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Baths BathsCerulean

8.1 / 10

Baths Cerulean

ANTICON

Son tiempos de bovinos rollizos en materia de nuevo breakbeat angelino. Nadamos en una abundancia que, aunque gozosa y orgásmica para los headz ansiosos como yo, puede resultar algo cargante para los que observan el fenómeno desde fuera. Por eso, en estos momentos de sobrecarga, resulta más necesario que nunca sacar la lupa con ojo de halcón y examinar las copiosas viandas de hip hop futurista para seleccionar sólo el caviar más refinado, escaso y atípico. Sí, ya sabemos que ahí fuera hay una manada de furiosa de beatmakers que saben manejar como nadie la alquimia digital post- Dilla, pero ya hemos superado las fases iniciales del fenómeno y es hora de que se alcen los renovadores, los que son capaces de ir más allá de esta dimensión ya conocida en busca de los secretos más esquivos del multiverso. Will Wiesenfeld, alias Baths, es uno de los aventureros que han izado velas hacia nuevos horizontes y ha llegado a orillas exóticas y excitantes.

Construido sobre un armazón electrónico de polirritmias ensoñadoras, IDM de fogata y porro y hip hop dillaísta, “Cerulean” exhala una brisa melódica que acaricia la epidermis del oyente cual pluma de urogallo. Sin ánimos de caer en mariposadas sensibleras, el álbum destila ternura, magia y un delicioso jolgorio infantil. Te reblandece. Es especial por su particular acercamiento a la indietrónica y el pop, géneros que planean en su vertiente más evasiva por casi todos los cortes del LP –las guitarras crepusculares y el extraño falsete del estribillo de “Lovely Bloodflow” son pruebas contundentes–. Los sonidos son marcianos, pero están tratados con guante de seda; el latido es futurista e introvertido, pero tiene una chispa emocional que atrapa. En “Maximalist”, por ejemplo, se atiene más que nunca al libro de estilo Los Ángeles, pero incluso en esta sopa de samples y breaks rabiosamente hip hop, consigue fotografiarnos el aura con delicadeza: es uno de los temazos del disco.

Resulta inevitable hablar de Boards Of Canada o Panda Bear. La huella es visible y es omnipresente. De todos modos, la asimilación de sonido canadesco no se trata de una simple mimetización trasladada al conexto “nuevo beat”, más bien consiste en llevar los destellos oníricos del dúo británico a un nuevo nivel melódico, dándole una silueta personalizada a tan poderosa influencia e incluyéndola en un contexto poptrónico marcado por un falsete marciano que puebla el grueso del disco. De ahí también la indicación hacia Panda Bear, por el puzzle de microsonidos y la psicodelia enternecedora que cubre muchas canciones. La fórmula sabe a ambrosía en cortes como “Hall” –el mejor tema del álbum, sin duda–, con un nivel de perfección formal y melódica apabullante. “Indoorsy” responde a una psicodelia muy parecida, pero acaso más pop y con una presencia vocal más marcada. “You’re My Excuse To Travel” es una locura de funk-pop futurista que te embriaga, te vuelve loco, te alegra el puto día.

De todos modos, cuando la modulación de la voz pierde el toque Prince pasado de ácido y el contexto se vuelve más emo, la erección se derrumba y se imponen los antidepresivos – “Rain Smell” o “Departure”, los momentos más emoambientales, no son nada recomendables para días tristes–. “Cerulean” es un disco muy serio; es una demostración casi perfecta (y futurista) de talento compositivo y intuición melódica. Despierta la fascinación infantil del oyente creando mundos de fantasía como “Apologetic Shoulder Blades” –parece una banda sonora de Walt Dinsey compuesta por una raza alienígena–, o “Aminals”, con coro de niños y sonido dillaísta del buen rollo. La verdad es que me ha cogido desprevenido, ha ido creciendo dentro de mí a medida que he repetido las escuchas. Y es que hay cosas en este disco que te dejan con cara de pasmo. Mi eastern egg favorito es “Plea”, una proeza que suena como si The Stone Roses y Flying Lotus hubieran grabado juntos, una rúbrica magistral para uno de los grandes discos de Anticon de este 2010. La Costa Oeste vuelve a golpear. Los Ángeles… Ahhhhhh: siempre Los Ángeles.

Óscar Broc

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