Character Character

Álbumes

Julia Kent Julia KentCharacter

7.7 / 10

Los discos gestados y articulados alrededor del violonchelo son escasos, pero cuando aparecen acostumbran a ser absolutamente arrebatadores. Hay algo en este instrumento –el grosor de sus cuerdas, la curvatura del vientre de la caja de resonancia, características físicas necesarias para alcanzar ese sonido al borde de lo grave, de una tensión y un temblor especiales– que da pie a música hipnótica y maravillosa. De entre las chelistas actuales, la más original en su manera de tocar y grabar posiblemente sea la islandesa Hildur Gudnadóttir, por su modo de componer ambientes a medias entre su instrumento y la electrónica para dar una idea visual muy descriptiva de la tierra volcánica y los glaciares de su país, pero no por ello hay que desmerecer el trabajo de la canadiense (aunque afincada en Nueva York desde hace años) Julia Kent. A Kent le ha llevado más tiempo encontrar un camino propio y explorarlo hasta el final. En los años 90 fue componente de aquella banda ya olvidada –pero que pudo haber competido con Rachel’s en el intento de conciliar post-rock y música de cámara– llamada Rasputina, y en la década anterior fue una instrumentista esencial en Antony & The Johnsons, grupo que abandonó a la primera oportunidad que tuvo de trabajar por su cuenta.

“Delay” (2007) no tuvo apenas repercusión, era un bonito disco de tanteo. En cambio, “Green And Grey” (2011) ya le situó en el mapa como una de las figuras emergentes de esa escena de compositores autodidactas, con idéntico interés por el pop y la música contemporánea, que han revitalizado la composición clásica para una generación joven. Por la manera de tocar de Julia Kent, está claro que si por ella hubiera sido, no le hubiera hecho ascos a ocupar la plaza de chelista en un prestigioso cuarteto de cuerda de repertorio arriesgado, al estilo del Kronos. Su manera de tocar busca más la nota larga y profunda que el stacatto vigoroso, lo que indirectamente le acerca más al siglo XX que al barroco –aunque muchos de sus movimientos lentos, sobre todo en esta “Fall” que se sitúa en el mismo centro del álbum, parecen fijarse mucho en los largos y adagios de los conciertos de principios del siglo XVIII–. Esa prolongación de notas tiene que ver con la fascinación que ha desarrollado Kent por la idea de loop, por esas frases sin principio ni final que se podrían estar repitiendo durante una eternidad, como la llegada y partida de las olas en una playa. Cuando encuentra uno de esos ciclos encerrados en sí mismos y hace resonar el chelo con su particular tono lúgubre, Julia Kent alcanza bellas cimas emocionales. En “Character”, un álbum aún más evolucionado que “Green And Grey”, hay un puñado.

Pero no sólo la manera de tocar enriquece su tercer disco. Es también el cada vez más ambicioso uso de la tecnología lo que le da el aspecto definitivo a las nuevas composiciones, adornadas con ecos, grabaciones de campo, sonidos del viento gélido ( “Kingdom”) y diversas representaciones aurales de lo fantasmagórico, lo siniestro o lo parcialmente deprimente. En “Only Child” se da aires de elegía, aunque no todo el tono es así: “Intent” quiere sonar como una caja de música averiada al compás de un ritmo cojo, “Flicker” tiene un tremolo absolutamente cautivador y “Nina And Oscar” clava con exactitud el ambiente requerido para una película intimista, lo que le acerca a Michael Nyman. Pero hay un momento que sobresale en “Character” por su singularidad: “Transportation” en el remix de los krautrockers cósmicos Roll The Dice, que se aprovechan de un loop particularmente emotivo para enclavarlo entre ritmos secuenciados y sintetizadores al trote al estilo de Tangerine Dream, dando a entender, quizá, que el posible nuevo camino para Julia Kent debería ser el de aumentar y complicar la postproducción con capas electrónicas, intentando por el camino un tipo de expresión neo-barroca. Podría ser explosivo.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar