Compass Compass

Álbumes

Jamie Lidell Jamie LidellCompass

8.5 / 10

Jamie Lidell  Compass WARP

Han pasado unos cuantos inviernos desde su irrupción, pero todavía hoy nadie fornica con el soul como Jamie Lidell. Nadie embiste con su imaginación, nadie busca posturas más acrobáticas. Aquí no hay misionero que valga: basta con ver cómo gime el semental, cómo se retuercen de placer sus partituras electrónicas y cómo sudan las paredes para entender cuán perversa, peculiar y lúbrica es su propuesta. Han pasado dos años desde el aclamado “Jim” y uno tiene la sensación de que, sin abandonar el camino empezado en “Multiply”, Lidell ha sabido revalorizar su discurso a cada nuevo paso, aportando nuevos prismas desde los que observar su extravagante mezcla de funk, R&B, soul, pop y electrónica de ultimísima generación.

“Compass” es un álbum que sabe a sangre, lágrimas y látex; una descarga de funktrónica rabiosa en los pezones que te obliga morderte el labio hasta reventarlo. Se percibe en el nuevo esfuerzo de Lidell un malicioso afán por ensuciar las cosas, por acrecentar los crujidos del somier, por organizar un caos embriagador. La prueba más fehaciente es la corrosiva “Completely Exposed”: beatboxing rugoso –cuánto partido le saca a los ruidos que emite con la boca el muy bastardo–, bajos a punto de explotar, caja de ritmos nerviosa y una voz arrolladora que suena como si Al Green, Prince y Terence Trent d’Arby se hubieran conocido en unos baños turcos. Sigue con “Your Sweet Boom”, fabricada en la misma fragua marciana, pero con pellizcos de gospel, una base con trazas del new beat angelino y un tono de voz que parece un gemido eyaculador. Hay nervio y no hay miedo al pop: si en “Enough Is Enough” cabalga al trote sobre una fiesta al más puro estilo Jackson 5, pero con la voz de Stevie Wonder, en “Coma Chamaleon” apuesta por una triangulación entre Genesis, Depeche Mode y Little Richard que te deja sin dientes.

Pero también tenemos al Lidell baladista negro, reencarnándose en los susurros de Luther Vandross en la nocturna “She Needs Me”, dándose placer sobre un piano de bar y recorriendo con las punta de la lengua las curvas de un bajo que es puro alcaloide funk. Y no te deja capacidad de reacción cuando sube al púlpito, le da la orden al organista y nos regala en “I Can Love Again” un minuto final de gospel-soul que te reconcilia con la humanidad. O cuando se pone depresivo en “Big Drift” y cincela un corte de do-woop futurista con base industrial y lamentos al más puro estilo Chris Cornell.

Con todos estos ofrecimientos, los dioses del soul habrían encontrado más que generoso el sacrifico, pero Lidell quiere dejar su impronta en las listas, quiere crecer más y más. Por eso nos deja una gema en bruto de electro-punk-funk –tremendo trallazo el de “You Are Waking”–, un a capella espiritual que pone los pelos de punta – “You See My Light”– y el corte más apasionante de todo el disco: en “Compass” se inclina en reverencia ante Ennio Morricone, hace estallar una banda sonora épica que podría pertenecer a la “Trilogía Del Dólar” y envía los mejores peinados del patio de butacas al traste. De lágrima. De aplauso.

Habrá notado el lector que se ha obviado con premeditación comentar la pléyade de colaboradores que han participado en el show. Beck, Feist, Gonzales, Chris Taylor ( Grizzly Bear) y Pat Sansone (Wilco) dejan su huella, pero sería lo mismo que darle importancia a la colisión de seis asteroides menores en la inmensidad de un universo en perpetua expansión. Lo que importa aquí es Lidell, su garganta versátil y su capacidad para exprimir botones y ruedas de máquinas analógicas y con ese proceso idear un soul para el siglo en curso. Lo que importa aquí es la confirmación más cegadora de un talento que devora todo lo que se acerca a su campo gravitacional cual titán famélico. Su sampler es oro. Demasiado fácil caer en sus tentáculos; demasiado obvio decir que estamos postrados ante uno los grandes, grandes discos de 2010.

Óscar Broc

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar