Clear Moon Clear Moon

Álbumes

Mount Eerie Mount EerieClear Moon

7.9 / 10

La decisión de Phil Elverum de cambiar el nombre de su proyecto en la música en 2003 no fue casual, ni siquiera un capricho. Si The Microphones pasó a ser Mount Eerie fue porque aquel gesto en apariencia frívolo suponía para el autor la aceptación de un código nuevo, una forma diferente de enfocar su creatividad a través del sonido. Como Lars Von Trier en su aventura Dogma (o más tarde en el experimento “Cinco Condiciones”), el estadounidense aceptaba de esa manera seguir unos caminos delimitados. Su objetivo fue desde el principio el de crear un sonido propio, inspirado en la calma del folk, pero cubierto por toneladas de oscuridad, sacudido por ruidos que se repiten en bucle y voces sigilosas que parecen anunciar siempre algo trágico.

Esto es precisamente lo que encontramos en “Clear Moon”, un disco inquietante y desapacible, sorprendente y enigmático. En realidad, se trata de la primera de dos partes grabadas al mismo tiempo. Habrá que esperar hasta el otoño hasta que podamos escuchar la continuación, que llevará el nombre de “Ocean Roar”. Mientras que aquél, asegura su autor, será “más raro, oscuro y pesado”, saturado de órganos e inspirado en el black metal y el espíritu experimental de Terry Riley y Steve Reich, éste es un álbum más accesible, guiado por hipnóticas capas de guitarra. “Mi idea es que ambos trabajos representaran la dicotomía entre un cielo despejado con la luna y una espesa niebla sobre la cabeza”. Cuenta también el compositor que todas las canciones las grabó durante 15 meses en The Unknown, un estudio que se ha construido en una iglesia católica que llevaba 30 años sin utilizarse como tal.

Uno puede imaginarse a este freak del sonido encerrado durante horas en una habitación gigantesca cubierta de vidrieras, probando nuevos sonidos y haciéndolos rebotar contra las paredes del edificio con increíble paciencia. Cada día, el bueno de Elverum iba andando desde su casa hasta allí. Y ese proceso repetitivo y constante es el que fue dando forma a las canciones, que se convirtieron en una forma de expresar lo que el autor siente al vivir precisamente en ese lugar y en ese momento. En este sentido, “Clear Moon” no es tanto una obra sobre Anacortes (Washington), una ciudad próxima a Seattle de apenas 20.000 personas rodeada por bosques de árboles altísimos, como un relato sobre la vida que el cantante lleva allí y sus pensamientos más íntimos.

Para crear esta sensación un tanto onírica y sugestiva, Elverum divide el conjunto en distintos capítulos, que no tienen necesariamente una conexión lógica. Así, se producen saltos abruptos, como en el caso de los dos primeros cortes, en los que se pasa del folk pop de “Through The Trees pt. 2” a la tormenta eléctrica de “The Place Lives”. También hay dos breves interludios instrumentales, “(something)”, que bien podrían ilustrar alguna película de terror psicológico. Pero la clave está en cortes como “The Place I Live” y “Over Dark Water”, en los que el ruido, el reverb, la negrura y la tensión explotan sin control. En este último, por cierto, pone las voces la canadiense Ô Paon, la mujer del autor, que le acompañó en la reciente gira que hicieron junto a Earth.

La idea que Mount Eerie tiene acerca de la música es indudablemente conceptual, por eso uno espera escuchar los dos discos a la vez, pues así es como fueron paridos, pero en este primer trabajo el autor ya deja varias pistas de lo que le pasaba por la cabeza mientras componía estas melodías. Escucharlo es sufrir pánico ( “Lone Bell”), imaginarse envuelto en una extraña ceremonia litúrgica ( “Clear Moon”) o sentirse, en fin, solo e incomprendido en un mundo vacío y sin sentido ( “Yawning Sky”).

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