City Limits Volume 1 City Limits Volume 1

Álbumes

Silkie SilkieCity Limits Volume 1

8.3 / 10

DEEP MEDI MUSIK

El debut de Silkie para Deep Medi Musik (el sello de Mala, mitad de Digital Mystikz) es uno de esos discos que hacen que a uno le apetezca hablar de madurez de un género, el dubstep, que se ganaba su mayoría de edad aún hace menos de un lustro. Madurez porque el de este joven londinense, miembro de la Anti-Social Entertainment crew y camarada del príncipe del grimey dubstep (el amigo de lo púrpura, Joker), es un disco prudente, sutil, juicioso y a su manera sesudo. Un trabajo sofisticado, en el sentido de elegante y refinado, pero también en su acepción de mecanismo técnicamente avanzado, depurado y complejo, que rebosa intenciones y matices. Quien busque que le zumben a base de wobble y frecuencias enfermas que mire hacia otro lado; quien necesite un masaje de tripas a manos de ese otro bombeo dubstep oscuro, rudo, profundo y elástico, que no se acerque a este álbum. O mucho mejor: que se acerque, pero con tiento, con la debida curiosidad y paciencia, porque aunque haya más de un corte que pueda parecer algo blanduzco e inocuo de más al principio, la cosa acaba calando. Y de qué manera.

Por sus elaboradas dinámicas rítmicas, sus coqueteos con el soft-jazz y el funk (funk bruñido y pulimentado a lo “Area Reservada”, heredero de las sonoridades propias de la fusión jazz-funk de los setenta, de gente como Lonnie Liston Smith o Roy Ayers), y esas texturas de ánimo plácido -por momentos apuntando al imaginario melódico del Detroit techno, pero sin llegar- que rebajan la tensión entre golpe y golpe de caja, no es difícil ver en este “City Limits Volume 1” el equivalente en materia dubstep de aquel drum'm'bass mesurado, sofisticado, ambientalista y mansamente cósmico -artcore le llamaban- que a mediados de la década de los noventa impulsaron LTJ Bukem, Foul Play, Omni Trio, P.F.M. o Q Project desde sellos como Good Looking o Moving Shadow; sonidos sofisticados y deleitosos que surgieron como reacción “inteligent” a la crudeza del ragga-jungle. Apuntando en ese mismo sentido, el joven Silkie se orienta hacia el dubstep con brillo, hacia una suerte de half-step luminoso y de escucha horizontal que encaja mejor en casa ventilada o en el entorno de una terraza fina que al abrigo de un club oscuro y sudoroso como el FWD>>.

Decíamos arriba que el primer largo de Silkie es un disco depurado, bien cargado de matices, intenciones melódicas y dinámicas que cuesta escuchas ir apreciando. Y es que a pesar de su corta edad (24 primaveras), el chico tiene callo. Lleva produciendo desde los 15 años, y su dominio de los recursos que le ofrece el estudio pronto se dejan notar en canciones como “ Purple Love” o “Head Butt Da Duck”, cortes que nos acercan al colorido G-Funk del Joker más contenido. Poco después “Sty” juega a sacarle brillos a una cadencia que es por momentos puro reggae.Y las piezas encajan.

Más vaporosa y mudable, “Quasar” nos lleva a flotar en planos de drum'n'bass atmosférico justo antes de que “ Planet X” sorprenda por hacer gala de una sofisticación armónica que hace pensar en el Roni Size de “New Forms” tanto como en el UK Garage empapado de soul de MJ Cole. “Cats Eyes” gana a un mismo tiempo en emotividad (esos colchones de ambient crepuscular, algo menos húmedos que los de Clubroot) y contundencia (esos bajos gordinflones), mientras que “The Beauty” o “The Horizon”, con sus dibujos de piano, sus bajos elásticos y sus explosivas líneas melódicas con regusto a jazz eléctrico, hacen gala de un feeling instrumental, elegantemente orgánico, que pocos habían intentado explotar antes dentro del negociado dubstep.

Más en los extremos, es recomendable esquivar con cuidado los saxos y el ánimo excesivamente reposado de “Concrete Jungle”, porque pueden despistar y hasta espantar. Tengan paciencia, que para compensar la seda de más ahí están “Spark”, de base más seca y ajetreada, la abisal primera mitad de " Head Butt Da Duck” o “Techno 22”, más ácida, más psicótica, más ravera. Ese trío te hará agitar hombros y cabeza, aunque sin perder nunca la compostura y el gesto.

“City Limits Volume 1” es un álbum cohesivo, equilibrado y rebosante de estilo. Un debut muy a tener en cuenta dentro del record de lo acaecido en el hardcore continuum durante lo que llevamos de año.

Luis M. Rguez

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