Chapter Two: Konstellation Neu Chapter Two: Konstellation Neu

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The British Expeditionary Force The British Expeditionary ForceChapter Two: Konstellation Neu

7.2 / 10

Su nombre puede sonar al de cualquier grupo de revival garage rock comisariado por Billy Childish, pero The British Expeditionary Force son una cosa muy distinta. Esto se hace más que obvio en el título de su nuevo álbum, “Chapter Two: Konstellation Neu” (y por el hecho de que es la segundo entrega de una trilogía conceptual), lo que sugiere influencias de krautrock progresivo más que de un punk desnudo y purista.

Si no recuerdas el anterior “Chapter One” probablemente sea porque se han tomado cinco año para darle continuidad –un plazo de tiempo considerablemente más largo que la esperanza de vida que tuvieron las British Expeditionary Forces de las que toman su nombre). El lapso de tiempo entre los dos discos es aún más sorprendente teniendo en cuenta que el primero fue construido laboriosamente vía email entre Justin Lockey (anteriormente en yourcodenameis: milo), su hermano James y el cantante Aid Burrows, mientras que “Chapter Two” ha sido creado en un estudio con todas las partes presentes, lo que obliga a pensar que el asunto se podría haber resuelto más rápido.

Cualquiera que sea la razón de su tardanza, lo importante es que “Chapter Two” ofrece una actualización satisfactoria y expansiva de su predecesor. La portada evoca la nave espacial de “2001: Una Odisea Del Espacio”, y flota una especie de idea de retrofuturismo a lo largo de todo el disco. La apertura, “Commotion”, es un buen punto de partida, con órganos minimalistas y armonías vocales preciosas a la manera de The Beta Band, en el que se nos explica con candor que “todos los tipos de conmoción / [son] como gotas en el océano”.

Con todo, el retrofuturismo es un asunto difícil con el que lidiar, porque depende increíblemente de lo que esté en boga en cada momento. Actualmente, este tipo de música –que hubiese sonado avanzada a finales de los 70s y principios de los 80s– es la que están haciendo Maria Minerva con su electro-pop de baja fidelidad, en la onda de Pyrolator, o Zombie Zombie, con sus reinterpretaciones de bandas sonoras de cine de terror clásico. El problema de The B.E.F. es que suenan más bien como lo que sonaba futurista a finales del siglo pasado. La fórmula de indie + beats que se reconoce en “Where You Go I Will Follow” y “Strange Aftertaste” es como visitar a UNKLE en el hospital y encontrárselos muchísimo más animados después de una larga terapia con antidepresivos, mientras que el acento nasal de Aid Burrows, propio del norte de Inglaterra, también da a entender que es difícil escuchar “Cogs And Chemicals” sin esperar a que Ian Brown tome la batuta y empiece a hablar de lo bonitos que son los delfines, como si lo primero que hubiese descubierto Charles Darwin en las Islas Galápagos hubiera sido un bosque de cannabis.

La sensación final es que mucha de la música aquí incluida suena extrañamente anticuada, pero esto no debería quitar méritos a lo que acaba por ser un álbum triunfantemente bien hecho. “End Music” (que, de hecho, aparece a mitad del álbum) consigue llamar la atención sobre las divagaciones multi-género de muchas bandas post-rock, como unos 65daysofstatic más estáticos o unos Subtle más sutiles. “Crack In The Clouds”, por otro lado, es una gozosa combinación de samples vocales, múltiples capas de sintetizador y erupciones electrónicas, con Burrows dando con el tono correcto gracias a su voz comedida.

Comedida tampoco es que sea la palabra clave para este disco. Tal como explica Burrows, “la táctica que usamos es ‘más’ método. Más sonidos, más capas, más gente. Más cara a cara, más ángulos, más canciones”. A veces es demasiado – “When All Of This Is Done” empieza francamente bien, pero se convierte en una cacofonía alterada–, pero hay veces en que tanta recarga resulta gratificantes, como en el coro desarrollado que despide “Strange Aftertaste”. “Sólo puedes culpar un trozo de paja cuando la espalda del camello se rompe”, razona la letra de la última, pero el camello aquí permanece rígido pese a tener la pica de la cocina cargada en su joroba.

La pieza titular, “Konstellation Neu”, es más minimalista y utiliza poco más que edits de piano y los chillidos distantes y extraños de una guitarra, para así crear algo similar a James Blake si éste no se tomase tan dolorosamente en serio. Y pese a que la pista final, “Irons In Fires”, suena muy compacta y apretada, “When The Levee Breaks” termina sonando suave, como olas lentas que ayudan que el crescendo final se desarrolle completamente orgánico.

Quizá esto se pueda achacar al cambio que han operado en el método de producción, del aislamiento y la comunicación vía email a la interacción física en grupo y en un lugar concreto. Cualquiera que sea la razón, definitivamente abre el apetito para el próximo lanzamiento. Esperemos que “Chapter Three” no tarde cinco años en escribirse…

Strange Aftertaste

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