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The XX The XXCoexist

9.2 / 10

Pasado el tiempo y tras incontables escuchas a su álbum de debut, “xx”, uno puede llegar a preguntarse si The xx es lo mejor que ha dado la música –en su ámbito– en los últimos tres o cuatro años. Y la conclusión a la que se puede llegar es que, en todo caso, si algún grupo puede estar a la altura, o incluso superarles ligeramente, es Girls. Aunque hay algunas diferencias entre ambos. Los de San Francisco, ahora (potencialmente) disueltos, tenían la ventaja de haber sacado más música al mercado. Pero los londinenses cuentan con dos factores que les hacen francamente únicos y excepcionales. Para empezar, una estética muy cuidada. Desde su elegante logo a su sobrio vestuario, pasando por una puesta en escena triangular, todo está cuidado hasta el más mínimo detalle. A esto hay que añadir un sonido muy característico que, sí, remite en la lejanía a bandas del pasado tan diversas como Young Marble Giants, Chris Isaak o The Cure, pero les hace genuinos, como ninguna otra formación del momento. Con el tiempo esta fórmula de pop minimalista, oscuro, plagado de silencios y un extraordinario manejo del espacio se ha ido imponiendo en los últimos tiempos, pero esto tiene más que ver con cuestiones coyunturales, no es que se hayan establecido tanto como influencia capital, sino más bien como portaestandartes.

Si la idea de dar continuidad a “xx” ya se hacía difícil para sus seguidores (¿cómo afrontarlo?, ¿cómo cambiar un sonido tan marcado y singular?, ¿cómo buscar una fórmula de perfeccionamiento sin caer en la repetición?), más lo habrá sido para el trío. Según declaraciones que llegaron hace unos meses, algo que ha marcado la producción de “Coexist” son los proyectos paralelos de Jamie Smith como productor y DJ. En su momento llegó a decirse que la música de club había influenciado este trabajo, algo que muchos quisieron entender como que el LP iba a ser de baile. Una vez escuchado queda claro que no es así. Pero no engañan a nadie, porque una cosa es la música de club y otra la música para club. Y este segundo largo, más que evocar imágenes de discotecas plagadas de gente, parece querer poner el foco en lo que sucede después, fuera de ella, incluso a la mañana siguiente en la que se impone la resaca, el resquemor y los recuerdos de los desencuentros amorosos te atacan como puñaladas en el corazón.

Estos tres años han servido para que todos crezcan como músicos en todos los sentidos, pero es evidente que ya sea por ser el productor o porque los tres han tenido la decisión consciente de otorgar más protagonismo a las bases, quien gana la partida es Jamie Smith. Él maneja “Chained”, una pieza rítmica con beats de herencia burialesca. A partir de ahí los elementos que entran en juego son escasos. Una única línea de guitarra que aparece fugazmente y los primeros juegos vocales entre Romy y Oliver, que parecen entrar en una suerte de diálogo conflictivo, dramático, pisándose uno a otro. La temperatura sube en “Sunset”, donde entra en juego un bajo rematadamente sexy, casi funk, con una percusión cruda. Aquí se incluye, además, una de las mejores letras que han firmado, con versos para enmarcar (“ when you see me again / I will greet you as a friend / It is understood / That we did all could”). Esto merece un capítulo aparte. Si el debut lidiaba más con el amor, aquí nos topamos con una ruptura, de cómo lidiar con ella, de relaciones amorosas tan intensas que acaban trágicamente y que semanas después desencadenan en un encontronazo violento e incómodo ( “I always thought it was sad / That we act like strangers / After all that we had / We act like we had never met”). Hay una trágica resignación en estas palabras y una muestra de madurez. El trío estelar en el apartado bailable se remata con “Swept Away”, realmente la única canción que podría llegar a pinchar algún DJ y posiblemente lo mejor de este trabajo, un verdadero himno. Tiene unas formas que le acercan al house de divas, especialmente por la impagable entrega de una felina Madley-Croft, convertida por unos minutos en Tracey Thorn.

Es aquí donde Romy ha sabido dar un gran paso adelante, ganar una confianza enorme que sorprende si la comparamos con esa timidez que le caracterizaba en los primeros conciertos tras editar el debut. Su partenaire también tiene sus grandes momentos, como esa “Fiction” que es la primera canción que canta en solitario (si consideramos a “Fantasy” un interludio). Oliver demuestra aquí y en otros cortes mucha seguridad, lo que le permite adoptar registros más bajos, casi de barítono, añadiendo un plus de trascendencia y cotas de emoción. La pieza, además, supone un buen ejemplo de cómo manejan los silencios, de su maestría a la hora de escribir versos evocadores ( Fiction / When we're not together / Mistaken for a vision / Something of my own creation”) y de cómo imponen cambios de ritmo inesperados, aquí con un beat muy seco que aporta un aire descorazonador.

Los elementos clave de “xx” siguen estando aquí, pero de una manera mucho más espaciada, haciendo especial énfasis en el minimalismo. Pocas veces suenan más de dos instrumentos a la vez. El perfeccionamiento pasa por una mejor construcción de las canciones, con la intención de jugar con las expectativas del oyente. “Angels” podría haber encajado perfectamente en el debut, una pieza de extraordinaria belleza, con una línea de guitarra esquelética, plagada de silencios y susurros de Romy, a lo que añaden una percusión que se oye en la lejanía con un punto inquietante. En todo momento esperas que llegue un beat que nunca aparece. También entran en juego otros instrumentos con mayor o menor protagonismo. “Reunion”, por un lado, está guiada por los tambores metálicos de Jamie, mientras que en “Tides” aciertan de lleno con la inclusión de unas sobrias cuerdas, que en ningún momento se hacen empalagosas ni recargan el corte. Se convierten, así, en un elemento más para aportar calidez, como en otros pasajes lo hace la voz o el bajo. Hay que destacar, además, ciertas novedades por lo que respecta a las técnicas de interacción vocal. Aunque normalmente las voces de Oliver y Romy entran en diálogo, en “Missing” se intercambian los roles a mitad de canción. Mientras que al principio Sim lleva el mando y ella queda relegada a unos discretos coros, pasados dos minutos ocurre a la inversa. La canción también resulta apropiada para ejemplificar esa mejoría en la composición que se comenta. Esos cinco segundos de silencio tras un “And now there is no hope for you and me” transmiten más que muchos temas.

Evidentemente, el disco tiene sus puntos flojos y el caso más evidente es “Unfold”. Pero los peores The xx siguen siendo unos músicos notables. La pieza recurre de nuevo a la temática amorosa, pero no llega al nivel de grandeza de “Sunset”. Es serena, delicada, de las más intimistas del lote junto a “Angels”, pero le falta esa pegada emocional que sí tienen el resto de piezas, lo que la hace, probablemente, la peor que han escrito (aunque gusta ese ritmo mecánico, casi de locomotora). “Try” es extraña y ligeramente insatisfactoria. Con todo, introduce elementos interesantes, como esa especie de lamento de sintetizador que recorre la canción. Tiene un punto aterrador, una característica que también se puede encontrar en “Fiction”, una de las mejores líneas de guitarra del disco y unos sonidos que recuerdan a olas chocando contra las rocas en medio de una tormenta. “Our Song” es un cierre más que digno, una estupenda manera de redondear la faena, pero está algo por debajo de “Stars”. Con todo, siempre hay donde rascar. Resulta interesante todo el tema autorreferencial, que algunos pueden interpretar como irónico, y un toque fuzz hacia el final.

“Coexist” es muchísimo más de lo que se podía pedir a The xx. Se han mantenido fieles a sí mismos, no traicionando un sonido que es seña de identidad, casi icónico. Han entendido a la perfección la idea del menos es más, haciendo exactamente lo que mejor saben hacer, once canciones de alta intensidad emocional, de profundo calado, melancólicas y con ocasionales dosis de épica a su manera (se agradece que, por ejemplo, “Missing” se haya quedado como está y no haya caído en los desagradables vicios de muchos de sus compatriotas). Ahora sí, sin ningún género de dudas, estamos ante los mejores músicos de su generación.

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