Chewed Corners Chewed Corners

Álbumes

µ-Ziq µ-ZiqChewed Corners

7.8 / 10

En sus seis primeros años de carrera, Mike Paradinas editó seis álbumes como m-Ziq y otros tantos bajo diferentes alias –Jake Slazenger, Mike & Rich, Gary Moscheles y en este plan–: básicamente, era una especie de fabulosa churrería de la electrónica hipercompleja en un permanente estado de inspiración, y todo lo que salía de su estudio casero cochambroso merecía acabar planchado en disco, y todavía hoy los aficionados al intelligent techno, IDM, braindance o como se le quiera llamar, le tenemos por poco menos que un dios: después de una lavadora a las once de la noche o el blu-ray de “Iron Man 2” a toda leche, no hay nada mejor que “The Sonic Fox” para molestar a los vecinos. En sus últimos seis años de carrera, sin embargo, el ritmo de producción de Paradinas se ha invertido completamente, como si el gráfico de su actividad pasara de pirámide a cucurucho, hasta alcanzar el rotundo número de cero lanzamientos entre 2007 y principios de este 2013. Y, de repente, parece como si el viejo m-Ziq torrencial, incontinente, diarreico de beats enrevesados y melodías para bebés vulcanianos hubiera reaparecido de golpe: de lo que lleva de enero a junio ya van dos temas sueltos listados en Discogs, una recopilación de inéditos de la era “Tango 'N Vectiff” “Somerset Avenue Tracks (1992-1995)”–, el álbum con su esposa (y Gravenhurst) bajo el alias Heterotic, el maxi “XTEP” y, ahora, lo que tanto deseábamos los cofrades de su culto, un nuevo álbum. Ha llovido mucho desde “Duntisbourne Abbots Soulmate Devastation Technique” (2007) e iba siendo la hora.

Los seis años de silencio se notan. Además, son un imperativo categórico con el que los fans de m-Ziq han tenido que convivir y aceptar: haciendo un símil futbolístico, el que fuera el jugador estrella de sellos como Rephlex o Hut Recordings –con un traspaso a Warp que no acabó de cuajar– es ahora el entrenador más brillante en muchos años de historia electrónica. La puesta en marcha y el levantamiento de Planet Mu ha sido una bendición, el nivel de calidad es extraordinario y el olfato de Paradinas para detectar corrientes y cerrar fichajes no se puede comparar con el de nadie. Así, a cambio de que ejerza como A&R y cada año se planchen una decena larga de discos valiosísimos –los de Kuedo o Boxcutter, por decir dos ejemplos que vienen rápido a la cabeza, y que están en la génesis de este del que hablamos ahora–, hay que sacrificar la esperanza de que encuentre tiempo suficiente para producir su propia música. Explica el propio Paradinas que “Chewed Corners” se hizo en los tiempos muertos (tiempos a solas, también) que le dejó la grabación del álbum de Heterotic junto a su esposa, Lara Rix-Martin. Todo apunta a que la entrada definitiva de Lara en su vida ha significado un descargo de responsabilidad que le ha aligerado del estrés de las cosas de la oficina y le ha permitido volver a las máquinas: Heterotic es un trabajo a medias (y más de Lara que suyo), mientras que la selección del material inédito de “Somerset Avenue Tracks” también recayó en ella. Y, de mientras, Mike volvía a ser m-Ziq y se ponía a hacer este “Chewed Corners” que –ahora sí, ya vamos al grano– presenta varias sorpresas interesantes.

En la evolución de m-Ziq hay dos patrones: en la primera etapa, que iría hasta “Royal Astronomy” (1999), él va al ritmo de los tiempos: en paralelo a Aphex, Vibert y Squarepusher le da forma a esa electrónica geométrica, poliédrica, que funciona simultáneamente en la rave y en la guardería, que abunda en ambient preciosista y melodías tontorronas, en ritmos burros y delicados arreglos armónicos. Curiosamente, “Royal Astronomy” –su disco más naíf– coincide con el despegue de Planet Mu y desde entonces su publicación de discos cae bajo mínimos, y además bajo la influencia de otros artistas que ya le empezaban a tomar la delantera: en “Bilious Paths” (2003) se percibía una fascinación por el entonces pujante breakcore (fuerte influencia de Shitmat, Venetian Snares y Hellfish & Producer), y en “Duntisbourne...”, un disco oscuro y agrio, daba vueltas alrededor de ideas cercanas al ambient disonante, como si fuera una grabación de Boards of Canada durante un aquelarre. “Chewed Corners” no es una excepción en esta tendencia a la permeabilidad de Paradinas: lo que sí cambia es la luz del disco y su estado de ánimo; resplandece más (después de una década en la oscuridad) y suena verdaderamente feliz por primera vez desde “Royal Astronomy”, como si en su habitación (donde debe tener todavía el equipo rancio y barato de siempre) se hubieran abierto las ventanas. De paso, han entrado nuevos aires. Al escuchar “Taikon”, el primer corte del álbum, se percibe una de las primeras señas de identidad de “Chewed Corners”: la influencia del footwork que se presuponía que iba a estar aquí presente es vía Kuedo –largos pasajes de sintetizador épico sobre coros sintéticos y un ritmo picado con rolling drums al final–, un patrón que se vuelve a repetir en “Christ Dust”: Paradinas busca sonar futurista desde una perspectiva retro, acudiendo a ciertas convenciones de las bandas sonoras (Vangelis, sobre todo) de la sci-fi de los años 80.

No hay que pasar por alto “Mountain Island Boner”: edificada alrededor de un arpegio de Tangerine Dream utilizado en la banda sonora de “Risky Business”, es quizá la evidencia más clara del tono y la intención de “Chewed Corners”: el intento de Mike por regresar a una época (en la que él era todavía un niño) donde la tecnología era el canal utilizado por la música para construir mundos de ensueño. Quizá no sea prudente buscarle tres pies al gato y hacer una lectura social de su nuevo disco –es más sencillo ver a un hombre feliz, recién casado, con un sello que sobrevive y con tiempo para, una vez más, dedicarse a su música y transmitir su momento dulce–, y sea como fuere el regreso a la inocencia en m-Ziq es una buena noticia. De principio a fin, este aire tangeriniano vía Kuedo (cuidadín con la nota de ‘keytar’ que se escapa hacia el final de “Wipe”; la colaboración soñada entre el Aphex Twin ambient y Jan Hammer), esa recuperación de los viejos tiempos juguetones ( “Monyth”, por no hablar de “Twangle Melkas”, son TAN “In Pine Effect”), incluso un inesperado número deep house ( “Houzz 10”; a m-Ziq no se le recuerda un tema tan Chicago como este), hablan de un disco que forzosamente no puede ser innovador, o no tanto como sonaba “Severant” a pesar de la ambientación retrofuturista, pero que suena coherente, oxigenado, iluminador y viajero, como un compendio de lo mejor de Paradinas ( “Ticky Flanks” y “Smooch”, por ejemplo, suenan a viejo material de Jake Slazenger, decoración lounge con beats traviesos) justo cuando nadie le esperaba de tan buen humor. Y es que el m-Ziq del buen rollo siempre fue mejor (salvo excepciones) que el m-Ziq enfurruñado y de malas pulgas.

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