Cole World: The Sideline Story Cole World: The Sideline Story

Álbumes

J Cole J ColeCole World: The Sideline Story

7.5 / 10

ROC NATION-COLUMBIA

Drake, Big Sean y ahora J Cole. Déjà vu. Esto ya lo hemos vivido antes. Me suena. Como no hay dos sin tres, repetimos la historia por si alguien se perdió los capítulos anteriores. Nueva estrella en ciernes se hace un nombre y gana reputación gracias a una serie de mixtapes brillantes que asombran al mundo y que, por supuesto, le llevan a firmar un gran contrato y preparar un debut del que se espera todo y más. Tiempo después, en el caso que nos ocupa esta vez más del deseado, aparece por fin la puesta de largo y la sensación generalizada es que, pese a la demostración y exposición de sus virtudes, el artista no ha sabido corresponder a las altas expectativas que él mismo había generado con sus lanzamientos callejeros. Es curioso que esta situación se haya producido de manera casi idéntica con los tres MCs que estaban destinados a convertirse en el relevo generacional de las grandes estrellas del firmamento actual. Curioso también que todos ellos presenten características expresivas similares y que respondan a un parecido, si no igual, patrón estético y sonoro.

Si me preguntan, diré que J Cole es quien mayor talento atesora de los tres. No sólo por su solvente y por momentos impresionante manera de producir sus propios beats, hecho que ya le da un plus creativo en la comparativa, sino también por su universo lírico, más complejo, interesante y rico que el de sus dos competidores. Si Drake definitivamente se ha centrado en explotar esa versión sofisticada del negro emo contemporáneo, mojabragas y atormentado a partes iguales, y Big Sean se conforma con recrear, una y otra vez, los placeres del éxito y la fama, sin mayor trascendencia, nuestro protagonista ofrece una lírica más inclasificable en la que se percibe más profundidad temática y emocional. Drake quizás domina mejor el lenguaje y es más habilidoso como contador de historias, pero Cole hace gala de una personalidad fascinante y de una paleta argumental más amplia.

“Cole World: The Sideline Story”, como ya decía, no es el disco que esperábamos. Le faltan dos o tres canciones rotundas que puedan funcionar a modo de himnos y, sobre todo, le falta transmitir la sensación de que aquí hay algo grande y de que Cole es capaz de cruzar la frontera del midstream sin renunciar a sus gustos e inquietudes. Es como si el hecho de grabar para Roc Nation y aspirar a erigirse en una nueva estrella obligaran a Cole a reposicionar su propia música en un contexto que a él mismo parece no interesarle. Cuando intenta facturar singles para satisfacer expectativas comerciales no es capaz de dar con las teclas adecuadas – “Can’t Get Enough”, con Trey Songz, o “Nobody’s Perfect”, con Missy Elliott, no funcionan como hits potenciales–, y de las colaboración estelar con Jay-Z no surgen las chispas esperadas. Necesita más magia, fuerza e intensidad para devenir ese debut que muchos teníamos en mente cuando nos dejamos sorprender por sus mixtapes.

Dicho esto, no todo son malas noticias. Al contrario. Aunque el álbum cojea y su autor necesita convencernos de que es capaz de grabar hits, J Cole tiene una visión musical apasionante que le distancia para bien de muchos compañeros de estatus. Su muestrario de beats apela a un sonido extraño, complejo y escurridizo en el marco del hip hop comercial que le dignifica como productor novel con ganas de seguir creciendo. Canciones como “Lights Please” (recuperada de su mixtape “The Warm Up”), “Lost Ones”, “God’s Gift”, “Breakdown” o “Dollar And A Dream III” ponen de manifiesto que al MC y productor le interesa mantener en todo momento un equilibrio entre la introspección, la contemporaneidad y la pista del club, ofertando una serie de beats, loops y jugueteos instrumentales a los que resulta muy complicado aplicar etiqueta o clasificación, pues no siguen ninguna regla o lógica estética. Es un lienzo atípico en el contexto del hip hop masivo –esas son sus pretensiones, a fin de cuentas–, como también lo es su faceta como rimador y letrista. J Cole no tiene miedo a la hora de hablar de temas como la infidelidad, el desamor, la pérdida o las interioridades de la fama, y lo hace con una honestidad y facilidad impropia de un tipo de su edad y su proyección.

¿Es “Cole World: The Sideline Story” el debut del año? No. ¿Responde plenamente a las expectativas? Tampoco. Pero que nadie nos confunda. Aunque no hayamos visto satisfechas las esperanzas en su totalidad, esta puesta de largo contiene suficientes elementos en su contenido como para tener en cuenta dos cosas de notable relevancia. La primera, que J Cole va sobrado de talento y agallas para reafirmar su discurso en un marco de gran impacto popular y que no se ha dejado amedrentar por los designios de la industria. Demuestra personalidad. La segunda, que con canciones inapelables como “Lights Please” o “God’s Gift”, que lucen una morfología en las antípodas de cualquier hit fast-food y que son motivos más que suficientes para pasar por caja, el de Carolina del Norte deja claro que no quiere ser flor de un día ni un nuevo juguete roto de la industria. Apuesta a caballo ganador.

David Broc

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