Ceremonials Ceremonials

Álbumes

Florence + The Machine Florence + The MachineCeremonials

7.6 / 10

UNIVERSAL / ISLAND

Hace apenas dos años, el nombre de Florence Welch brilló junto al de Kate Bush y todas aquellas damas que se han esforzado por emplear el histrionismo vocal en respuesta a la catarsis amorosa. La británica, acompañada de su maquinaria de instrumentistas, nos llevó con “Lungs” por frondosos bosques élficos en los que el arpa se materializaba como su verdadero animal de compañía. Por aquel entonces, Florence aprobó con nota calando hondo entre la gente, casi a nivel generacional, especialmente entre esos púberes que lucían fotos de Taylor Lautner en su carpeta. Pero lejos de conformarse con los frutos de su debut, la pelirroja tiene ahora en mente un plan de dominación mundial que debería llevarle al trono de las divas de ropajes vaporosos, aquellas capaces de agradar tanto a la abuela que toma la sopa con pajita como al atormentado adolescente que lucha por sobrellevar el acné con dignidad.

“Ceremonials”, como su nombre bien indica, es un álbum que nos invita a diversas liturgias presididas por himnos eclesiásticos (la ya conocida “Shake It Out”), coros gospel a imagen y semejanza de aquellos en los que Aretha Franklin fraguó su leyenda (como sucede en “Lover To Lover”, que parece tomar su inspiración melódica del “I Heard It Through The Gravepine” de Marvin Gaye) y explosiones rítmicas tribales que acercan a Florence a la figura del chamán Rafiki ( “Heartlines”). Ya no hay ningún “Kiss With A Fist” (oséase, ninguna licencia rockera) que desentone. Paul Epworth repite en las labores de producción y ha ensanchado las señas de identidad ya conocidas de la banda, agrandando su sección rítmica y dándole un mayor protagonismo a los coros como si tuviera un producto soul entre sus manos. Y, al mismo tiempo, en temas como “Seven Devils” (que hay que interpretar como una reinvención de aquel “Heavy In Your Arms” que formaba parte de la banda sonora de de la tercera película de la saga “Crepúsculo”) o ese bonus track sintético titulado “Remain Nameless”, no ha dudado en oscurecer más que nunca su discurso. Haya calma, Florence sólo luce la verruga de bruja en contadas ocasiones.

Pese a todo, hay un pero que no puede pasarse por alto: tanto detallismo, tanto agudo ensordecedor y tanto barroquismo en su forma de ser puede hacer el disco algo denso a las primeras escuchas (sobre todo, en el tramo posterior a ese “No Light, No Light” que todo hace apuntar a que será el próximo single). Superado el síndrome de Stendhal, cuando el disco se digiere y las percusiones dejan de dominarlo todo, lo que quedan son canciones que poco tienen que envidiar a anteriores himnos como “Cosmic Love”, “Hurricane Drunk” o “Dog Days Are Over”. El piano heredero de ABBA que inicia la contenida “Breaking Down”, el estribillo inmediato de “Spectrum” o “Strangeness And Charms”, rescatada de las sesiones de “Lungs” expresamente para la edición especial del largo, dan fe de ello. El pop (de amable coartada gótica) necesita a féminas como Florence que acerquen el horror vacui al espectro mainstream. Y más, cuando todo está cocinado no sólo para triunfar, sino para llevarnos a la mayor de las obsesiones.

Sergio del Amo

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