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6.8 / 10

KRANKYUna sombra planeaba sobre Belong desde los días ya lejanos de “October Language” (Carpark, 2006): la sombra de Christian Fennesz. Excesivamente comparados desde aquel día por las mareas de guitarras y ruido digital que salpicaban aquel álbum de debut, Turk Dietrich y Michael Jones han tenido que luchar para quitarse de encima las comparaciones, básicamente porque en el fondo no eran tan Fennesz ni aquel disco se parecía a “Venice”. Pero de esa sombra ya no tienen que preocuparse más, porque “Common Era” no se parece en nada a la música del austriaco. Eso sí, ahora asoman otras: las de My Bloody Valentine, Ride y Ulrich Schnauss, pioneros y prolongadores de la trayectoria del subgénero shoegaze en el rock experimental de los últimos veinte años. Quizá para Belong sea una situación más cómoda: les acerca al público indie, que es el suyo –y les aleja del de la música experimental, que seguramente les veía demasiado ligeros, incluso cuando se distanciaban del laboratorio y se acercaban al noise telúrico de bandas tipo Flying Saucer Attack–, a la vez que reafirma sus raíces en el folk, en la psicodelia y el ruido bello de guitarras. Antes de este segundo LP, el último título de Belong que había visto la luz era un 12”, “Colorloss Record” (2008), en el que versionaban a su manera a Syd Barrett, July, Billy Nicholls y Tintern Abbey, solistas y bandas de la edad de oro de la psicodelia británica. Así que sí, todo vuelve a su lugar.

Ahora bien, a “Common Era” se le detectan las intenciones desde el primer minuto y, en realidad, es un disco sin historia. No le veo ninguna clave oculta y suena a muy poco resultado para tres años de espera –cinco si contamos el anterior álbum–. De hecho, suena a retroceso el ir a parar al discurso de Slowdive (más enrarecido, con más frufrú de ruido digital) una vez se ha estado cerca de la excelencia del guitarrismo procesado vía software. Se han hecho transparentes Belong, y como gesto de sinceridad hay que agradecérselo, no querer ser quienes no eran. No es misión nuestra inventarnos fantasías ni es trabajo de los grupos responder a criterios ajenos a ellos. Y, sin embargo, late por debajo de este disco la idea de que pudiera haber sido otra cosa. Acumula todos los clichés del shoegaze revitalizado: las voces estiradas, la turbulencia de las guitarras sobre un lecho de asperezas amorfas, las partes en las que el ruido está domesticado y se transforma en algo así como una canción a medio camino entre la primera etapa de The Cure y una banda post-IDM del sello Morr Music ( “Never Came Close”, “Different Heart”), y así pocos argumentos quedan para defender el disco. Aunque sí, queda uno, el de siempre, el infalible: el trabajo meticuloso que hace que las voces entren por el oído como gotas de miel, la superposición cuidadosa de capas y más capas de sonido atmosférico que obligan a analizar la música como quien desprende con pinzas las capas de una cebolla –virtudes que se suman en el misterioso final, “Very Careful”–. Belong han jugado esta nueva partida con cartas marcadas, pero han sabido servirse bien de sus bazas y, aunque no han aplastado a los rivales ni a la banca, han conseguido ganar unas cuantas manos y no perder dinero. En la siguiente ronda más vale que no se marquen un farol. Robert Gras

belong 'perfect life' by kranky

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