Channel Pressure Channel Pressure

Álbumes

Ford & Lopatin Ford & LopatinChannel Pressure

6.8 / 10

Ford & Lopatin  Channel Pressure SOFTWARE-MEXICAN SUMMER

Pocas veces ha sucedido que una portada explique tan bien el contenido de un disco. Sólo con verla, te imaginas todo lo demás: un adolescente acaba de caer dormido en su habitación de geek, son las cuatro de la madrugada y todo su equipo electrónico –en el que se aprecia la combinación de alta tecnología y vintage: un boombox, la pantalla plana de televisión, sintes analógicos– está encendido, lo que confiere a la imagen una cierta aura de neón. La portada, que avisa de un contenido entre nostálgico y nerd a todos los niveles, aporta además una narrativa concreta: es el año 2082 y Joey Rogers, el muchacho tendido sobre la cama, está soñando con desconectarse de su realidad y regresar cien años en el tiempo y vivir en una época histórica idealizada: la del primer synth-pop, el origen de los videojuegos y películas donde los adolescentes en la ficción podían conseguir milagros y ser los amos del cotarro: “Risky Business”, “La Mujer De Rojo”, “Juegos De Guerra”. El contenido de “Channel Pressure”, por lo tanto, desarrolla toda esa fantasía en forma de breves piezas y es, no hace falta decirlo, una inmersión absoluta en una estética anticuada y una obsesión por la tecnología retro.

A Joel Ford y Daniel Lopatin ya los conocíamos. A finales de 2010, en el contexto del sello Hippos In Tanks, ya lanzaron un EP de cuatro cortes originales bajo el título “That We Can Play” y parapetados tras el alias Games. Han tenido que renunciar al nombre Games por motivos legales no aclarados y pasar a usar sus apellidos, y eso vuelve sus intenciones todavía más transparentes. Daniel Lopatin, el hombre detrás del proyecto Oneohtrix Point Never, lleva años a la cabeza del movimiento que intenta reactivar y reactualizar un tipo de música electrónica de textura analógica, fondo meditativo y efecto hipnótico en la que se embarca en una búsqueda del pasado como si fuera una cruzada: sintetizadores viejos, correos cósmicos alemanes, new age del ala dura (mezclada con noise) e hipnagogia. Pero esta aventura paralela de Ford & Lopatin sólo tiene que ver con OPN en el uso de medios –el punto de partida vintage en la instrumentación es innegociable– y en el rescate de una época, siendo “Channel Pressure” un estudio de composición inspirado en factores como el pop ultra-nítido de la seguda etapa de Scritti Politti y ABC –post-punk derivado en synth-pop–, el pop AOR americano al estilo de Chris De Burgh y diferentes teclistas que funcionaban entre el pop, la new age y el soundtrack kitsch como Jan Hammer, los Tangerine Dream de la etapa Hollywood y la factoría de smash-hits Hall & Oates.

La obsesión de Ford & Lopatin está en esa otra América aparentemente paradisiaca de principios de los 80: superados los tumbos que había dado la nación en los confusos 70 –crisis del petróleo, Watergate–, los 80 de la era Ronald Reagan fueron de crecimiento económico rampante y mejora drástica de las condiciones de vida de la clase media –o la edad dorada del electrodoméstico–. Por eso, todo el diseño sonoro es brillante y optimista, sin un solo instante de zozobra, desasosiego o recorte de medios. Si hubiera sido publicado en la época a la que se remite, “Channel Pressure” habría sido auténtico state-of-the-art: vuelan keytars y sintes luminosos, las voces suenan nítidas y aspiradas, y la producción es detallista –es la primera vez que Ford & Lopatin, gracias a su fichaje por Mexican Summer y la apertura de un subsello sólo para ellos, Software, saltan del estudio doméstico a un estudio profesional con músicos; uno de ellos, a la batería, es Paul Hammer, hijo de Jan Hammer–.

Pero hay un problema de fondo. Oneohtrix Point Never es un proyecto de atmósferas, y Lopatin es un experto en la creación de paisajes y botánica analógica de cientos de formas; su viaje onírico es creíble. Ford & Lopatin, en cambio, es en la misma medida un proyecto de ingeniería sonora y composición pop, y ni en lo primero como en lo segundo alcanza una excelencia admirable. El tipo de sonido es respetuoso con una era, está bien reproducido –con pinceladas de italodisco en “World Of Regret” y una orgía de synth-kitsch en “New Planet”, los dos mejores cortes dell álbum–, pero cuando llega el turno de las canciones, algo falla. “Emergency Room”, “Joey Rogers”, “Surrender” y la muy Stevie Wonder “Break Inside”, cantadas con una voz afectada y aguda, hubieran sonado extraordinariamente anodinas de no haber sido por el destellante vestuario de época con el que Ford & Lopatin les han acabado engalanando (y, si se les quita la voz aprovechando la existencia de un bonus disc instrumental, las piezas tienen un algo esquelético, como si les faltara algo).

Si hubiera ironía o despreocupada celebración –como, por ejemplo, la había en el “Discovery” de Daft Punk–, podríamos haberlo dejado pasar por alto. Pero en “Channel Pressure” no hay juegos; es un disco obsesivo, meticuloso, una cuestión personal de dos adictos al pasado que han volcado muchos recuerdos y sentimientos para recrear una infancia que nunca disfrutaron directamente y a la que, en una regresión, temporal, han querido volver. Y no, no es lo mismo vivir que soñar.

Robert Gras

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