No Color No Color

Álbumes

The Dodos The DodosNo Color

8 / 10

The Dodos  No Color

FRENCHKISS

El público siempre ha visto detrás de The Dodos a Meric Long y Logan Kroeber, dúo de San Francisco que empezó este proyecto hace ya seis años. Por eso, cuando lanzaron su anterior álbum, “Time To Die” (Frenchkiss, 2009), mucha gente achacó su irregular resultado a la inclusión de un tercer miembro, Keaton Snyder, al vibráfono. Cierto es que su predecesor, “Visiter” (Frenchkiss, 2008), había dejado el listón muy alto, pero en todo caso, quien podría tener la culpa fue el productor, Phil Ek, conocido por sus colaboraciones con bandas como The Shins, Fleet Foxes y Band Of Horses. Aportó acertadamente un sonido algo distinto, menos agresivo y más preciosista, que a menudo recordaba a las composiciones de James Mercer, pero sin perder un ápice de su esencia. Haciendo caso o no a los fans, los californianos han vuelto a la formación original para este “No Color”, que es ya su cuarto disco.

Aunque se ha calificado a este nuevo trabajo como una vuelta a los orígenes, lo cierto es que hay muchos sonidos que han estado presentes a lo largo de toda su carrera, y que aquí puntualmente rozan el autoplagio. Quizá no se encuentran esos riffs de guitarra a lo Led Zeppelin que se apreciaban en “Paint The Rust” y “A Time To Die”, pero vuelve el vibráfono y las ráfagas abrasivas de percusión de Logan Kroeber, que en directo perderá tantos kilos como acostumbraba. Abren con “Black Night”, heredera directa de uno de sus mayores éxitos, “Fools”. Enlazan directamente con “Going Under”, cuyos tres primeros minutos suponen un descanso ante una intensidad que recuperan para su segunda mitad y donde demuestran que The Dodos han vuelto para ensordecernos.

De “Time To Die” heredan unas hermosas melodías que coquetean con la estridencia de la batería y la guitarra eléctrica. “When Will You Go” es una buena prueba de que se puede componer una canción ruidosa que suene bonita a la vez. Parte de culpa la tiene la voz de Meric, que abandona su registro más belicoso para adoptar uno más dulcificado. Pero también hay espacio para los tempos calmados. Y si una canción sorprende por encima de todas, esa es “Companions”, acercamiento pop acompañado por unos violines que deviene en la pieza más emotiva del álbum, y que lo mismo podría ir firmada por el trovador Owen Pallett (Final Fantasy).

Cuando conocimos la existencia de este cuarto álbum lo que más sorprendió fue la inclusión de Neko Case como voz invitada, algo que generaba tantas esperanzas como temores, pues de sobras es conocido el poderío de la vocalista de The New Pornographers, capaz de eclipsar a cualquiera. Sin embargo, el dúo se empeñó en asegurar que sólo serviría como acompañamiento en los coros y finalmente así ha sido. Elogiable es el hecho de que hayan conseguido encontrar un equilibrio para que la presencia de la pelirroja más conocida del indie sea un plus, especialmente en “Don’t Try And Hide It”, pero que a la vez no se la pueda echar en falta en los conciertos. Un buen fichaje para que cuaje la mezcla entre la batucada folk de “Visiter” con los pasajes más soleados de “Time To Die”.

Álvaro García Montoliu

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