Coastal Grooves Coastal Grooves

Álbumes

Blood Orange Blood OrangeCoastal Grooves

7.5 / 10

DOMINO / PIAS SPAIN

Las apariencias a menudo engañan. Y en el caso de Blood Orange las apariencias cuentan, no son cosa para nada baladí. Empezando por el cambio de alias (atrás quedan los tiempos de Lightspeed Champion, al menos de momento), siguiendo por la muda de look (acudan al vídeo de “Dinner”, su carta de presentación, y véanle luciendo nuevo cabello trenzado muy de escuela afroamericana, gorra con visera al revés, y hasta pendiente “Air Jordan” colgando del lóbulo) y por su nueva voz afalsetada. El weirdo Devonté Hynes ha querido convencernos de un cambio de dirección total que a la postre no lo es tanto, o no tan definitivo como cabría pensar. “Coastal Grooves” es el testimonio de su nueva circunstancia vital. La prueba de que su traslado a Nueva York, sus aventuras nocturnas y sus nuevas amistades (gente como Theophilus London, CANT, Twin Shadow, Cassie o Solange Knowles en lo que se refiere al plano musical) le han dejado marca. La transformación apunta más que buenas maneras, pero su nueva persona está aún lejos de resultar completa. Aún tiene que cuajar.

El nuevo Hynes se presentó en sociedad de la mano de Terrible con “Dinner” y “Bad Girls”, dos inspirados ejercicios pop de argamasa sintética con cierto resabio a boogie ochentero que hacían presagiar un giro hacia terrenos más “funk”. Pero no. O no tanto como algunos esperábamos. Blood Orange no apuesta a una sola carta, y lejos de dejarse atrapar por los demonios del groove y el melodrama sintético se debate entre unos pastos estilísticos razonablemente amplios que rara vez devuelven la misma luz que esas dos primeras canciones. Sólo “Champagne Coast” y “Sutphin Boulevar” insisten de forma clara en juntar sobre un mismo plano la sensualidad nocturna del R&B y ese smooth-pop propio de los años ochenta sinónimo de lechos sintéticos con un punto exótico. Ahí los arreglos pueden hacerte pensar, aunque siempre con distancia, tanto en F.R David como en Mtume, en The Blue Nile y en Central Line, en Cameo y en Japan; incluso en la más madura Yellow Magic Orchestra. Y resulta que “Sutphin Boulevar” es, además de una de las mejores canciones de Blood Orange hasta la fecha, el primer single oficial del álbum. De nuevo, Hynes jugando bien la baza de las apariencias.

Si alguien se acerca a “Coastal Grooves” tomando como referencia esas tres cartas citadas, las canciones con las que Blood Orange se presentó en sociedad, se sorprenderá al comprobar que “Forget It” es puro power pop de guitarras (con su punteo de rigor incluido). Un pequeño chasco, por inesperado, que queda matizado cuando llega “I'm Sorry We Lied” destilando esencias new wave. Son canciones básicas, dominadas por las seis cuerdas, carentes de cualquier tipo de groove, y en las que la presencia de elementos sintéticos (cajas de ritmo de paso invariable y timbre tirando a seco) es puramente anecdótica. “Can We Go Inside Now” suma hierro al desconcierto, sonando como lo haría un improbable encuentro entre Brett Anderson (lo juro: la voz de Hynes nos regala giros que pueden recordar al líder de Suede en su faceta menos histriónica), Chris Isaak y unos Bad Seeds extrañamente contenidos; todo rematado por unas líneas de guitarra que por momentos hacen gala de cierto regusto oriental, como de orfebrería pop japonesa. “Complete Failure”, por su parte, apunta a terrenos más fronterizos, trenzando guitarras à la Marc Ribott y coros de spaghetti western para que Hynes despliegue su encanto de crooner lascivo. ¿Confundido?

Entre las apuestas más cadenciosas hay que contar “S'cooled”. El tema, escrito desde la perspectiva de una mujer, empieza cabalgando sobre una línea de bajo de filiación disco funk que pronto se transforma en una suerte de dub de intención leftfield. La canción se planta a medio camino entre el pulso bailable de unos Big Two Hundred y una versión amable, sedada y libre de aristas de los PiL de “Death Disco”. La influencia del dub y el punk-funk en su versión más higienizada también se hace patente en “Instantly Blank” y “The Complete Knock”. Un tema, este último, que por momentos, a la luz de sus juegos de guitarras, puede hacer pensar en unos Foals más atildados y rectos, temerosos de soltarse el pelo por miedo a pillarse los dedos si dejan de escuchar el metrónomo.

Hynes se ha inventado un nuevo traje noir, de sastre americano e inspiración más ochentera, para cantarle a sus experiencias -y fantasías- en turno de noche por las calles de Nueva York. Los anhelos, la soledad, el amor, la ambigüedad sexual, los celos y el deseo en todas sus formas y acepciones alimentan unas canciones que se debaten entre lo sórdido, lo tragicómico y lo sentimental. Son canciones ligeras, templadas, enjutas pero bien formadas, que invitan a pensar en “Coastal Grooves” como la mejor obra de Hynes hasta la fecha, aunque esté lejos de ser un trabajo redondo. Canciones como “Dinner” o “Sutphin Boulevar” deberían ser el rasero para medir los logros de Blood Orange en el futuro. El día que sea capaz de enlatar diez temas como esos nos quitaremos el sombrero en su honor. De momento, aún queda camino por andar.

Luis M. Rguez

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