Commitments Commitments

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Galapagoose GalapagooseCommitments

7.2 / 10

En cierto modo, recuerda a Baths. También a Bibio. Del primero, recoge sus pucheros pop digitalizados; del segundo, el folk sintético con emanaciones psicodélicas. Y con dichas constantes, Trent Gil no se limita a facturar una hibridación de aquí te pillo aquí te mato: al tipo le sobra talento para subir considerablemente las apuestas y facturar un sonido, a mi juicio, mucho más evolucionado, riesgoso y estimulante que el de los dos referentes mencionados (juntos).

Hay algo en la música cubista del australiano que trasciende los límites de synth-folk de última generación. Es un mundo de fantasía y silicio donde los distintos sonidos se agolpan en tromba, en idas y venidas sin lógica aparente. Eso sí, a vista de pájaro, uno distingue patrones de belleza y ecuaciones cerradas en perfecto equilibro. Entrópico en las distancias cortas, perfectamente ordenado en su totalidad, “Commitments” se convierte desde la primera escucha en una placentera inundación de melodías feéricas y electrónica evocadora; un universo aparte donde los delirios diallaístas se aclimatan a los gorgoritos otoñales de Gil y a un aparato musical con notable presencia de guitarras acústicas y teclados de videojuego infantil.

En “She”, por ejemplo, uno se topa con falsetes de duendecillo, claps californianos, mareas de efectos hipnagógicos y tonadas que parecen sacadas de una versión futurista de “Mi Amigo Totoro”. El de Melbourne es un maestro cuando entrelaza porciones de sonido y samples de forma improvisada; algo tendrá que ver en esto su habilidad en el manejo del sampler MLR: los que le han visto en directo aseguran que utiliza dicho programa como si fuera un piano, un instrumento más. “Hard Swallow” lleva el sonido 8bits a una dimensión de tristeza y espiritualidad difícil de encontrar en Digitalia: como si Boards of Canada hubieran hecho la banda sonora de “Legend Of Zelda”. Tan emotivo y epidérmico como “Snuffclutch”, un guiño a los sonidos ‘artificial intelligence’ de los 90s con altas dosis de sensibilidad y atmósferas sesteantes.

También hay viñetas más luminosas. Es ahí cuando el funk psicodélico con pedigrí Brainfeeder entra en acción: los toboganes cósmicos, el beat post-Dilla y los teclados tostados de “Winkler”; la percusión desencajada, el aroma a hierba californiana y los samples de voz deformes de “Planting The Seed”; el doo-woop venusiano parcheado hasta el paroxismo de “Break The Spell”… Eso sí, nada como la deliciosa “One Who Can’t Move”, perfecto rompecabezas de hip hop abstracto y pop futurista con un esqueleto directamente arrancado del tema “Send In The Clowns” de Frank Sinatra: imprescindible escucharlo en duermevela.

One Who Can’t Move

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