Chinoiseries pt.2 Chinoiseries pt.2

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Onra OnraChinoiseries pt.2

7 / 10

Onra

ALL CITY

Los arrozales ceden ante la música de Onra y ondean como un fluido a merced de las ventiscas de beats. Vietnam y Camboya se postran ante un cielo gris que parece mercurio. Los ecos de “Chinoiseries pt. 2” reverberan en los gorros triangulares de los campesinos. Arnaud Bernard es muy bueno. No lo digo yo. Lo dicen los incontables admiradores que se ha granjeado en los circuitos del hip hop instrumental de nueva generación. Pocos cerebros afincados en la vieja Europa han conseguido perfeccionar con tal derroche de talento las enseñanzas de la tostada californiana y sacar tanto partido a la clásica fórmula de “samplea, corta, pega y fuma”. Y encima evocando culturas lejanas a modo de generosa propina.

No es la suya una trayectoria baladí. Para descubrir los parabienes de sus abstracciones dillaístas es obligatorio comprar el apasionante “1.0.8”. Para conocer su faceta más accesible, hay que acudir a los surcos de “Long Distance”, una lección magistral de R&B retrofuturista. De todos modos, su proyecto más sui generis y desafiante es la serie “Chinoiseries”. Cuatro años después de la edición del primer volumen, Onra vuelve a invocar a sus ancestros –sangre indochina en las venas– con el mismo collar de huesos, el mismo mantra, los mismos misterios. El proceso de fabricación es fácil. Bernard se aprovisiona de vinilos de música vietnamita en las mismísimas tiendas del país asiático y los descompone en partículas de folklore para volver a construir un imponente Lego de abstract beats con entrelazamiento cuántico entre Hanoi, París y Los Ángeles. Lo que en un principio suena como el capricho de un tipo intentando reconciliarse con sus raíces es, en realidad, uno de los experimentos más estimulantes y evocadores que servidor ha escuchado este año en los dominios del beatmaking futurista.

Y es que “Chinoiseries” no es un simple parcheado de notas de dam noi y ritmos. La fusión de universos que propone Onra es sustanciosa, absorbente. Instrumentos de cuerda y flautas ancestrales colisionan con ritmos pesados de dubstep industrial – “Fight Or Die”–. Canciones ritualísticas y coros vietnamitas ondulan sobre cajas de funk líquido – “Hide And Seek”–. Hay beats cosecha del 93 con breaks oscurísimos y despuntes vocales con denominación de origen Saigón –brutal “Raw Shit”–. Preciosas baladas en las que sintetizadores alienígenas y melodías exóticas se funden en una realidad paralela – “In My Mind”–. Artes marciales y wonky – “Warrior’s Pride”–. Es inevitable dejarse embriagar por esta magia, pensar en las evocaciones de Marguerite Duras o vislumbrar en tu mente la jungla de Laos durante la puesta de sol en el 2050. Un collage apasionante, cargado de mística, perfumes asiáticos, esoterismo y soul digital. Los nuevos sonidos de la vieja indie-china.

Óscar Broc

Onra - No Matter What (Chinoiseries Pt. 2)

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