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Álbumes

NRSB-11 NRSB-11Commodified

8.4 / 10

Por algún motivo que se me escapa, la cofradía de seguidores de Drexciya siempre le ha tenido mucho más cariño a James Stinson que a Gerald Donald. Imagino que la penosa enfermedad cardiaca que arrastraba el primero, y que acabaría con él en 2002, con apenas 33 años, tiene mucho que ver. Y también la febril actividad que desarrolló en sus dos últimos años de vida y supuestamente en solitario (un dato que, como muchas cosas en el universo Drexciya, conviene poner en cuarentena); esos fantásticos discos que publicó como The Other People Place, Shifted Phasses, Transllusion o Lab Rat XL, que constituyen la cara más melódica y emocional dentro de la enrevesada discografía que los de Detroit llegaron a publicar, juntos o por separado. Y desde luego, no debe ayudar mucho la conexión con el electroclash que Donald desarrolló a principios de la década pasada, sobre todo a través de sus alias Dopplereffekt y Japanese Telecom –a pesar de que nadie con dos dedos de frente dudaría de que hay más abstracción, ironía y misterio en veinte segundos de “Virtual Geisha” (2001) o “Linear Accelerator” (2003) que en toda la discografía de The Hacker o Fischerspooner. Sea como sea, el caso es que muchos consideran a Stinson como el gran depositario de las esencias de Drexciya y a Donald como un elemento menor, que no estaría ahí de no ser por su antiguo compañero.

Un servidor, por supuesto, no comparte esa ojeriza por Donald. Es verdad que a partir de la muerte de Stinson se olvidó de las simas submarinas y comenzó a mirar hacia el cosmos; un viraje cuya expresión más exagerada se encuentra en su penúltimo proyecto, “Neutrino Programme”, un “interfaz entre la música electrónica y la investigación científica”, en el que dos conferenciantes hablan sobre física estelar y cosmología mientras se proyectan vídeos de galaxias lejanas y Dopplereffekt toca música de fondo. Pero también es cierto que en todo este tiempo ha mantenido ese gusto por la distopía y la crítica social que comparten todos los hijos de Underground Resistance, y que en algunos de sus discos ha salido a relucir ese sonido tan característico que cultivaba junto a su antiguo socio. Un sonido del que se ha hablado sobradamente en esta casa ( aquí, aquí y aquí) y que, como muy bien definió Kode9 en una entrevista para The Wire, “no es exactamente robótico… es más bien el sonido de una computadora con emociones, una computadora feliz, una computadora triste. No es esa visión de un futuro oscuro, tan típica del techno. Las melodías en Drexciya siempre tenían un espíritu muy funky; sus temas podían resultar fríos e inhóspitos, por supuesto, pero siempre tenían ese latido funky”. Dejo la cita aquí porque ese es también el sonido con el que trabaja NRSB-11, un nuevo proyecto que Donald gestiona a medias con uno de sus “alumnos”, Sherard Ingram. Y es que Ingram, el tipo detrás de proyectos como Urban Tribe o Mystic Tribe, debe su nombre de guerra como pinchadiscos, DJ Stingray, al propio Stinson, que le bautizó así cuando le ofreció que se uniera a Drexciya en una gira como telonero.

Como no podía ser de otra manera estando estos dos tipos por medio, “Commodified”, es parco en información y pródigo en misterio. De hecho, las notas interiores no hablan de Donald ni de Ingram, sino de Dataphysix y Micron Audio, posiblemente los heterónimos más oscuros que ambos productores han llegado a utilizar. También aparecen una tal Lana Jastrevski y, sorpresa, la granadina Penélope Martín (a la que recordarán los lectores con edad suficiente como para haber vivido el circuito andaluz del breakbeat a finales de los noventa), ambas responsables de esas voces ingrávidas, al borde de la fantasmagoría, que puntúan los temas del disco aquí y allá, y que ayudan a sostener el andamiaje ideológico del mismo. Y es que “Commodified” es un disco que trata sobre la imparable colonización del mundo por parte de las grandes corporaciones, y de lo impasibles que todos permanecemos ante esa situación. Estamos tan “acomodados”, vienen a decirnos, que nos conformamos con denunciar la debacle que nos rodea a través de las redes sociales para calmar nuestras conciencias.

Es un mensaje que se intuye nada más poner la aguja sobre el disco, con una “ Intro” sobre la que cae una cascada de arengas televisivas, mensajes radiofónicos y transmisiones codificadas: esa eterna, imparable sobredosis de información, que nos asalta a diario desde todos los frentes posibles. Menos de un minuto después llega “ Consummer Programming”, que sumerge sus explícitos mensajes ( “Mass consumption / Mass marketing”, recita la deshumanizada voz de una mujer) en un entorno que es puro Drexciya: sonido analógico, ritmos distribuidos por capas, melodías teñidas de misterio y ocasionales borboteos de distorsión. Una estética que aparecerá una y otra vez a lo largo del disco, ya sea apelando al electro más puro (en “ Living wage”, “ Dead Civilization” y “ Globalization”), sumergiéndose en el interior de oscuras escapadas minimalistas (“ Offshore Banking”) o tomando la forma de bonitos escarceos instrumentales, cercanos a una IDM de naturaleza líquida (“ Bioethics”, “ Laundered”, la estupenda “ Market Forces”). Un viaje por el lado oscuro del capitalismo más radical, cuyo clímax se encuentra en el último tramo del disco: esa calma tras una tormenta de voces agresivas que es “ Industrial Espionage”, los tensos ecos metálicos que brillan en “ Austerity” y el final casi bailable de “ Shadow Corp”; una despedida a lo grande, la guinda para uno de los mejores artefactos (¿quizás el mejor?) de electro que se han publicado en toda la temporada. Frío e inhóspito, sin duda, pero también funky hasta el tuétano.

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