Cloud Room, Glass Room Cloud Room, Glass Room

Álbumes

Pan•American Pan•AmericanCloud Room, Glass Room

7.2 / 10

Poco antes de ponerle fin a Labradford con “Fixed::Content” (2000), un buen disco de post-rock ambiental que, de todos modos, cerraba en falso la carrera del trío de Virginia –hubiera sido mejor dejarlo por todo lo alto el año anterior, con el casi religioso “E Luxo So”–, Mark Nelson ya había comenzado a prepararse el terreno para una carrera en solitario con “Pan·American” (1997). El álbum daba nombre al proyecto unipersonal y aparentemente igual de acuoso que lo que habían estado realizando Labradford desde “A Stable Reference”, pero, además de las guitarras infinitas que se perdían en la inmensidad de un espacio nublado, en Pan·American había un mayor peso de la electrónica y detalles de producción muy similares a los de algunos discos de ambient-dub del momento. Más tarde la estética de Nelson fue musculándose, evolucionando hacia las fronteras del techno en “360 Business / 360 Bypass” (1999), y parecía como si aquello fuera a ser una réplica desde el post-rock y Estados Unidos a artistas como Pole. El problema fue que, a pesar del apoyo incondicional de Kranky y una ristra numerosa de buenas críticas, a Nelson no le acompañó la suerte como debía, y se quedó a medias entre dos mundos, el de la electrónica off-club, que no le acababa ni de aceptar ni de comprender, y el del post-rock, que le seguía manteniendo el apoyo pero con sospechas fundadas de renegado. Y desde entonces la carrera de Pan·American ha sido estable y fértil, pero cada vez con más distancia de tiempo entre disco y disco. Hace ya cuatro de “White Bird Release” (2009), y quizá nos habíamos olvidado de él. Otros artistas de Kranky con una línea de acción más clara y directa como Tim Hecker o Loscil han acabado ocupando el espacio que muchos años atrás ocuparan Labradford y quiso reconquistar Nelson.

Eso no significa que durante todos estos años Pan·American no haya dejado de ser un proyecto de culto. “Quiet City” (2004) y “For Waiting, For Chasing” (2006) son obras mayores en su género, el del ambient expansivo construido a partir de la guitarra, ciertamente sin los glitches y la desesperación de Fennesz, pero ofreciendo a cambio la esperanza de un amanecer de luz tibia. Mark Nelson era el tipo de artista que trabajaba solo, y al que la soledad le impulsaba a construir estos discos de una sobriedad y un solipsismo que por un lado resultaban hipnóticos, pero que por otro podían llevarle al estancamiento. Estos cuatro años de silencio hasta la llegada de “Cloud Room, Glass Room”, al parecer, se los ha tomado el artista para repensar su proyecto, y finalmente parece que ha salido con la decisión obvia: había que volver a tener más músicos alrededor.

Es curioso que Pan·American ahora sean tres –como lo fueron Labradford– y que uno de los dos músicos nuevos sea Robert Donne, con quien ya compartiera banda a mediados de los 90. Se suma Steven Hess, de Cleared, y con ellos ahora el sonido es más abundante y móvil, con percusiones que acentúan todas las texturas ambientales y conducen la música en círculos y zig-zags, hasta el punto que del ambient lineal de antes ahora se ha pasado a algo muy próximo a lo que hacían Tortoise ( “The Cloud Room”) o incluso bandas de doom metal como Earth ( “Virginia Waveform”). Las piezas de expansión minimalista ahora son minoría frente a otras que persiguen algún tipo de catarsis o confrontación por la vía del noise, la electroacústica, el dark ambient o incluso el post-rock con trazas matemáticas. Y aunque en este camino hemos perdido a un Mark Nelson fiable en su descripción de la música del limbo, hemos ganado un nuevo autor que parece no tener miedo a entrar a explorar su lado oscuro. Si esto es la transición a un nuevo y fascinante mundo de miedos lo sabremos en el próximo disco, y ojalá no haya que esperar tanto tiempo.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar