Circles Circles

Álbumes

Moon Duo Moon DuoCircles

7.5 / 10

El hombre y la tierra. Tal y como están las cosas de calentitas en las calles españolas, por fin uno puede citar a Thoreau sin miedo a que le llamen pedante. El padre de la “desobediencia civil” es tendencia social y objeto de reedición, aunque no deberíamos olvidar que sus otras grandes ideas tienen que ver con la naturaleza, con el retorno a los bosques, a la cabaña ideal, y, en general, con la posibilidad de que el hombre se desligue del Estado y madure como individuo fuera de la sociedad, como dejó escrito en Walden tras un retiro temporal. Antes de Thoreau, de Whitman y de otros proto-hippies, sin embargo, estuvo Ralph Waldo Emerson (1803-1882), cuyos escritos también han servido de inspiración a Moon Duo para su nuevo álbum, especialmente un ensayo de 1841 titulado “Circles”. Por resumir y para no ponernos estupendos, que luego nos quejamos de dolor de cabeza, Emerson veía la huella de dios en todos lados, incluso en el cosmos, y creía que la naturaleza y el hombre, a imagen y semejanza de su creador, podían ser representados a partir de un círculo. Y más: que la vida del hombre no es otra cosa que una sucesión de círculos que a su vez contienen otros círculos, y círculos y más círculos. Como en Google+, pero por la vía mística. Según cuenta el grupo en su web, “‘Circles’ [el álbum] es el resultado de un largo invierno de aislamiento en las Montañas Rocosas”, aunque en realidad el trabajo previo se extiende durante seis meses y varias localizaciones, fundamentalmente Blue River, un pueblo de Colorado que, según leo por ahí, tiene menos de 1.000 habitantes. Vamos, que el retiro temporal y el entorno natural los damos por supuestos al menos en la gestación de este disco que, eso sí, como el anterior, “Mazes” (2011), ha sido rematado en Berlín.

La O con un canuto. En este caso las portadas hablan por sí solas: “Mazes” era un disco monocromo y grumoso como las viejas fotografías de la Luna, perforado en su interior por los ángulos rectos de un laberinto por el que al oyente más despistado no le costaba demasiado perderse. Por su parte, “Circles” resulta menos hermético y avanza, adivinaste, haciendo círculos. Aunque las coordenadas del grupo siguen bien marcadas (Suicide, krautrock, psicodelia, repetición e hipnotismo, trance y chamanismo eléctrico), el nuevo material hace gala de un colorido que facilita que no haya tanto peligro de extravío como en el claustrofóbico “Mazes” o en el todavía más opaco “Escape” (2010). El dúo formado por Ripley Johnson (guitarrista de los imprescindibles Wooden Shjips) y Sanae Yamada ha hecho un esfuerzo de contención, con una media de 4:30 minutos de duración por canción, e incluso de cierto acercamiento pop, como muestran en la redonda “Circles” y, sobre todo, en el suave trance de “Trails”, donde estos Royal Trux del drone suenan como podría sonar la Velvet si les hubiese producido Phil Spector: dulces y extremos. “Sleepwalker” es lo más cercano a un single, con todo lo que eso conlleva, especialmente ese videoclip coreografiado-lisérgico-ochentero-y-bigotudo donde la estrella del garage King Khan hace las veces de gurú del aerobic, demostrando que no se toman tan en serio como parece. Repetitivas e hipnóticas, sí, pero “I Can See” y “Sparks” también lucen estribillos que hasta se podrían tararear. ¡ “Free Action” incluso se podría bailar, con esas palmas! “Dance Pt. 3” y “I Been Gone” forman el cuerpo central, y más clásico, del disco, donde Moon Duo suenan a… er… esto… a Moon Duo. Y en realidad sólo hay un momento para el despiporre instrumental y para alinear nuestra mente con el espacio exterior: “Rolling Out”, robustísimo cierre que, con seis minutos y medio, es la única concesión al exceso de un álbum de lo más accesible. Bienvenidos al templo de los lunáticos a todos los nuevos oyentes del grupo. Si nunca os habéis acercado a rezar hasta aquí arriba, este es vuestro momento y estas son las oraciones para el día de hoy.

Predicar en el desierto. No entiendo la desgana con la que algunos blogs y medios especializados se han acercado al disco. O sólo puedo entenderla como un efecto secundario de la propia música del grupo, que desprende pasividad, apatía y aburrimiento en según qué oyente. Nada nuevo, en cualquier caso, que no transmitiera ya el material anterior. Para hacerle justicia al grupo, convendría recordar rápidamente sus movimientos en el último año, y al menos dejar constancia de que, aunque limitada, su paleta, lejos de estar agotada, todavía puede dar mucho juego: 1) un EP lento e instrumental casi en su totalidad para Halloween titulado “Horror Tour”, inspirado en “temas de un antiguo libro de hechizos que el grupo encontró en una librería de New Hampshire”; 2) un monstruoso single en vinilo de 21 minutos de puro rock cósmico que es mandanga de la buena, titulado “High Over Blue”, creado para Sleeperhold, una plataforma experimental con fecha de caducidad (10 referencias sin tema, formato ni audiencia determinada, después adiós); 3) y un single compartido con Psychic Ills, este enmarcado, digamos, en un rock ácido más bien tradicional. Y de postre, un “Mazes Remixed” lanzado hace pocos meses donde dejaban meter mano a sus temas a gente tan afín como Cave o Sonic Boom, entre otros. Es decir, quien a estas alturas no haya encontrado ningún elemento mínimamente atractivo en la banda, que abandone: solo hallará aquí un desierto, kilómetros de arena sonora. Una indigestión. Una pirámide redonda imposible de escalar. Como seguidor del culto, creo que “Circles” es un disco que, como mínimo, complementa a “Mazes”, rellena sus huecos y, lo que es más importante, sus temas consiguen trascender y superar ese espejismo, esa molesta sensación que a veces queda tras escucharles, de que no son más que partes de una jam de dos músicos en pleno delirio musical.

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