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Álbumes

Tokyo Police Club Tokyo Police ClubChamp

6.5 / 10

Champ, Tokyo Police Club MEMPHIS INDUSTRIES

Fueron listos estos veinteañeros y aprovecharon la eclosión de la generación Myspace para sorprendernos con un EP que era un escupitajo en toda regla –denso y escurridizo, de esos que cuesta limpiar– contra los rostros de Julian Casablancas y sus Strokes. “A Lesson In Crime” llegó hace cuatro años y, desde entonces, los canadienses Tokyo Police Club se han colado en la letra pequeña de buena parte de los festivales de corte indie que pululan por medio mundo. Aquellas perlas rabiosas de poco más de dos minutos que nos presentaron cuando ni Dios los conocía, a caballo entre el desencanto emo y la agitación post punk, les han pasado factura. Es triste decirlo, pero consiguieron su cénit antes de lanzar un álbum con cara y ojos. Después de este masaje mediático a escala reducida, intentaron repetir la benevolente recepción que les deparó la prensa con su esperado primer largo, “Elephant Shell”. Sin embargo, el efecto sorpresa ya se había esfumado, como la credibilidad de tantas cientos de bandas que se ven obligadas a pirarse por la puerta de atrás cabizbajas cuando el público decide no reírles las gracias. Si no, que se lo digan a Bloc Party o a otros que le siguen echando un pulso al destino, como Maxïmo Park.

Tokyo Police Club vuelven a las andadas con “Champ” y lo más interesante del asunto, al menos para un morboso de los cadáveres musicales como es mi caso, es comprobar si estos jóvenes nos van a dar motivos para seguir defendiéndoles públicamente. En parte, lo consiguen. A un nivel superficial, los parámetros de los temas que encontramos en “Champ” no distan en exceso de los postulados de “Elephant Shell”. De todos modos, haciendo uso de un bisturí quirúrgico podremos escudriñar varias sorpresas. Por ejemplo, la duración de los temas: hasta ahora nos dejaban en muchas ocasiones con la miel en los labios, cortando por lo sano el arrebato gamberro, pero con “Favourite Food” –la canción más larga que han compuesto hasta el momento– han solventado el problema (evocando, de paso, un idílico verano de juventud). Aquí radica otro de los puntos remarcables del grupo: las letras de David Monks – frontman a la vez que bajista– son tan sinceras como la típica conversación que cualquiera de nosotros podría tener con sus amigos en un bar. Para muestra, “Breakneck Speed”, que pone sobre la mesa varios interrogantes sobre si la etapa teen mola o no realmente. Ese riff de abrasión controlada abre una nueva puerta y exhibe una incipiente madurez para el grupo, también en “End Of A Spark” y “Hands Reserved”. Eso sí: si quieren avanzar en ese terreo, todavía tendrán que perfeccionar la efectividad de sus medios tiempos. Nadie dijo que fuera fácil.

Otra punto a favor y una grata sorpresa es la inclusión de sintetizadores en “Bambi” –uno de los temas más pegadizos del lote–, “Not Sick” y el cierre con “Frankestein”. Sus conocidas señas de identidad siguen inalteradas – “Wait Up (Boots Of danger)”– y la guitarra de Josh Hook, por momentos, sigue brillando con toda su mala hostia en “Big Difference” –tema que habrá hecho las delicias de Los Campesinos!–. Pero más allá de estas referencias, Tokyo Police Club arrastran el lastre de no destacar –tal como se predijo en su día– por encima de sus competidores directos. Podemos encontrar bandas como esta a cascoporro, así que el hecho de que hayan facturado un álbum que se deja oír bien –en parte, dada su duración– no excluye que esperemos mucho más de ellos para su próxima entrega. Sergio del Amo

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