita a surcar el hiperespacio entre nebulosas y fluidos gaseosos ( “Virgo”, con un goteo de notas de piano que nos hace pensar en el “Memoria” de Murcof), extraños brillos celestes ( “Eclipse”, por momentos exhibiendo un groove más cercano al house) y lluvias de meteoros que dejan tras de sí largas estelas luminosas ( “Titán”, uno de los varios momentos atmosféricos del disco). La línea melódica de “Heliopausa” te lleva a pensar tanto en el Detroit más cósmico como en los experimentos de Delia Derbyshire, Daphne Oran o el retrofuturismo lounge de Jean-Jacques Perrey, para a renglón seguido alcanzar la velocidad de crucero con “M31 Andromeda” (cercana en formas y espíritu al Robert Hood de mediados de los noventa, o al techno cósmico de Jeff Mills y Mad Mike como X-102, referencias que sobrevuelan el conjunto del álbum) o la más minimal y tintineante “Orión”. “Zona de fluctuación en el espacio-tiempo” se revela como uno de los cortes más originales del lote, repartiendo cajas vibrantes por el plano estéreo sobre un bombo apagado y una secuencia altamente hipnótica que a mitad de tema encuentra su contrapunto armónico en una especie de drone germinante. Y para cerrar, la más previsible -y aún así notable- “Metro”, vistiendo de ecos reflectantes -alusiones a Maurizio y demás escuela Basic Channel- un intrigante fondo pulsante que va quedando progresivamente reducido a lo esencial.

Techno espacial de factura impecable, envolvente e hipnótico, que conjuga clasicismo y estilo propio, y que no necesita de golpes de efecto, de asperezas o contundencias mal entendidas para reclamar tu atención. Para ser disfrutado en casa (viaje mental) o en movimiento, que no necesariamente bailando. Serio candidato a mejor álbum techno nacional del año (y eso que el disco lleva acabado, que no editado, desde principios del año pasado), y a la altura de cualquier excelsa producción llegada de fuera. Hasta el infinito y más allá.

Luis M. Rguez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar