Centipede Hz Centipede Hz Top

Álbumes

Animal Collective Animal CollectiveCentipede Hz

8.6 / 10

La capital importancia de Animal Collective en el panorama musical de la última década se define, sobre todo, por un dato que tiende a olvidarse. Ellos no se subieron al carro del revival psicodélico porque estuviera de moda, sino al revés: fueron quienes lo pusieron en boga. Por descontado que dicho mérito es incompatible con el de ser admirado por todo el mundo, y eso, la controversia, hace que su propuesta resulte aún más estimulante de lo pactado. Llámenles lo que quieran, comulguen si quieren o pasen, griten, retuérzanse, pero nunca me los tachen de aburridos porque corren el riesgo de ser procesados por perjurio. Tras el pico que significó “Merriweather Post Pavilion” (2009), podría esperarse que mermasen las encendidas discusiones que los de Baltimore siempre suscitan, pero nada más lejos de la realidad porque, a grandes rasgos, “Centipede Hz”, es un disco que pone las cosas más difíciles todavía. Un trabajo menos dreamy que su predecesor, más sesudo, en el que cuesta más entrar y no tanto salir. Un trabajo menos sorprendente que los anteriores, no tanto ‘nueva vuelta de tuerca’ como trabajo, en cierto sentido, regresivo.

Superar los retos que se autoimponen y retarse a conseguir un sonido propio para cada lanzamiento es lo que han venido haciendo desde sus orígenes. Y lo único que parece ponerles cachondos. Comenzaron a concretizarlo en gran altura compositiva a partir del asilvestrado “Sung Tongs” (2004) y de las nebulosas de “Feels” (2005), sublimándolo después en el violento “Strawberry Jam” (2007) y en el arco iris dibujado por “Merriweather”, dos discos de los que “Centipede Hz” parece una psicótica colisión. De nuevo, aquí han evitado hacer un álbum similar a los demás aunque sí se reconozca un ansía algo exagerada por recuperar estímulos antiguos y trucos similares a algunos que sangraban de maravilla en “Merriweather”, sobre todo por lo que se refiere a la secuenciación del tracklist. El escollo a salvar era superar el pórtico del disco anterior, aunque bien mirado esto ni siquiera se antojase necesario: la magia de aquel trabajo sigue brillando tan fresca que podríamos decir que ni nos hacía falta un sucesor todavía. Y aquí llega lo bueno, pues precisamente lo que nunca se siente ante este noveno largo del colectivo animal es que sea una obra forzada. Suena natural y lógico, como si se les hubiese escapado de la cabeza sin haber podido cortar la hemorragia.

Volver a tocar los cuatro juntos parece haberles despertado una excitación digna de una bacanal. Ellos dicen haber grabado su disco de garage roots, en forma de jams cósmicas, enfocándolo al directo y testando casi todos sus temas en vivo, y se constata enseguida que, más que la emotividad, lo que prima, en efecto, es la búsqueda del impacto físico. “Centipede Hz” concentra la mayor cantidad de energía posible en cada tramo, siempre encantado por la varita mágica del particular George Martin del grupo, un Ben Allen que vuelve a convertir el repertorio en un fecundo campo de sorpresas. A Avey Tare le encontramos esparciendo aquí y allá el polvo mágico con que esculpiera su fabuloso “Down There”. A Panda Bear sentado de nuevo a la batería como si fuera una locomotora –obsesionado, dicen, con las baquetas de Stewart Copeland–, y retomando los presupuestos más frontales de su excelente “Tomboy” en cosas como “New Town Burnout” (que recuerda a “Afterburner” hasta en el título). Deakin se reincorpora más lanzado que nunca como bien demuestra “Wide Eyed” y, echándole un pulso a Geologist, ambos se desviven por reciclar samples y secuenciadores que ya habían usado anteriormente para moldear una pangea sónica en la que se pasa de prestar una cuidadosa atención a lo latino (impresionantes “Today’s Supernatural” y esa especie de calipso distorsionado que es “Father Time”) a homenajear a los Beach Boys y White Noise en “Rosie Oh”.

Hay dos conceptos clave a destacar. Por un lado el de la repetición, sobrevolando el disco ya desde el título: el ciempiés como artrópodo de miembros multiplicados y el hertzio como representación del ciclo por segundo. El efecto de irrealidad provocado por la repetición se refleja también en la radio como concepto o, mejor dicho, en la manera en que ellos utilizan las memorias de lo escuchado en la radio como si se tratase de un faro guía. Desde Domino se apunta que confabulan sobre cómo sonarían diversas transmisiones y frecuencias que quedasen perdidas en las ondas, y así se entiende mejor la decisión de haberlo lanzado a través de una emisión de radio online –desde la que actualmente, por cierto, están animando a la gente a crear sus propios programas–, una estrategia de promo que confiere al álbum su carácter de emisor(a), nunca de receptor, de disco que vomita nuevos conceptos tras regurgitar otros y no tanto de propuesta que centrifuga presupuestos ajenos, como vendría a ser el caso de la otra gran retransmisión radiofónica de la temporada, el ‘canal naranja’ de Frank Ocean.

Apartándonos de la vertiente sonora y una vez entendido que la cima en ese sentido la alcanzaron con “Merriweather”, señalaremos que la otra gran baza del álbum es cómo ayuda a clarificar la surreal poesía del grupo. Si temas como “My Girls” o “Summertime Clothes” ya lo apuntaban con letras ‘transparentes’ sobre los placeres de lo cotidiano, “Centipede Hz” profundiza aún más en la nostalgia y en la familia como principales obsesiones del grupo. Lo hace desde los primeros minutos, con las memorias de un viaje en coche durante la infancia ( “Moonjock”) y la descripción de lo que es ser un outsider ( “Today’s Supernatural”) situando en primer plano el corpus conceptual: el sentimiento de extrañeza al regresar al lugar de donde marchaste o la incapacidad de reconocer el propio origen. Son ideas que más adelante acaban diluidas en letras como las de “New Town Burnout” (donde se afrontan los miedos de volver a casa... ¿tras las giras?), “Father Time” ( “a long time ago” como grito primario), “Rosie Oh” ( “As I left my home I cried and a substituted figure tried to reconcile the things I’d left behind”) o “Mercury Man”, en cuya letra convierten al hertzio en kilómetro como unidad métrica para ilustrar lo lejos que están, sónica y espiritualmente, de todo y de todos. Rehenes absolutos de esa ladrona llamada música, puede que esta vez no te roben el corazón pero no dudes ni un instante que volverán a secuestrar tu cerebro.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar