Centralia Centralia

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Mountains MountainsCentralia

7.7 / 10

En su quinto álbum, o séptimo si contamos como tales dos lanzamientos limitados, escuetos y aún así maravillosos publicados sólo en vinilo ( “Mountains Mountains Mountains” y “Etching”), Mountains ya tienen decidido definitivamente cuál debe ser su viaje final: con destino hacia la lejanía. Desde su debut en 2005, Brendon Anderegg y Koen Holtkamp han estado luchando por mantener un equilibrio entre una música ‘terrestre’ –con su punto de partida en el folk, notas de guitarra expandidas y samples de naturaleza, como el fluir de los ríos o el crujir del suelo– y una intención escapista, lógicamente hacia el espacio exterior. Las cosas estuvieron más o menos así hasta “Choral” (2009), el último de sus títulos ‘geológicos’ y el más logrado de todos, pero a partir de “Air Museum” (2011) el sonido se fue tornando más cósmico, progresivamente más etéreo, y nada de eso parece haber cambiado en este “Centralia” que parece igual a lo de siempre, pero que en realidad no lo es. Parece igual por momentos como “Identical Ship”, que tienen más de Jim O'Rourke que de Emeralds, pero si analizamos a fondo la estructura (y sobre todo la textura) de “Circular C”, por no hablar ya del título, percibiremos que los drones de guitarra, aunque suenen en primer plano, no son más que el cimiento para que, por debajo, unos arpegios electrónicos vayan diseñando una sensación de espacio infinito. Todavía no son unos Mountains perdidos en vastedades insondables, hay anclas que les retienen a algunos metros del suelo –como “Tilt”, un momento de folk minimalista al viejo estilo del clásico avantgarde John Fahey–, pero cuando llega el momento decisivo de “Centralia”, los 20 minutos durante los cuales se extiende “Propeller”, queda plenamente reflejado que todo lo demás han sido artimañas de distracción, de resistencias ante lo inevitable.

“Propeller” delimita un espacio conocido y una estética afín a la de “Sunday 7.25.04 Live At Tonic”, aquella pieza también larga que cerraba “Mountains” (2005) –y que recuerda mucho, por ejemplo, a los momentos más placenteros de Fennesz–, y sin embargo se pierden esos matices a sonido de campo y mar, que se van transformando poco a poco en notas de una escueta sinfonía cósmica manchada con una nota creciente, ruidosa, que culmina en una explosión de supernova y da paso a “Liana” y “Living Lens”, sendas tiranteces entre la calma y el ruido que se producen, ya por fin, en un paisaje que suena claramente extraterrestre. En la trayectoria global de Mountains, que se extiende ya a lo largo de ocho años, “Centralia” no es un disco de ruptura ni tampoco de rotunda continuidad. Técnicamente, todos los títulos del dúo han sido un paso adelante a partir de un sonido definido, pasos discretos y lentos que, uno a uno, no daban la impresión de estar logrando un desplazamiento largo. Es cuando se observa como una totalidad, como una narración por capítulos, cuando se comprende que del origen a) al extremo b), el camino de Mountains no ha sido un paseo por el barrio (Brooklyn, quiero decir), sino un largo salto hacia distancias muy lejanas. Y siempre, absolutamente siempre, majestuosas.

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