A Certain Distance A Certain Distance

Álbumes

Lusine LusineA Certain Distance

6.8 / 10

Lusine  A Certain Distance GHOSTLY INTERNACIONAL

Si hiciéramos una estadística exhaustiva (e imposible, por inabarcable), encontraríamos que en el 87% de reseñas sobre música electrónica se menciona, de alguna forma u otra, la palabra “puzzle”. En el presente texto se va a evocar tantas veces ese término que es posible que el ratio aumente a 88%. Y es que “A Certain Distance” contiene múltiples piezas que acaban atesorando su mayor encanto en el hecho de que, en ocasiones, no acaban de encajar. Y no por dejadez, porque Jeff McIlwain, el nombre propio que se esconde a cierta distancia detrás del nombre artístico Lusine, ha probado sobradamente su eléctrica visión publicando un trabajo cada dos años (aproximadamente) desde 1999. Lo deslavazado de este puzzle se justifica a través de la intencionalidad pura y dura del work in progress: con su nuevo trabajo, McIlwan empieza una huida desde el ambient abstacto de sus anteriores trabajos hacia nuevos paraísos de pop electrificado. Es una huida en barca de remo y a cámara lenta, con los colores sublimados de un melodrama de Douglas Sirk. Pero es una huída que no llega a su destino final con la última canción del álbum… por suerte para todos. ¿O acaso no es habitual disfrutar los viajes y aburrirnos en los destinos? Que se lo digan a los de Pekín Express.

El principal logro de Lusine es hacer que encajen piezas que, cuando te lo paras a pensar, no es extraño que convivan en un mismo puzzle. En “A Certain Distance” hay mucho de Boards of Canada haciendo remixes-bajón de Styrofoam, e incluso de Four Tet deconstruyendo los grandes éxitos de The Go Find. Sintetizando: Warp meets Morr. Si nos ponemos más hardcore, sin embargo, es inevitable pensar en los Orbital de “ Funny Break” despedazados por los beats groovies y trotones de Matthew Dear; o en Autechre cometiendo el guilty pleasure de producir el nuevo trabajo de The Postal Service a base de glitches y quiebros espaciales. E incluso podríamos entregarnos a sueños lúbricos en los que Apparat aporta lubricidad pop a los engranajes fríos y metálicos de Ellen Allien. Espera, que eso ya existe… Sea como sea, por ahí van los tiros referenciales.

Otra historia muy diferente es la que atañe a las piezas habituales (es decir: música y voz), mucho más fáciles de encajar. Aun así, en “A Certain Distance” la pieza que representa la música tiene un tamaño cuatro veces mayor que el de la ficha de las voces: se nota un trabajo minucioso de ingeniería sonora, de tal forma que McIlwan recurre a las vocalistas (Vilja Larjosto y Caitlin Sherman) en contadas ocasionas. Escasos son los temas en los que la voz juegue un papel fundamental (“ Two Dots”, “ Twilight”), e incluso hay momentos (“ Gravity”, “ Crowded Room”) en los que la aportación vocal se reduce a vocoders que, forzando su paso a través de diversos filtros, desgranan versos ininteligibles. De nuevo, el artista sabe lo que se hace: al tumbar la expresividad de la palabra, se potencia la cualidad sonora y musical del fraseado, consiguiendo la misma cualidad cálida y brumosa que, en otras canciones (“ Operation Costs”, “ Every Disguise”), se obtiene destilando diferentes alcoholes digitales.

Y es que, al fin y al cabo, los once temas que componen “A Certain Distance” son piezas de un puzzle con vacíos y fichas que siguen buscando a su compañera; pero eso no impide que acaben configurando un paisaje sonoro (otro de los conceptos must de las reseñas de música electrónica) evocador, brumoso, sensual, a medio camino entre el impresionismo sensual de Renoir y las arquitecturas imposibles de Escher. Queda claro que todavía se hace necesario cierto trabajo pendiente para que Lusine llegue al nivel de sus referentes y, sobre todo, para que las piezas de este puzzle acaben de encajar del todo con homogeneidad, sin sonar a una exploración que en cada tema abre una brecha en el bosque hacia un punto cardinal diferente. Pese a esto, hay que recordar que, tal y como se ha dicho con anterioridad, “A Certain Distance” supone un work in progress: cuando el invento de Lusine llegue a la cadena de producción como un producto acabado y coherente, no hay duda de que podrá lucir bien claro en la caja la palabra “puzzle”. E incluso la expresión “paisaje sonoro”. Hasta entonces, a disfrutar con Lusine Express, que no está nada mal.

Raül de Tena

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