Childhood Is All We Have Childhood Is All We Have

Álbumes

Fernando Lagreca Fernando LagrecaChildhood Is All We Have

7 / 10

Tenemos mucha suerte de contar con una figura como Fernando Lagreca en nuestro país. En 2002 abandonó su Uruguay natal y trasladó su laboratorio sonoro hasta Barcelona, donde siguió ofreciendo su parecer sobre el ambient tal como hacía al otro lado del charco. Sin embargo, una vez se topó con una guitarra, allá por 2006, y nuestro alquimista sonoro se echó la manta en la cabeza y transmutó sus señas de identidad incorporando ese instrumento de seis cuerdas del que renegaba con anterioridad. Hace dos años, en “Cool Hunter” (Ginotonico Production, 2010), Lagreca ya dio un gran salto hacía las estructuras del pop. Pero ahora, con este “Childhood Is All We Have” que funciona como carta de presentación para Irregular, el artista se tira sin paracaídas en el asunto con un álbum que gira sobre dos pilares: el verano y la nostalgia de ese tiempo que siempre fue mejor.

Cuenta Lagreca que el punto de partida de estas nueve canciones surgió después de que recuperara un álbum de fotos de infancia y llegara a la conclusión de que no difería en exceso la estampa de la costa uruguaya de los paisajes sonoros californianos de los que presume Neon Indian. Tomando el engranaje del chillwave como matriz para recordar sus años mozos (una de las mejores granadas sonoras de estas características corresponde a “Silly Girl Meets Silly Boy”), Lagreca ha esculpido a través de casiotones, sintetizadores y cajas de ritmo un ficticio álbum de fotos musical de lo que para él es el verano idílico.

Ya sea cogiendo las riendas de la guitarra (por ejemplo en esa magnífica “Dreams And Go” en la que los instrumentos se van sumando a su antojo), tomando prestados los recursos del retro disco (en la pieza titular), dejándose querer por el synth pop analógico (la imprescindible “Driving Myself Alone”) o espolvoreando la IDM de frecuencias balearic ( “Instrospective Space”), Lagreca consigue transportarnos espiritualmente a una paradisíaca cala en la que la gente viste bañadores de los ochentas y las conversaciones giran entorno a ese VHS imposible de alquilar en el videoclub. Estos calores serían mucho menos llevables si no existieran artistas tan gozosos como él.

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